Claqué sin zapatos de tacón

Francisco Román Alarcón Suárez nació el 21 de abril de 1992 en Benalmádena (Málaga), concretamente en un pequeño pueblo costero llamado Arroyo de la Miel. Sus primeros pasos en el universo futbolístico fueron los de un chico normal, apuntándose al equipo de su barrio y divirtiéndose con sus amigos. Como ocurre con toda persona que cuenta con un nombre compuesto, pronto su entorno empezó a utilizar un diminutivo para referirse a él. ‘Isco’. Era un chico tímido, sin demasiado afán de protagonismo, incluso algo acomplejado. Su corta estatura y el pequeño tamaño de sus piernas llegaron incluso a presentarse como impedimentos en el desarrollo de su carrera deportiva. Pero eso no le importó.

Cuando todavía no era más que un cadete, el Valencia Club de Fútbol llamó a su puerta. Isco tuvo que hacer las maletas a la corta edad de catorce años hacia la ciudad del Turia, dejando atrás su hogar y oteando, en un horizonte algo lejano, la posibilidad de extraer rédito de esta aventura. Sus condiciones no eran las mejores para el fútbol que se estaba gestando en la liga española. Su escasa velocidad y reducida fuerza física lo convertían en un blanco fácil para los defensores más potentes y aguerridos. Pero en sus botas había algo especial. Había chispa. Y en su mente, fijación. Una cosa que Isco pronto aprendió es que los límites se vuelven ambiguos contando con tan poderosos aliados.

Isco conduce un balón durante su estancia en el Valencia (Foto: Eurosport).

Isco conduce un balón durante su estancia en el Valencia (Foto: Eurosport).

Tras tres años triunfando en las categorías inferiores valencianistas, en 2009 le llegó la oportunidad de debutar con el filial del equipo. La temporada de su consagración no sería otra que la 2010/11, en la que colaboró de forma clave, formando una sociedad letal junto a Paco Alcácer, en el ascenso del Valencia Mestalla a la Segunda División ‘B’. Además, ese mismo año llegaría su primera oportunidad con el primer equipo ché. Su debut con el equipo, por aquel entonces, dirigido por Unai Emery se produjo el 11 de noviembre del 2010 en un encuentro de la Copa del Rey ante la U.D. Logroñés. Aquella noche, Isco anotó dos goles, haciendo las delicias de una afición que veía en su figura la encarnación de una reestructuración necesaria.

Pese a todo, la historia de amor entre Isco y el Valencia C.F. no pudo tener el final feliz que todos habrían deseado. El futbolista declaró que en el seno de la entidad no se contaba con él, mientras Emery afirmaba que todavía estaba verde para dar el salto definitivo al primer equipo. La situación se descontroló y en el verano de 2011, Isco Alarcón recogía sus maletas y se volvía a casa. El Málaga, equipo en proceso de despegue tras ser adquirido por un jeque, lo incorporaba como su apuesta de futuro entre estrellas como Ruud Van Nistelrooy, Santi Cazorla o Joaquín.

Pese a la experimentada y potente plantilla de la que disponía Manuel Pellegrini en el Málaga, Isco no se amedrentó. Su rendimiento superó con contundencia las expectativas, demostrando que su talento no era algo pasajero ni circunstancial. Después de que su equipo terminase la liga en la cuarta posición de la tabla, aquel menudo joven de apenas 20 años podría disputar, por primera vez en su carrera, la UEFA Champions League. Su segundo año en Málaga fue revolucionario. Ya asentado como líder indiscutible del equipo tras la salida de Cazorla camino a Londres, su rendimiento se disparó, brillando sobremanera en liga y competiciones europeas. Además, al término de la temporada, se erigió alma de la selección sub-21 que se proclamaría campeona de Europa en Israel.

Ya brilla vestido de rojo (Foto: S.E. Fútbol).

Ya brilla vestido de rojo (Foto: S.E. Fútbol).

Isco era una estrella emergente y los grandes clubes llevaban ya tiempo interesándose por él. Volver a casa le había sentado bien. Su fútbol destilaba clase, brillo e incluso magia. El Fútbol Club Barcelona fue el primero en mostrar interés, pero finalmente se descartó la incorporación del mediapunta de Benalmádena. Así, finalmente Isco recalaría en las filas del nuevo Real Madrid de Carlo Ancelotti. El futbolista malagueño llegaba al club blanco junto a Asier Illarramendi, ambos conscientes del riesgo que este avance brusco comportaba. En una plantilla plagada de estrellas mundiales como Cristiano Ronaldo, Gareth Bale, Ángel di María, Xabi Alonso o Luka Modric, las oportunidades serían pocas y aprovecharlas un imperativo.

Pese a una cierta irregularidad, la primera temporada de Isco en el conjunto blanco fue convincente. En los 32 encuentros que disputó, anotó ocho goles, convirtiendo incluso tres tantos en la Champions League que terminaría en las vitrinas madridistas. Su papel fue, en cierto modo, algo secundario, pero en todo momento constituyó un valor esencial para la rotación de Carlo Ancelotti. Un futbolista diferente, dispuesto a aportar magia y dinamismo al juego. Tras el Mundial de Brasil, futbolistas de inmenso talento como James Rodríguez o Toni Kroos aterrizaban en Barajas dispuestos a ser imprescindibles para el entrenador italiano. Mientras, Ángel di María y Xabi Alonso abandonaban el club. El papel de Isco se presumía que sería el mismo de la temporada previa. Pero en el medio de la tempestad nunca es bueno dejar de avanzar.

Isco celebra un gol con la camiseta del Real Madrid (Foto: Los Narradores Deportivos).

Isco celebra un gol con la camiseta del Real Madrid (Foto: Los Narradores Deportivos).

En los primeros tres meses de competición de esta temporada 2014/15, Isco Alarcón se ha convertido en una de las principales referencias ofensivas del Real Madrid. Un surtidor de balones excepcional para evitar que la pólvora de sus atacantes se moje. Un jugador diferente, con pausa, inteligencia y una lectura preclara del juego ofensivo de Ancelotti. Junto a su éxito vestido de blanco ha llegado su irrupción apabullante en la selección absoluta. Con el ridículo ofrecido en Brasil y el adiós de muchos de los emblemas que brindaron a España el primer Mundial de su historia en Sudáfrica, la regeneración era necesaria. E Isco ha decidido encabezarla.

Ante Bielorrusia, este menudo mediapunta de piernas cortas y expectativas altas maravilló al público, ofreciendo un espectáculo de recursos y variantes técnicas difícilmente imitable. Con la consolidación de su forma física, Isco ha dado un sincero paso adelante, demostrando que, pese a todos los obstáculos, no ha llegado a la cima para conformarse. Quiere brillar y no descansará hasta lograrlo. Y es que las estrellas más cegadoras son aquellas que nunca cesan en su afán de crecimiento.