Francia vestida de azul celeste

La Costa Azul de la nación francesa ha acogido, desde su fundación en 1899, a uno de los clubes con más historia y semblante del fútbol galo: el Olympique de Marseille. Con 115 años de existencia a sus espaldas, Les Olympiens se caracterizan por ser el único equipo de su país en haberse alzado con el trofeo que acredita al vencedor de la Liga de Campeones. Además, el conjunto marsellés es el más laureado en lo referido a las competiciones propias del país vecino. Diez campeonatos de liga, otros tantos triunfos coperos y tres victorias en la Copa de la Liga suman en total 23 títulos nacionales, superando así al Saint-Étienne, con 17, y el Paris Saint-Germain, que cuenta con 16.

Pese a ello, las últimas dos décadas de su historia no han sido sencillas. Tras vencer en la Liga de Campeones de 1993 ante el, por aquel entonces, mejor equipo del planeta (el A.C. Milan de Fabio Capello), contando con estrellas del calibre de Abedi Pelé, Didier Deschamps o Rudi Völler, su particular infierno comenzó. El equipo se vio envuelto, ese mismo verano, en un escándalo de amaños de partidos que acabaría por arrebatarle el título de campeón liguero de la temporada 1992-93 y enviarlo a la Segunda División francesa. Tras dos años en los cuales el club llegó a encontrarse al borde del precipicio de la desaparición, finalmente el astro más brillante del cielo francés lograba volver a la Ligue 1.

Deschamps levantó en el 93 la única Liga de Campeones ganada por un equipo francés (Foto: fútboldesdefrancia).

Deschamps levantó en el 93 la única Liga de Campeones ganada por un equipo francés (Foto: fútboldesdefrancia).

Entre 1996 y 2009, tres subcampeonatos ligueros y dos finales perdidas en Copa fueron la parte positiva de un balance que se saldó con una sequía de títulos que duraría más de tres lustros. A través de ellos, numerosas estrellas y jugadores de alto nivel salían de Marsella disparadas al escaparate mundial. Entre ellas brillaron con especial fuerza Franck Ribèry, Samir Nasri y Didier Drogba. Sin embargo, ninguno de ellos logró brindar al club de sus orígenes algún triunfo de relevancia. Sería en la temporada 2009-10 cuando, de la mano de su antiguo capitán Deschamps, el Olympique de Marseille recuperaría el cetro liguero en Francia. Desde entonces, tres Copas de la Liga y dos Supercopas de Francia han completado su palmarés.

Desde el título en 2010, a través de cuatro temporadas se han ido sucediendo subcampeonatos y años mediocres, todos ellos sumidos en una agria indecisión que había terminado por deshacer por completo la identidad futbolística del club. Tras la marcha de Deschamps del banquillo marsellés en 2012, ni Élie Baup ni José Anigo lograron domar a la bestia de la Provenza gala. Ambos salieron por la puerta de atrás en Marsella y sin dejar en el club ningún tipo de huella.

Altas y Bajas del Olympique de Marsella en el verano de 2014 (Foto: Fichajes.com).

Altas y Bajas del Olympique de Marsella en el verano de 2014 (Foto: Fichajes.com).

Con el Paris Saint-Germain dominando con fiereza en la Ligue 1 y el A.S. Monaco resurgiendo de entre sus propias cenizas a base de capital, la dirección deportiva del astro francés decidió cambiar el rumbo de sus expectativas. Para ello, la medida principal fue pegar un giro radical a sus raíces futbolísticas. Y para ello, claro está, la más necesaria e imprescindible cuestión era encontrar al director de orquesta adecuado para ejecutarlo. El argentino Marcelo Bielsa fue el elegido. Su fichaje por el Olympique fue sonado, sin duda. Su carácter, su trayectoria y sus firmes ideales lo avalaban. La incógnita de si su estilo encajaría con su nuevo proyecto, por su parte, sembraba la duda sobre su incorporación.

El fútbol de Bielsa no es sencillo de asumir. Para futbolistas procedentes del sistema inconexo de Anigo, entender la agresividad y el orden del exseleccionador argentino y chileno no resultaría, ya de entrada, una tarea fácil. La dureza e implacabilidad de sus métodos, aunados a los éxitos cosechados en el pasado tanto en Newell’s Old Boys y Vélez Sarsfield como en el Athletic de Bilbao, hacían pensar que el cuadro francés sufriría un lavado de cara que, con casi total probabilidad, lo convertiría en un equipo más serio y respetado en una Ligue 1 que actualmente se halla algo desmembrada.

