12 kilómetros para enamorarse de Santiago

Dice un cantautor compostelano en una de sus composiciones, que ‘dicen que no hay nada más bonito que vivir en Santiago’. Y si algo he aprendido en los algo más de tres años que llevo viviendo en la capital gallega, es que no le falta ni un ápice de razón.

Para gran parte de los estudiantes universitarios, Santiago de Compostela es más que la ciudad donde nos formamos. Generalmente, o al menos esa es la sensación que tengo yo, Santiago es la ciudad que me ha visto crecer como persona, donde he aprendido a conocerme mejor y donde, quizás, he encontrado el modo de conectar mejor conmigo mismo. Han pasado ya más de mil días desde que puse pie en tierras compostelanas para iniciar mis estudios universitarios, y me han llegado de sobra para enamorarme de una ciudad en la que, sinceramente, no me importaría pasar el resto de mi vida.

Santiago de Compostela, vista desde el monte Pedroso | Aarón Cabado

Santiago de Compostela, vista desde el monte Pedroso | Aarón Cabado

Y es que ‘dicen que no hay nada más bonito que vivir en Santiago’, y qué razón tienen, sean quienes sean los que lo dicen. Una ciudad exageradamente dispar, sin duda la más cosmopolita de Galicia, pero en la que uno acaba sintiéndose como en casa.

Probablemente por el cariño que le tengo a esta ciudad, la carrera Pedestre de Santiago despierta en mí un sentimiento diferente al resto de eventos deportivos en los que participo. Así, la capital gallega celebraba este domingo la trigésimo séptima edición (que se dice pronto) de una carrera que se ha hecho un hueco entre las más populares y multitudinarias de nuestra comunidad. Ésto se ha conseguido gracias a la perfecta conexión entre todos los elementos implicados: ayuntamiento, organización, participantes y público.

El tráfico de la ciudad se corta casi por completo para que los atletas (3796 en la prueba absoluta) completen los 12 kilómetros de los que consta una prueba que recorre prácticamente toda la ciudad. Los instantes previos, el calentamiento y posterior colocación en el lugar de salida son ya un indicativo de que estamos en una de las fiestas del atletismo gallego. Las casi 4000 personas que tomamos parte en ella nos situamos a lo largo y ancho de la avenida de Xoan XXIII, atestando la calle y llenándola de color y bullicio, algo poco habitual una mañana de domingo. El tiempo y la temperatura, agradables, deciden darle una tregua a Santiago y contribuyen a embellecer la carrera.

La multitudinaria salida en Xoan XXIII | El Correo Gallego

La multitudinaria salida en Xoan XXIII | El Correo Gallego

Se da el disparo de salida y las piernas comienzan a ponerse en funcionamiento. Este tipo de carreras multitudinarias siempre cuentan con el problema de que en la salida acostumbran a formarse tapones hasta que más o menos cada uno va situándose donde le corresponde, y el hecho de que los primeros metros sean en pendiente no ayuda en demasía a evitar este ‘tráfico’. Llegamos a San Caetano, donde pasamos por el primer punto kilométrico, y giramos hacia la derecha por la avenida do Camiño Francés. En estos instantes iniciales de carrera lo importante es ir encontrando el ritmo y sentirse cómodo, aunque no siempre es fácil evitar dejarse llevar. Sin embargo, los excesos se pagan caro, y más en la Pedestre, que tiene un perfil que se endurece en la segunda mitad de carrera. Poco después de pasar junto a As Cancelas, damos la vuelta para volver por Fontiñas, para luego cruzar la avenida de Lugo y subir la Rúa dos Concheiros.

