Viernes de Resurrection, la misa negra

Corría 1995 y cantaba Enrique Iglesias aquello de “y es casi una experiencia religiosa sentir que resucito si me tocas”. Probablemente no volveré a citar nunca más al exitoso hijo del gran Julio pero me sirve para ilustrar, al menos por contraste, lo que pasó el dies Veneris en el festival viveirense. Sólo que la experiencia religiosa que proponen Watain no se asemeja tanto a “subir al firmamento prendido de tu cuerpo”, si no a ensartar en una pica a un hipopótamo bebé, que lleva dentro a un poni bebé, que a su vez tiene dentro a un gatito bebé. Y después degollarlos con un serrucho. Porque son Watain y son la maldita oscuridad.

Pero todo a su tiempo, vayamos por partes. Cómo no, llego tarde también el segundo día y, entre eso y que paso el tiempo de Wormed y Texas in July embobado con Pilar Rubio, que pululaba, núbil y exuberante como pocas, por la zona de prensa, el primer grupo al que veo en condiciones mentales aceptables es a Angelus Apatrida. Asistir un concierto de los albaceteños es como ver la enésima reposición de Star Wars. Te sabes de memoria lo que va a pasar, no sorprende un ápice, pero si te gusta lo disfrutarás como un enano. En Viveiro los conocen más que en su casa y eso se notó en la buena recepción por parte del público desde que comenzaron su set con la rauda Violent Down y no bajaron el pistón en toda la media hora que tuvieron para ellos. Looking for an Answer, por su parte, lo petaron en el escenario pequeño, movilizando a todos sus seguidores con su brutal demostración de lo que es el grindcore hecho como Dios manda, con energía, fuerza y muchas ganas.

Angelus Apatrida

La melenaca rubia de Guillermo, de Angelus Apátrida / © Hadrián Díaz

Born from Pain me suenan casi exactamente igual a “cualquier banda hardcore estándar con más de 10 años de carrera“. Tuvieron su público, indudablemente, pero a un servidor le dieron ganas de buscar alguna tele y ponerse el Sálvame Diario, que ya eran horas. Por suerte, inmediatamente después, venían Segismundo Toxicómano. Por todos es sabido que el directo de los vascos nunca decepciona, y en esta ocasión no fue la excepción. Plací y sus compañeros saltaron al ruedo dispuestos a comerse a quien se les pusiera por delante, tan hiperactivos como acertados y no dejaron a nadie sin convencer de que ellos lo valen.

Hay grupos que aprovechan excelentemente lo de tener dos vocalistas, repartiéndose las funciones y realizando acertadas armonías. Vidhjarta no pertenecen a este club. Daniel Ädel y Vilhem Bladin son cada uno un calco del otro, así que supongo que se relevan mutuamente para evitar cansarse o algo similar. Aunque, bien mirado, ¿a quién le importa? Vidhjarta son djent, son verdaderos virtuosos en sus guitarras de ocho cuerdas y vienen influenciados por el World of Warcraft. El pack completo de lo que es molar, vamos. A Wilhem Scream no les hizo falta demasiado para animar a un gentío cada vez más caldeado según se iban acercando los turnos de los pesos pesados del día, pero aún así se esforzaron por destilar energía y buena actitud. Pese a ello, la gente estaba esperando a GBH, y se notaba. Collin Abrahall tiene cara de haber pasado por más drogas distintas que el mismísimo Nikki Six, pero aún es capaz de ofrecer un show más que digno. A día de hoy, donde tantas bandas pretendidamente punks venden su alma al diablo por unos pocos euros, para encontrar la verdadera honestidad tenemos que irnos a ver a grupos como estos ingleses. Unos auténticos y maravillosos dinosaurios.

Asistir a la terrible misa negra de Watain este Resurrection Fest fue una experiencia maravillosa y macabra como pocas

Lo mejor de Bane (quienes dieron un gran concierto), y no lo digo de forma irónica, si no desde el corazón, fue el aullido a lo Helloween que se marcó el cantante hacia el final de concierto. Veredicto: 50 puntos para Gryffindor y dos alcohólicos pidiendo a Manowar para la próxima edición. Y el que firma esto encantando de la vida, por supuesto. Skeletonwitch y Suffocation se turnaron en el Ritual Stage para brindar algunas de las mayores cotas de brutalidad de todo el festival. La explosiva mezcla de thrash y black de los primeros y el brutal death de los segundos causaron un efecto similar a Crowbar el día antes, acojonando a muchos desprevenidos con un directo cargado de truenos, centellas y mil diablos.