Olympique Marseille - Football tactics and formations

Las coberturas y las rotaciones, constantes en el esquema de Bielsa (Foto: Elaboración propia).

La baja de Mathieu Valbuena, una de las principales estrellas del equipo, rumbo al Dinamo de Moscú con el mercado de fichajes ya prácticamente cerrado, trastocó ligeramente los planes de un Bielsa que tuvo que sustituir al futbolista sobre cuyas espaldas estaba posada gran parte de la responsabilidad creativa del equipo. Para sustituirlo, apostó por la juventud. El nuevo Olympique de Marseille de Marcelo Bielsa se caracteriza, en esencia, por ser un equipo extremadamente joven.

En la portería, el capitán e internacional francés de origen congoleño Steve Mandanda sigue transmitiendo la misma seguridad y reflejos que las pasadas temporadas. Su agilidad bajo palos y su decisión a la hora de abandonar el marco en busca del esférico lo convierten en un meta difícil de superar tanto por arriba como en los uno contra uno. Una fiera indomable que encuentra en los inexpertos Brice Samba y Julien Fabri (ambos con los 20 años recién cumplidos) a sus únicos reemplazos. La inexistencia de un meta con galones que pueda suplir a Mandanda en caso de problemas físicos o irregularidades muestra la confianza que Bielsa ha depositado en los jugadores procedentes de la cantera.

Mandanda no baja el nivel bajo los palos en Marsella

En el centro de la zaga del Olympique se encuentra uno de los centrales con más presente (y futuro) del fútbol africano: el camerunés Nicolas N’Koulou. Fuerte, rápido y sobrio en la conducción, este jugador de 24 años se ha convertido en todo un referente en la línea defensiva del equipo de Marsella. A su lado, el veterano zurdo Jérémy Morel aporta calma y guarda el lugar a dos jóvenes promesas que vienen pisando fuerte. En primer lugar, nos encontramos con Stéphane Sparanga, futbolista de la fábrica marsellesa que ya ha realizado su debut con el primer equipo, y que ha demostrado aptitudes por pulir pese a su escasez de movilidad.

Como colofón, se habla ya de una realidad al mencionar a Dória, central brasileño de 19 años que ha llegado este verano procedente del Botafogo por la considerable suma de 5 millones de euros. Pese al cartel que presenta este joven defensor carioca, Marcelo Bielsa todavía no le ha dado minutos a lo largo de la temporada, hecho que se atribuye a que el club adquirió su ficha sin el consentimiento del técnico. “Cuando doy mi opinión sobre un jugador tomo en consideración numerosos factores, desde haberlo visto al menos 20 partidos hasta la condición en que se produce su llegada: si es compra definitiva, si es préstamo con opción, si es préstamo sin opción…la idea de prestarle la camiseta a alguien, como si esto fuera una vidriera, no me gusta”, declaró el rosarino tras la polémica incorporación.

En los laterales, dos jugadores que también cuentan con una corta edad parecen haberse asentado con comodidad. En la izquierda, el francés Benjamin Mendy (20 años), proporciona estabilidad defensiva y colaboración en ataque, mientras que en flanco opuesto el costamarfileño Brice Dja Djedjé (23) enseña más los dientes con un fútbol más vertical y explosivo, cortesía de la seguridad que N’Koulou proporciona a sus espaldas.

N'Koulou, rey del muro (Foto: Martin Rose / Getty Images).

N’Koulou, rey del muro (Foto: Martin Rose / Getty Images).

El centro del campo del Olympique de Marseille, al igual que en todo equipo de Marcelo Bielsa, es la pieza clave para el éxito del grupo. De su contraste entre firmeza y magia, heredado por numerosos técnicos en la actualidad (Diego Pablo Simeone o Eduardo Berizzo son algunos de ellos), nace la impredecibilidad de un conjunto que no duda en mostrar sus garras pero que, sin embargo, se luce receloso a la hora de enseñar sus cartas ganadoras.

