Cara a cara: ¿deben prohibirse atuendos que hieran sensibilidades?

El debate que proponemos desde Compostimes tiene como objeto la prohibición de incluir un rasgo característico de un determinado pueblo o colectivo entre las últimas tendencias. Esto surge a raíz de noticias como esta, de un festival canadiense que prohíbe ir ataviado con plumas para no ofender a la cultura aborigen. El fenómeno se llama “apropiación cultural” y, como todo, tiene sus defensores y detractores. Hay quien argumenta que no se pueden banalizar los símbolos de una cultura. Por su parte, otros aluden a su derecho a inspirar atuendos en realidades ajenas. ¿Es un homenaje a esas culturas o representa una amenaza para ellas? Tanto una postura como la otra tienen, en Compostimes, una defensora.

En contra: Natalia Saavedra

Moda con inspiración torera |  © mujerhoy,com

Moda con inspiración torera | © mujerhoy,com

Últimamente he leído mucho el concepto ‘apropiación cultural’ en Twitter. Históricamente estaba relacionada con la invasión de tierras y la destrucción de las costumbres locales, pero no creo que llevar una corona de plumas en un festival sea un caso comparable. En primer lugar, este evento se trata de un festival. Como todos sabemos, la más guay de los festivales no es aquella que mejor se lo pasa o el que más disfruta de los conciertos, sino la que más estrafalaria se vista, más accesorios inútiles lleve (inserte aquí la corona de plumas) y la que más fotos sube al Instagram mostrando al mundo qué bien se lo está pasando. En esta ocasión, su uso es meramente accesorio.

En ningún momento, entiendo yo, las personas que llevan las mediáticas plumas le están faltando el respeto a la cultura aborigen canadiense. Simplemente se utilizan para adornar sus outfits festivaleros que duran, a lo sumo, una semana. Incluso el uso que se le da es similar al tradicional: resaltar entre el resto y llamar la atención. Por mucho que les pese a algunos, los festivales no son la vida real y poca es la gente que lleva una corona de plumas a la oficina los días laborables. Se utilizan para adornar los outfits festivaleros que duran, a lo sumo, una semana Las coronas de plumas también se han visto en las pasarelas más famosas de todo el mundo. Chanel o Victoria’s Secret son algunas de las casas que han añadido estos elementos indígenas en sus colecciones y no han estado exentas de polémica. Sin embargo, todos los años vemos en la tienda de Inditex de turno algún bolso de flecos. Y en las grandes pasarelas encontramos colecciones inspiradas en el mundo del toreo, los aztecas, la cultura griega, etc. Son elementos de la historia que están ahí, y cada cierto tiempo surgen en la moda con la misma facilidad con la que se desvanecen. Y ningún Dios del Olimpo está desatando su ira sobre nosotros por llevar diademas de hojas de olivo. Creo.

Son elementos de la historia que están ahí, y cada cierto tiempo surgen en la moda con la misma facilidad con la que se desvanecen

Como todos sabemos las modas pasan, y hoy en día lo hacen más rápido que nunca. No olvidemos las palestinas que tan molonas eran hace unos años. Que yo sepa, pocos de las que las llevamos alguna vez lo hicimos por motivos ideológicos. Es más, me aventuraría a decir que, a la tierna edad de trece años, la mayoría desconocíamos su significado. Y nadie armó un escándalo. Por suerte para el mundo de la moda, las palestinas han quedado en el olvido y me aventuro a decir que lo mismo pasará en este caso. Cuando quieran darse cuenta, las coronas de flores y de plumas se habrán volatilizado de los looks festivaleros, abandonando su lugar privilegiado en favor del nuevo accesorio de moda. Sólo espero que no digan nada sobre la atracción de los toritos en las ferias y las coronas de plumas que regalan, o lloraré.

Moda con inspiración griega |  © vanidadfemenina.com

Moda con inspiración griega | © vanidadfemenina.com

A favor: Aida González

La cantante M.I.A. luce un burka en una entrega de premios|  © Daily Mail

La cantante M.I.A. luce un burka en una entrega de premios| © Daily Mail

Parece banal cuando te pones esa camiseta de los Ramones que has comprado en Bresca aunque sabes que no te acuerdas de la Rock and Roll Radio. Nadie chilla cuando ve en tu salón ese cartel de Pulp Fiction, película que no has visto. Es ley humana y divina que subiendo la foto de la portada de un libro a Instagram uno queda exento del deber de su lectura. Y sí, hasta este punto, son todo auténticas tonterías. Empieza a ser preocupante cuando te compras ese bolso con la bandera de Reino Unido, insignia de un lugar al que no perteneces y que aún por encima denominas Inglaterra (el por qué a los que hacen esto deberíamos empezar a llamarles Brazo lo dejamos para otro Cara a Cara). Resulta hipócrita cuando llevas un rosario al cuello pero no serías capaz de completar ni el Jesusito de mi Vida. Resulta muy hipócrita cuando a finales de los 2000 se pone de moda ese pañuelo estampado tan chulo y calentito que da un toque grunge sensacional a tus outfits, pero que representa a un grupo de gente cuyos objetivos y cuya lucha desconoces. Y resulta muy, muy hipócrita, cuando te plantas en una entrega de premios vestida con un burka porque el autotune ya no es suficiente para dar algo de interés a tu supuesta música.

Sabes bien, Natalia, que esto sucede. Y sí, hay algo en lo que estamos de acuerdo: cada ser humano está en su derecho inalienable a campar por la vida pareciendo todo lo estúpido que le dé la gana y más. Y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Pero si al promotor de un evento no le interesa difundir la imagen del mismo como un cúmulo de idiotas en todo su esplendor, ¡también es su derecho!

Si al promotor de un evento no le interesa difundir la imagen del mismo como un cúmulo de idiotas en todo su esplendor, ¡también es su derecho!

Abandonando ya este primer criterio, las razones cobran su peso cuando lo que se reclama es el respeto a una historia, a una cultura y a un pueblo. Antes de ir a los festivales a hacer el indio para armar allí una merienda de negros convendría coger algún libro. Y máxime en Norteamérica. La decisión de los organizadores del festival es un pequeño atisbo de memoria histórica y coherencia.

En todo caso, en algún mundo feliz –el de Buda o Schopenhauer- los festivales son eventos en los que se escucha música en directo, se compra merchandising a precios desorbitados y se acompaña la cerveza con perritos calientes resesos mientras se intenta pillar sitio para el próximo concierto. No se sabe qué tiembla más, el equipo de sonido o el suelo con los pogos. La gente se muere de rabia cuando dos bandas geniales tocan a la vez en diferentes escenarios o alguna,a última hora se cae de cartel. Y nadie se preocupa de coronar con flores sus outfits de pasarela, ni de sacarse mil fotos, ni de ponerles filtro… Ni de hacer el indio.

Otra controvertida tendencia, la moda de las palestinas |  © dolcecity.com

Otra controvertida tendencia, la moda de las palestinas | © dolcecity.com

Imagen de portada: surfeame.com