Skeletonwitch

El cantante de Skeletonwitch arrancándote el alma / © Hadrián Díaz

Phil Anselmo es de otro mundo. En mi humilde opinión, y que me perdonen sus incondicionales, Pantera siempre me ha parecido el grupo más sobrevalorado de la historia del metal y podría citar de carrerilla a media docena de grupos mejores que Down en su estilo, pero el señor Anselmo está hecho de la pasta de los grandes. Este tío tiene tal nivel de carisma que si hubiese nacido en la Edad Media, habría sido un líder sin parangón por el que ejércitos enteros se habrían peleado por seguir a la victoria, arrasando pueblos y naciones enteras, y al que le habrían ofrecido gargantuescas estatuas de oro en su honor, independientemente de que ganase o no. Pero la guasa de la Historia ha querido que sea “sólo” un rubenesco (ay, los chuletones) cantante de Texas, capaz de meterse a miles de personas en el bolsillo con tan sólo una mirada y dos palabras. Temas como Stone the Crow y Bury me in Smoke fueron coreados a lo bestia por, prácticamente, todo el público.

Down

Phil Anselmo coronándose como frontman definitivo / © Hadrián Díaz

Dos canciones de Raised First me hicieron decidirme por ir a cenar raudamente. Ahora es cuando os revelo que la comida que venden fuera del recinto es El Mal, con mayúsculas, y que las hamburguesas recalientes que llevan quién sabe cuantas horas en una bandeja las carga el diablo. Llegué a tiempo, pese a casi romperme un diente con esa suela de zapatilla que se hacía pasar por carne picada, para ver a Converge en todo su esplendor. Desgarramientos vocales, instrumentación a lo destrozacráneos y un buen puñado de temazos apabullantes. La madre que los parió. No fueron duros ni nada. El caso es que NOFX siempre me han caído gordos. No, por favor, no es una fácil alusión a Fat Mike, es simplemente que la actitud del vocalista nunca me ha convencido del todo, como si quisiera suplir con falsa y forzada socarronería cualquier carencia musical. Sonaron Stickin’ in my eye y Dinosaurs will die, entre otros clásicos, y todos los disfrutamos en su medida pero cuando te pasas la mitad del tiempo de un concierto parloteando de forma insoportable en lugar de tocando es que, a lo mejor, algo no estás haciendo bien.

De repente, el aire se impregnó de olor a sangre, muerte y putrefacción. Escarabajos y otras bestias inmundas descendieron de los cielos y se encendieron antorchas en honor a seres de otros mundos, de otros infiernos. Vale que siempre repitan casi el mismo show, vale que sus conciertos no dejen de ser una sanguinaria obra de teatro de segunda división, incluso vale que a Erik Danielsson le guste más el fuego de pega que a Daddy Yankee la gasolina, pero asistir a la terrible misa negra de Watain este Resurrection Fest fue una experiencia maravillosa y macabra como pocas. Las llamas, las vísceras y las cabezas decapitadas de ganado fueron el ambiente perfecto para acercarnos un poco más a Satán durante, al menos, esa noche, acompañados por Black flames march, Holocaust Dawn y otras grandes piezas de la discografía de los suecos.

Watain

Watain desatando el Infierno en la Tierra / © Hadrián Díaz

Aún quedaba tiempo para Sick of it All, unos de los “culpables” de la existencia del festival que nos ocupa y para Display of Power, la mejor banda tributo a Pantera de nuestro país. Pasando las cuatro de la madrugada, con la garganta afectada y algo renqueante de piernas, dejaba atrás a Guerrilla para intentar dormir durante algunas horas y estar preparado para el tercer y último día del evento, cuyo relato tendréis muy pronto ante vuestros ojos.

He aquí, por si os habéis olvidado, la primera parte de esta trilogía sobre el Resurrection,