La mayor historia africana en los mundiales: Senegal 2002 (II)

Si no lo has hecho, te invitamos a leer en este vínculo la primera parte de esta historia.

Para esto, debemos avanzar hasta el 31 de mayo de 2002, en lo que para muchos senegaleses sigue siendo un día grabado con fuego en la piel. Senegal había sorprendido en la Copa África pero en ese mismo año aún quedaba un plato más fuerte: el Mundial de Corea y Japón. La selección se enfrentaría en el grupo A con Uruguay, Dinamarca y Francia, vigente campeón y patria futbolística del país africano. Además, el primer partido del Mundial sería el inaugural ante Les Bleus. Una oportunidad única e histórica para mostrarse al mundo, para disfrutar de la ceremonia previa al encuentro. ¡Y frente a la temible selección francesa! En definitiva, el reto que cualquier senegalés desearía.

El Hadji Diouf, quien posteriormente sería el gran hombre en ese partido, declaraba lo siguiente: “Empezar nuestra primera Copa del Mundo contra los campeones es un privilegio, un sueño que haremos realidad el 31 de mayo. Francia es el mejor equipo del mundo, y por supuesto, es el favorito para terminar primero de grupo, pero Senegal no se lo va a poner fácil. Ese día todo el mundo va a estar pendiente de nosotros, y no vamos a desaprovechar esa oportunidad. Confío en el potencial de mi selección, podemos alcanzar las metas que nos propongamos. ¿Por qué no la final?” Después de eso, la realidad no llegó a alcanzar metas tan altas, pero el sueño africano de estar en semifinales estuvo más cerca de cumplirse que nunca.

Todo comenzó con el debut ante la potente selección francesa, que a pesar de contar para el primer partido con la baja de Zidane tenía en Barthez, Desailly, Vieira, Trezeguet y Henry su columna vertebral. A priori, la vigente campeona se encontraba en el segundo escalafón de favoritos, por detrás de Brasil y Argentina, y a la misma altura que España, Alemania, Italia e Inglaterra. Brasil, que a la postre sería la campeona, tenía en Ronaldinho, Rivaldo y Ronaldo a su tridente mágico, con Gilberto Silva y Kléberson guardándoles las espaldas y las subidas de Cafú y Roberto Carlos como armas mortales. Argentina, por su parte, basaba todo su juego en la inspiración de Verón y las picaduras del Piojo López junto a la efectividad de Hernán Crespo en ataque. España con Raúl, Joaquín, Tristán y Valerón, Alemania con Ballack, Neuville y Klose, Italia con Del Piero, Vieri y Totti e Inglaterra con Scholes, Gerrard, Beckham y Owen como referentes, eran las otras selecciones que aspiraban al título en el primer mundial del nuevo milenio.

El espectáculo comenzó con la ceremonia de apertura en el World Cup Stadium de Seúl. Y cuando los fuegos de artificio se apagaron, los bailes se acabaron y los jugadores de Francia y Senegal saltaron al terreno de juego, la verdadera magia comenzó. Senegal presentaba el mismo once que se tornara habitual en la Copa África, con el único cambio de Papa Malick Diop sustituyendo a Pape Sarr, un movimiento que colocaba al primero en el centro de la zaga y adelantaba al capitán Aliou Cissé al medio centro. Pero la fórmula que tanto éxito diera en la Copa África se mantenía.Incluso los 23 convocados para el Mundial fueron los mismos que cuatro meses atrás se habían quedado a un paso de conquistar el cetro continental.

Cuando el partido dio comienzo, Senegal salió a por todo. Con menos calidad pero con más intensidad y ganas que los franceses y, sobre todo, con una línea defensiva que se cerraba impidiendo a Henry, Trezeguet y Djorkaeff combinar y crear peligro sobre la meta de Sylva. Aun así, la calidad de Trezeguet le permitió girarse y sacar un peligroso disparo que se marchó al palo. Poco después, tras un gran robo de Diao en el centro del campo, el balón acabó en la banda izquierda en los pies de Diouf, quien con una de sus arrancadas dejó sentado a Leboeuf y centró para que Bouba Diop en una (otra) de sus llegadas desde segunda línea, empujara el balón. Sin embargo, todavía faltaba por jugarse la segunda parte y Francia tenía muchos minutos por delante para remontar. Senegal no se amilanó y no se echó atrás. Tuvo, de hecho, en un lanzamiento de Fadiga al larguero, la oportunidad para sentenciar el choque. Henry, con otro zapatazo al travesaño, pudo empatar, pero la suerte estaba del lado de los Leones de Teranga, que vencieron, logrando un triunfo histórico para su nación y el continente africano. Habían repetido la hazaña de Camerún en el Mundial de 1990 venciendo al vigente campeón en el partido inaugural. Si unos habían vencido al equipo de Maradona, los otros lo habían hecho frente al de Zidane. El papel que ocupaba por aquellas un veteranísimo Roger Milla lo tenía ahora un jovencísimo Diouf. Dos estilos enfrentados, pero que habían servido para lo mismo. Vencer al anfitrión.