De la parte sucia en la medular del equipo francés se encargan, esencialmente, dos futbolistas: Giannelli Imbula y Alaixys Romao. Habiendo disputado ambos casi la totalidad de los minutos en los primeros nueve encuentros de liga, su sociedad se ha convertido en un muro de práctica infranqueabilidad para sus contrincantes. Su continuo sistema de permutas y ayudas a los laterales, la perfección en la ejecución de las rotaciones con las incorporaciones de los centrales y, sobre todo, su entrega y raza en cada segundo de cada partido les han convertido en una dupla insustituible para Bielsa. Pese a ello, Mario Lemina, otro joven pivote de origen gabonés, también está contando con minutos aprovechando cualquier descanso de alguno de sus dos compañeros de posición, mientras el veterano Benoît Cheyrou se ha visto definitivamente relegado a la suplencia.

Por delante de Imbula y Romao se dibuja con exactitud el rombo con el que Marcelo Bielsa pretende desarmar a las defensas contrarias. Un 4-2-3-1 perfecta y concienzudamente diseñado para quebrantar y evitar ser quebrantado. En la línea de tres por detrás del punta se han hecho con la titularidad tres jugadores concretos, pese a que otros como el marroquí Abdelaziz Barrada o el gran fichaje del año, Romain Alessandrini (costó cuatro millones y medio procedente del Stade Rennais), también ofrecen numerosas posibilidades técnicas en la zona de tres cuartos.

Y Thauvin detuvo el tiempo (Foto: Giuseppe Bellini / Getty Images).

Y Thauvin detuvo el tiempo (Foto: Giuseppe Bellini / Getty Images).

Con constantes rotaciones a lo largo del partido, el dibujo inicial en cada uno de ellos es el siguiente. Por la banda derecha aparece Dimitri Payet, un jugador francés con amplio recorrido y una gran capacidad de sacrificio en tareas defensivas, además de contar con una seria habilidad goleadora y un pulido trato del balón. En la banda contraria se sitúa el ghanés André Ayew, quien, a sus apenas 24 años, se ha convertido en uno de los futbolistas con más desborde de su continente, como ya demostró en el pasado Mundial de Brasil. Por el centro, por su parte, hace su aparición entre aplausos Florian Thauvin, la gran promesa creativa del fútbol francés y ojo derecho de Bielsa. Su inmensa capacidad para el último pase y el regate, su excelsa calidad técnica y su privilegiada visión de juego, sin embargo, se ven en ocasiones algo empañadas por su individualismo y escaso sacrificio colectivo, características muy poco apreciadas por su técnico. Sus 21 años, de momento, siguen pareciendo la excusa perfecta para unos defectos sobre los que ya ha empezado a trabajar.

Finalmente, la misión de materializar el fútbol de sus compañeros en goles recae por completo sobre la figura de André-Pierre Gignac. El titánico punta francés se adapta con una facilidad pasmosa al esquema de su técnico debido a su portentosa habilidad para trabajar de espaldas a la portería rival. Con nueve goles en nueve partidos, sus números hablan por sí mismos. Pese a ello, no sólo la efectividad debe ser admirada en el buen hacer de Gignac, cuya capacidad combinativa ha permitido, además, que sus tres escuderos hayan alcanzado ya (o superado) los dos goles. Como su suplente se reserva al fichaje más caro de esta pretemporada, el belga Michy Batshuayi, quien llegó por la cifra de seis millones de euros desde el Standard de Liège. A sus 21 años, este punta con raíces en la República Democrática del Congo aporta un perfil de delantero opuesto al de Gignac, al caracterizarse por su velocidad, su aprovechamiento de espacios y su incisivo desborde.

Payet, alma de líder (Foto: Kaz Photography / Getty Images).

Payet, alma de líder (Foto: Kaz Photography / Getty Images).

El arranque de temporada de este nuevo proyecto de Marcelo Bielsa ha sido prácticamente inmejorable. Tras tropezar en las dos primeras jornadas con un empate y una derrota ante el Montpellier, Les Olympiens han encadenado siete victorias consecutivas que les han colocado como líderes indiscutibles y con cinco puntos de diferencia sobre el segundo clasificado, el sorprendente Girondins de Bordeaux. Pese a ello, no son los resultados los que han devuelto la sonrisa al club con más títulos de la historia del fútbol francés. Lo que lo ha conseguido ha sido el fútbol. La ilusión por la ilusión. Y es que el Marseille vuelve, tras dos décadas, a imponer respeto en la Ligue 1. Sin estrellas. Sin talonario. Sólo con fútbol.