Cuando vence el coraje

Son idolatrados o detestados. Intentan dar lo mejor de ellos mismos sin que nada del exterior afecte a su rendimiento. Compiten, aparecen en los medios, son conocidos por más o menos gente. Pero en el fondo, ellos no son distintos al resto, sufren episodios duros y tienen problemas terrenales. Y en muchas ocasiones, un bache en el camino puede hacer peligrar una medalla. Es la otra cara de los deportistas, cara que se refleja en la historia de la patinadora Joannie Rochette. La canadiense es la protagonista de uno de esos relatos que siempre merecen ser recordados. Su auge en el patinaje coincidió con un complicado momento familiar que superó con lágrimas y talento, a partes iguales.

Comenzó a patinar muy pequeña, cuando soñar con ganar algo importante era una mera fantasía infantil. Algunas veces los sueños se hacen realidad y Joannie pronto vio que los suyos le proporcionarían un futuro en su deporte. La modalidad junior le dio sus primeros triunfos en forma de oros hasta que debutó en un escalón superior. Fue en el Campeonato de los Cuatro Continentes del 2002 donde Joannie patinó por primera vez como senior, finalizando quinta. Nadie evitó que fuese primera durante varios años en el Campeonato Nacional de Canadá, participó en los Juegos Olímpicos de Turín en el 2006 y vivió uno de sus mejores momentos en el Mundial del 2009 con una medalla de plata.

En Turín no pudo subirse al podio, en su primera experiencia olímpica acabó quinta de nuevo. La revancha tenía un lugar y una fecha: los Juegos de Invierno de Vancouver de 2010. De la mano de su entrenadora de toda la vida, Manon Perron, llegó a la Villa Olímpica con la única preocupación de añadir un espléndido capítulo a su vida. Estaba en su país como deportista olímpica. Nada podía fallar. Sin embargo, a veces hay una cierta tranquilidad que parece incluso confusa y traicionera, capaz de echar por tierra proyectos y objetivos. Se habla muchas veces de la calma que precede a la tempestad. El cielo particular de Joannie se nubló: su madre falleció a causa de un infarto unos días antes del debut en los Juegos. Ella continuó con lo previsto y patinó.

Bronze medallist, Canadia's Joannie Roch

Joannie Rochette durante el programa libre de los Juegos de Vancouver | ©Yuri Kadobnov / AFP / Getty Images

El martes 23 de febrero de 2010, Joannie saltaba a la pista para realizar su programa corto. Entró elevando los brazos, colocándose en su posición para empezar a patinar acompañada musicalmente por los sonidos de La Cumparsita. La ovación del público no tardó en llegar, propiciada por la buena ejecución de un salto triple lutz y un doble toe loop. Las palmas hacían de compañía al tango y a la propia Joannie, imperturbable y totalmente centrada. Al finalizar, miró al suelo sollozando como si ella misma no fuese capaz de asumir la capacidad de superación mostrada.

El turno del programa libre llegó el 25 de febrero. El azul brillante del vestido de Joannie llenó de color el blanco inmaculado. Pisó el hielo con sus patines después de comprobar que estaban en perfecto estado para realizar su ejercicio. Era su momento, no se le podía escapar. Samson et Dalila en los altavoces. Un ejercicio con el que Joannie transmitió sensibilidad en cada movimiento. Acabó con una respiración profunda y dando repetidamente las gracias a todos los presentes. La puntuación fue de 131,28. Tras sumar el 71,36 del programa corto, consiguió estar por fin en el podio de unos Juegos Olímpicos con un tercer puesto.

Una medalla de bronce que colocó encima del féretro de su madre, a la que también dedicó su actuación en la gala de exhibición de los Juegos. Lo hizo con una canción de Celine Dion, Vole, una de las favoritas de su progenitora. Joannie está ya retirada de la competición oficial, sin embargo, su aplomo seguirá en las memorias de muchos como un recuerdo imborrable.

Una medalla de bronce que colocó encima del féretro de su madre, a la que también dedicó su actuación en la gala de exhibición de los Juegos

Cuando vence el coraje, cuando se fusionan la tristeza y la alegría | ©Matthew Stockman / Getty Images

Cuando vence el coraje, cuando se fusionan la tristeza y la alegría | ©Matthew Stockman / Getty Images