Treinta años para el mismo sueño inalcanzable

El pasado domingo a las ocho de la tarde, como cerca de un millón y medio de personas en nuestro país, me acomodé delante del televisor para ver un partido histórico. Tras pasarme por Teledeporte (ese canal tan necesario para el deporte minoritario) finalicé mi recorrido en La 1 para ver como las chicas del baloncesto femenino luchaban por un hito: conseguir derrotar a Estados Unidos. La resistencia de las chicas de Lucas Mondelo duró un cuarto, lo que tardaron las americanas en demostrar que siguen años luz por encima de las nuestras. El partido fue extraño, un querer y no poder ante un gigante que parecía (y todavía es) inalcanzable.

Las pioneras de plata - ©Diario Sport

Las pioneras de plata – ©Diario Sport

Entonces, al final del tercer cuarto sucedió algo que me hizo reflexionar, mi padre se levantó del sofá y exclamó: “bah, esto es como Los Ángeles 84”. Esa misma noche, repasé el vídeo de los Corbalán, Epi o Fernando Martín y la verdad es que mi padre tiene mucha razón. Ellos fueron unos pioneros, y Laia Palau, Alba Torrens o Sancho Lyttle también lo serán. Treinta años separan los dos acontecimientos, quizás los treinta años que ha necesitado este país para entender que el deporte femenino también tiene derecho a superar todas las barreras.

El partido del domingo fue un ‘deja vu’ con la final masculina de Los Ángeles 84. Son treinta años de lucha para que el deporte femenino llegue al mismo punto que el masculino

La plata de Turquía es un nuevo éxito del deporte femenino, que completará un ciclo olímpico impecable desde Londres hasta Río. Todos los éxitos deportivos del pasado verano han sido obra de mujeres y poco a poco parece que va llegando su reconocimiento. Algunos diarios deportivos nos han sorprendido gratamente en los últimos meses con sus portadas, sus titulares y sus reportajes. El camino no ha sido fácil, pero poco a poco aparecen síntomas que invitan a la esperanza. Quizás, el fútbol sea el deporte en el que más se ha sufrido para conseguir ese reconocimiento, pero tras la clasificación para el próximo Mundial de Canadá quizás comiencen a cambiar las cosas.

Éxitos en el deporte, pero también son necesarios los éxitos en los despachos. Hoy en día, solo tres de las sesenta y seis federaciones nacionales están presididas por mujeres (petanca, deportes de hielo y salvamento y socorrismo), algo que intenta cambiar un plan del Consejo Superior de Deportes desde este mes de septiembre. Ahora, para conseguir las subvenciones, tendrá que haber tres mujeres o un 33% de representación femenina en la junta directiva de la federación. También, esta ley comprende ayudas para la maternidad a las deportistas. Pequeños gestos que cambiarán progresivamente el panorama de algunas federaciones, donde las dietas para los hombres siguen siendo superiores a las de las mujeres.

Los éxitos han llegado en las competiciones, pero los siguientes deben conseguirse en los despachos. El deporte femenino necesita más representación y más ayudas

Treinta años han pasado desde 1984. Treinta años donde Epi, Corbalán o Fernando Martín se han transformado en los Gasol, Ricky o Navarro; jugadores que ya pueden mirar cara a cara a los americanos y acercarse al sueño de poder derrotarlos. No serán Laura Nicholls, Laia Palau o Sancho Lyttle las elegidas para tumbar al ‘dream team’ americano, pero sí que serán las que sonrían orgullosas cuando dentro de unos años las niñas que hoy sueñan con jugar al baloncesto puedan tutear a las americanas. Y quizás para ello no haya que esperar tanto tiempo, ya que este verano, una chiquilla llamada Ángela Salvadores le endosó 40 puntos a las americanas y a punto estuvo de conseguir junto con todas sus compañeras un Mundial Sub-17 increíble para el baloncesto femenino. El camino está trazado y después de mucho tiempo se atisba la luz para el deporte femenino. Ahora es responsabilidad de todos conseguir que nunca se apague.