Aquí es quizás donde la carrera adquiere su denominación de ‘Pedestre’. Esta calle y la posterior, San Pedro, tienen un pavimento empedrado que endurece en cierta medida la prueba, ya que la amortiguación es peor. Tras bajar San Pedro llegamos a la Rúa da Virxe de Cerca, más propicia para imponer un ritmo más rápido, y poco después de superar el cuarto kilómetros de carrera llegamos a la Plaza de Galicia y nos adentramos en la Zona Nueva, donde ya comenzamos a empaparnos de los ánimos de la gente. Callejeamos por La Rosa y subimos hasta Plaza de Vigo, en una parte del recorrido cuya belleza reside en el contraste con el resto de la ciudad. Y es que al fin y al cabo, la magia de Santiago también está en sus diferencias y contrastes, pero especialmente en la armonía que guardan entre sí las diversas zonas de la ciudad. ‘Dicen que es un pueblo lleno de otros pueblos’, como cuenta también la canción del primer párrafo.

La Pedestre recorre gran parte de la capital gallega, pasando por Xoan XXIII, San Caetano, Fontiñas, San Pedro, Virxe de Cerca, Plaza de Galicia, La Rosa, Plaza de Vigo, Rosalía de Castro, Campus Sur, Galeras, Vista Alegre, Vite, San Roque y la Zona Vieja, finalizando en la Plaza de Obradoiro

Desde la Plaza de Vigo giramos hacia la derecha por Rosalía de Castro, abandonando la Zona Nueva y adentrándonos en el Campus Universitario. El ambiente urbano queda atrás, dejando paso a un entorno más sosegado y verdoso. Tras una vuelta al Campus (con subidas y bajadas, claro) entramos en la segunda mitad de la prueba al llegar a la Rúa Galeras, una calle llana y larga, propicia para adoptar una cadencia mayor y correr más rápido, y posteriormente a Vista Alegre, donde el ritmo del grupo en el que voy desciende sensiblemente. No es debido a la dureza de esa parte del recorrido (hay cierta pendiente ascendente, aunque suave), sino por lo que está a punto de llegar.

Y lo que está a punto de llegar es LA CUESTA DE VITE. Así, en mayúsculas y en negrita, y dejando de lado el Libro de Estilo de Compostimes. Durante las semanas previas a la carrera, la cuesta de vite es el principal tema de conversación en los foros de atletismo en relación a la Pedestre. Esta calle consta de cerca de un kilómetro de subida, la primera mitad más suave y la segunda con un desnivel mayor. Tanto por su pendiente como por el lugar en el que está situada (cuando se llega arriba restan dos kilómetros para meta), la cuesta de Vite es uno de los puntos míticos de la carrera.

La cabeza de carrera, a su paso por Vite | JmDobarro

La cabeza de carrera, a su paso por Vite | JmDobarro

Un servidor, que después de tres años viviendo prácticamente al lado de la susodicha subida ya se la conoce al dedillo, decidió ser precavido y reservar un poco de fuerzas para afrontar Vite con ciertas garantías. No todo el mundo hace lo mismo, algunos por exceso de ambición y otros por puro desconocimiento, por lo que si llegas a Vite con algo guardado, lo habitual es ir ‘recogiendo cadáveres’ durante toda la subida. La parte final, la de mayor desnivel, está rebosante de público animando a ambos lados de la calle, al más puro estilo etapa de montaña en una vuelta ciclista. Cuando finalmente uno llega arriba, sabe que es el momento de dejarse llevar, pues a partir de ahora el terreno es favorable. Mis piernas, entumecidas, agradecen el cambio de desnivel. Volvemos a bajar por Xoan XXIII (en sentido inverso al de la salida) para llegar a San Roque, con poco más de 1’5 kilómetros por recorrer. La entrada en la Zona Vieja es otro de los momentazos de la carrera, pues los diferentes puntos por los que pasa la misma están a reventar de público. Esta parte final es extremadamente rápida, a pesar del adoquinado, y lo único que quieres es que acabe el sufrimiento mientras escuchas el sonido de las zapatillas al tocar el suelo con cada zancada, los gritos de ánimo y el bullicio del público, y hasta el latido de tu propio corazón. Comienzas el sprint final para intentar ganar un par de irrelevantes puestos más y pasar por línea de meta en Obradoiro, lugar inmejorable para poner fin a 12 kilómetros de esfuerzo y especialmente, lugar inmejorable para poner fin a un genial tour por la ciudad más bonita en la que se puede vivir.