Mireia Belmonte y el gen competitivo

Son deportistas diferentes. Calculan las distancias mejor que nadie, y saben aprovechar su inteligencia en los momentos claves. Entrenan igual o más que el resto, pero cuando se ponen una meta nadie los puede parar. Buscan retos hasta en la sopa y lo de siempre se les hace aburrido. Tienen mayor capacidad de adaptación que nadie y la palabra ganar encabeza su diccionario. Perder no les gusta, de hecho no saben hacerlo ni a las chapas. La diferencia se llama gen competitivo y solo unos pocos lo tienen. La natación española tiene la suerte de tener alguien así: se llama Mireia y se apellida Belmonte.

MIreia Belmonte, después de finalizar la prueba de 5 km aguas abiertas - @Reuters

MIreia Belmonte, después de finalizar la prueba de 5 km aguas abiertas – @Reuters

Cuando Mireia Belmonte se colgó dos medallas en los Juegos Olímpicos de Londres, muchos podrían imaginar que dos años después, en los Europeos de Berlín, se colgaría muchas medallas. Pero prácticamente nadie podría haber apostado que su primera presea del campeonato la lograría en un río, compitiendo en la prueba de aguas abiertas. Esa hazaña es la que logrado la nadadora catalana en estos Europeos, consiguiendo una medalla en un prueba que no es ni mucho menos la suya: ni por distancia y sobre todo por el medio en el que se disputan.

“Es capaz de abrir su mente mucho más que otros. Nunca dejará de ponerse retos” – Fred Vergnoux, entrenador de Mireia Belmonte

En un río la técnica de natación cambia, la forma de respirar también y es necesario un importante sentido de la orientación. Belmonte, por poner un ejemplo, no tenía ni siquiera el bañador más apropiado para la prueba. Pero se lanzó a las aguas del río Dahme berlinés sin presión, buscando distraerse de su exigente programa en la piscina (que comenzará la próxima semana) y quizás soñando con hacer algo importante. Cinco kilómetros y cerca de una hora de esfuerzo después abandonó de esas aguas cansada, con la piel marrón por la suciedad del río, pero con una medalla de bronce colgada al cuello. Fred Vergnoux, su entrenador, estaba exultante. Mireia lo había vuelto a hacer y además había demostrado al mundo “que es capaz de abrir su mente mucho más que otros”.

Mireia Belmonte con su medalla de bronce tras la prueba de 5 km aguas abiertas - ©Europa Press

Mireia Belmonte con su medalla de bronce tras la prueba de 5 km aguas abiertas – ©Europa Press

No ha sido portada de ningún diario deportivo en el día de hoy, porque quizás es más importante saber que un jugador podrá volverse a entrenar después de morder a un rival o que un tridente de un equipo blanco puede hacer soñar. Pero qué quieren que les diga, la hazaña de Mireia ha sido impresionante. Una demostración de carácter al nivel de los más grandes de la natación mundial. Un carácter que volverá a mostrar la próxima semana en la piscina, su medio natural. De todas formas, Mireia promete volver. Le ha gustado la experiencia y si se clasifica intentará competir en las aguas abiertas de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

No ha sido portada de ningún diario, pero la hazaña de Belmonte es, quizás, una de las más grandes de la natación española

Y que nadie diga lo contrario porque la de Badalona, cuando se pone un objetivo entre ceja y ceja lo suele completar. Nadie sabe donde está su techo, aunque en su mente ya sabemos tque no existe. En Río quiere ser campeona en la piscina y quizás lanzase a la bahía de Guanabara en los diez kilómetros aguas abiertas. Esa bahía puede ser un buen lugar para demostrar que cuando Mireia entra en competición solo caben en su cabeza cinco letras, las que forma la palabra éxito.