Senegal, una selección donde 21 de sus 23 jugadores jugaba en Francia, había vencido a la selección de los mejores de su país (de la que sólo 5 jugaban en su propia liga). Unos modestos jugadores del Lens, Lorient, Sedan, Rennes o Sochaux habían vencido a los de Manchester United, Juventus, Real Madrid o Arsenal. Tras ese partido, los africanos fueron popularmente conocidos como la “segunda selección francesa”, ya que la mayoría de sus jugadores habían crecido futbolísticamente en el país galo.

Y si algo trajo el triunfo inaugural además de la consabida alegría en el país triunfador, fue uno de los temas que más de moda estaba en esos años: las posibilidades del fútbol africano como dominador mundial en los próximos años. En esos días, Diatta, Bouba Diop y Diouf eran ejemplos del arquetipo del hombre del perfecto hombre futuro: físicamente ideales y con las condiciones técnicas y tácticas para triunfar en la élite. Se hablaba de que para dentro de dos Mundiales, Senegal, Costa de Marfil y Camerún serían las selecciones favoritas. Quizás esta sea una pregunta para hacernos a largo plazo, pero hoy en día grandes problemas en los países africanos impiden que estas selecciones sean competitivas. El mejor ejemplo es la propia Senegal, quien tras este Mundial se hundió entre problemas burocráticos e internos.

Senegal celebra una de sus victorias durante el Mundial.

Senegal celebra una de sus victorias durante el Mundial.

Pero tan sólo habíamos dejado a Senegal venciendo a Francia, y su camino en el Mundial fue mucho más largo y divertido. En la segunda jornada de la fase de grupos, Senegal se enfrentó a Dinamarca. Los de Morten Olsen destacaban por ser una selección compacta y sin fisuras, que confiaba en el ínclito Thomas Gravesen como creador de juego y en el incansable Stig Tøfting como bregador. Por las bandas, Gronkjaer y Rommedahl desafiaban a los laterales, y el ataque con Ebbe Sand y Tomasson se convertía en su línea de referencia. El partido ante Dinamarca fue, sin ningún tipo de dudas, el más sufrido para la selección de Senegal. Un penalti transformado por John Dahl Tomasson puso por delante a los daneses, que en la primera parte pudieron sentenciar. El gol del empate tuvo que llegar de la forma más característica en Senegal. Una internada de Fadiga terminaba con un centro raso para la internada desde segunda línea de un centrocampista, en este caso Diao, que empataba el partido. 1-1 que dejaba a Senegal a un paso de la clasificación.

El partido decisivo se jugaría contra la siempre correosa selección uruguaya de Pablo García, el “Gato Romero” y Abreu, un equipo donde peleaban diez y Recoba ponía la clase. Era el partido más complicado y fue el mejor de Senegal. El primero en el que pudo desempeñar su juego ofensivo preferido, abriendo a banda y encarando. Jugando al espacio, sin presión. Un gol de Fadiga de penalti y dos de Bouba Diop ponían el 3-0 en la primera parte, sin embargo, un gol del “Chengue” Morales al comienzo de la reanudación metió a los sudamericanos en el partido. Un golazo de Forlán desde fuera del área y otro de Recoba de penalti terminaban empatando el partido. El resultado valía a Senegal pero no a Uruguay, que se terminaba quedando fuera junto a Francia.

Suecia, que había dado la campanada venciendo en el grupo de Alemania e Inglaterra, sería el próximo rival de una selección senegalesa que estaba siendo, con permiso de las anfitrionas Corea del Sur y Japón, la sorpresa del torneo. El partido de octavos fue una lucha de titanes, donde tan sólo la habilidad personal de Henri Camara en la prórroga fue quien de romper la igualada. Para el partido contra Suecia Bruno Metsu contaba con las bajas por sanción de Diao y Fadiga, dos hombres básicos en su esquema, lo que provocó que en la rueda de prensa antes del partido diera a su equipo casi por muerto. Pero a la hora de la verdad, la mentalización en el vestuario había sido totalmente diferente. Había que vencer por ellos, para que pudiesen estar en la siguiente ronda. El equipo salió a morder con Amdy Faye y Pape Thiaw en el lugar de los sancionados y pronto se hizo con el dominio. Sin embargo, un gol de Henrik Larsson adelantó a Suecia. Tuvo que ser Henri Camara quien empatase poco antes del descanso. En la segunda parte Senegal mereció más, pero el marcador no se movió. Un balón al palo de Anders Svensson en los primeros minutos de la prórroga a punto estuvo de mandar a los de Metsu para casa, pero la suerte estaba de su parte. Esto hizo crecerse aún más a los africanos, que con una majestuosa combinación en ataque se convertían en cuartofinalistas. Robo de balón que acaba en los pies de Thiaw, taconazo para la salida interior de Camara, quien con una soberbia arrancada rompe al ex levantinista Mjällby y la cruza ante la salida de Hedman. El balón, mordido, da en el poste. Pero la suerte está del lado de los Leones Bailarines de Teranga. Gol de oro que sirve para igualar a la mejor selección africana hasta la fecha. Como Camerún en 1990 vencieron al anfitrión, y ahora se acababan de meter en cuartos de final.

(Continuará…)