La cruzada del PSOE

“Democracia sí, pero partido” sentenciaba Pedro Sánchez desde Ferraz. Lo cierto es que esta frase podría resumir bastante bien lo que ha pasado en el PSOE durante este escaso mes de campaña y elecciones primarias. Flotaba en el ambiente, silencioso, el antiguo eslogan de “No nos falles” con el que Zapatero captó el mensaje de sus seguidores. No ha habido peticiones, contratos o rogatorios para Pedro Sánchez mas que que sea capaz de enderezar la trayectoria que tiempo ha perdieron. Lo cierto es que no ha habido grandes sorpresas en este debate en ningún momento, hasta el punto en que los avales han sido un claro reflejo de los resultados de la votación.

Resulta habitual que en política se venda como un mérito lo que la necesidad fuerza a hacer

Con Susana Díaz a su espalda, Pedro Sánchez debe hacer frente a no pocas cosas, empezando por la Secretaría General del partido. Cataluña, Bruselas, Génova y Ferraz son los nombres que le quitarán el sueño durante una buena temporada.”Hoy es el principio del fin de Rajoy” ha sido su grito de guerra de general victorioso, o eso ha querido transmitir él una y otra vez. “Ganador”, “vencedor”, “luchador” y demás sinónimos nos han bombardeado el cerebro para decirnos quién era el mejor candidato y quién era el que los militantes debían aupar al éxito. Algo tan sencillo como hacer una campaña que se define como “ganadora”, sumado a dar a conocer que poseía el doble de avales que su mayor rival antes de las elecciones, lógicamente le ha facilitado las cosas. Pan comido si tenemos en cuenta que no habido ningún sobresalto que llevase a sus votantes potenciales a alejarse de él.

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Pedro Sánchez celebrando su victoria ante los militantes socialistas / EFE

Lo cierto es que todo este circo que las primarias ha generado nos deja un sabor de boca agridulce. Es novedoso que un partido mayoritario deje elegir a sus militantes a su Secretario General, pero ha sido una novedad por la que el PSOE sólo ha apostado como última carta. Resulta habitual que en política se venda como un mérito lo que la necesidad fuerza a hacer. Estas primarias no han sido un logro de los socialistas, lo han sido de un contexto económico y social terrible que ha desestabilizado al PSOE. Para mi gusto, ha sido un debate que ha llegado tarde, mal y con (auto)censura. Creo que nadie esperaba una gran confrontación de ideas entre los tres candidatos, pero sí algo de juego en tanto a diferenciarse más allá de declaraciones ambiguas sobre soberanía, consulta, monarquía, federalismo o referéndum.

Estas primarias no han sido un logro de los socialistas, lo han sido de un contexto económico y social terrible que ha desestabilizado al PSOE

Resulta difícil además, después de todo, creer que Pedro Sánchez no haya sido el “candidato del aparato” viendo cómo once de las diecisiete comunidades autónomas han recibido el apoyo de los barones territoriales. ”Falta gente en el PSOE” decía Pedro desde el atril. Curioso si tenemos en cuenta que el PSOE solo consiente una línea ideológica diferente a la de la federación central, Izquierda Socialista encabezada por Pérez Tapias. Mucha liturgia electoral, buen marketing y promesas han sido los protagonistas verdaderos de esta victoria. Todo, orquestado para que el nuevo Secretario General nazca con legitimidad, fuerza, apoyo y la clara consciencia de que le espera una labor titánica si quiere cumplir con las expectativas que han puesto sobre él sus militantes.

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Pedro Sánchez y PSOE verán unidas sus trayectorias en el futuro / PSOE

Lo cierto es, que esta parece ser de verdad la última carta que el PSOE puede jugar para frenar con la caída libre que llevan sufriendo desde hace años. Teniendo en cuenta que si Pedro no saca al PSOE del arroyo, nadie lo hará, no resulta tan descabellado que lo hayan llevado en montura de oro hacia la victoria. El gran reto al que debe hacer frente, a mayores de las primarias para elegir candidato al Gobierno, es la “Reconquista municipio a municipio”. Veremos si este Cid es capaz de tomar Valencia y las alcaldías de España, o por el contrario se convierte en la historia de un Don Quijote con delirios de grandeza y un Rubalcaba escudero que le reprenderá mientras encabeza su propia cruzada.

Foto de portada: Europa Press.