Fútbol asiático, sabor agridulce y regeneración

Después de casi un mes de frenesí futbolístico, de banderas ondeantes en las ventanas y una severa monopolización temática en todo círculo social, el Mundial de Brasil 2014 toca a su recta final. Lo hace dejando, hasta el momento, un sabor de boca excelente. Decepciones, gratas sorpresas, reivindicaciones y, sobre todo, fútbol a raudales para deleitar a un encandilado globo terráqueo. De los cuatro continentes participantes (recordemos que Australia, de por sí perteneciente al continente oceánico, es considerado por la FIFA como parte del grupo asiático) se extraen las más variopintas y contrastadas conclusiones, siendo definidos todos ellos por la práctica totalidad de sus países representantes.

El continente americano está siendo, sin duda alguna, el gran triunfador de este Mundial. A pesar de que el hecho de que un americano vaya a llevarse el trofeo todavía no está, ni mucho menos, confirmado, las sensaciones han sido gratas en su mayor parte. Además de la labor cumplidora de dos de las grandes favoritas y clásicas del fútbol de selecciones como son Brasil y Argentina, otros muchos equipos han dejado como rastro un sensacional bagaje. Entre ellas han brillado Colombia, Costa Rica, Chile, México, Uruguay o Estados Unidos. Muestra de ello es que, de todas las selecciones americanas participantes, únicamente Honduras y Ecuador (curiosamente ambas en el mismo grupo) se quedaron fuera en la fase de grupos.

Grandes selecciones europeas han decepcionado en Brasil

Europa es, en cierto modo, la otra cara de la moneda. A pesar de mantener todavía sus espadas en alto como candidatos al torneo (Alemania sigue siendo la principal baza del viejo continente), el rendimiento de los equipos europeos ha decepcionado como nota general. En contraste con la juventud y desparpajo de los combinados americanos, Europa ha mostrado cartas poco beligerantes, con equipos cansados por las largas temporadas disputadas por sus clubes y esquemas de juego ya tradicionales. España, Italia, Inglaterra, Croacia, Portugal… todas ellas se despidieron en primera ronda ahogando allí sus posibilidades.

Para África, las cosas no han salido bien en este Mundial. Con la nota positiva que claramente dejó el combinado argelino, que a punto estuvo de clasificarse para cuartos ante Alemania, y el regusto cumplidor de Nigeria, son otras las selecciones que han dejado al aficionado con la sensación de que podían haber ofrecido más. Ghana, por su suerte o su falta de efectividad, dejó pasar una clasificación que llegó a parecer que estaba en su mano en ciertos tramos de su partido ante Portugal. Lo mismo pasó con Costa de Marfil, un equipo que perdió su billete a octavos en el último suspiro de su duelo ante los estoicos jugadores griegos. Por último, la Camerún de Samuel Eto’o (quien apenas disputó un partido en el campeonato) se despidió con tres partidos perdidos y consagrándose como uno de los peores equipos del campeonato.

Como invitado de honor o clásico matagigantes solía aparecer el continente asiático. Con las grandes actuaciones de Corea del Sur y Japón en los últimos tres Mundiales (especialmente en 2002 y 2010), todo hacía pensar que las posibilidades de que la historia se repitiese eran relativamente altas. Como principal baza se presentaba el combinado japonés, consolidado y firme con un bloque potente y de gran calidad. Tras ellos, llegaban una Corea del Sur algo debilitada y otras dos selecciones, Irán y Australia, con menos posibilidades de avanzar.

Japón: la caída de la líder de un continente

Japón supuso, para muchos, una de las más grandes decepciones de esta vigésima edición de la Copa del Mundo. Encuadrados en un grupo en el que todo podía ocurrir, junto a Colombia, Grecia y Costa de Marfil, los nipones se despidieron de Brasil con apenas un punto cosechado ante el combinado heleno y con sólo dos goles a favor. Un balance extremadamente pobre para un equipo de naturaleza claramente ofensiva. El mal rendimiento de sus dos grandes estrellas y principales jugadores en las ligas europeas, como son Keisuke Honda (Milan) y Shinji Kagawa (Manchester United), fue clave para impedir que los pupilos de Alberto Zaccheroni se encaramasen a los octavos de final.

Yamaguchi, Honda y Yoshida lamentan su eliminación ante Colombia (Foto: Mark Kolbe / Getty Images).

Yamaguchi, Honda y Yoshida lamentan su eliminación ante Colombia (Foto: Mark Kolbe / Getty Images).

Y es que nada salió bien para Japón en este Mundial de Brasil. Las tres selecciones a las que se enfrentaron supieron leer desde un primer momento y sin apenas dificultades sus pretensiones, desembocando en una desastrosa horizontalidad en su juego que apenas les permitía pisar área. La dificultad de Makoto Hasebe y Hotaru Yamaguchi, los dos jugadores que conformaban el doble pivote, para conectar con los hombres de tres cuartos de campo impedía en gran medida que Japón desarrollase su juego con comodidad. La discutida suplencia del capitán Yasuhito Endo enfocó, además, las críticas hacia un Zaccheroni que ya ha presentado su dimisión como seleccionador nacional de Japón.

Para una selección con todos sus mejores jugadores en la edad adecuada para brillar en un Mundial, parece difícil que esta generación pueda mantenerse íntegra para la próxima cita mundialista. La reconstrucción japonesa deberá realizarse en base a la juventud de jugadores como Kagawa o Yamaguchi, aunque es probable que otros como Honda, Okazaki o Nagatomo todavía lleguen en buena forma a Rusia 2018. Reivindicarse en la Copa de Asia 2015 parece el mayor objetivo a corto plazo.

Corea del Sur: el relativismo de la decepción

A pesar de que el rendimiento de Corea del Sur en este Mundial no puede ser considerado tan decepcionante como el japonés debido a que las expectativas generadas sobre ellos eran mucho menores, su capacidad de pelea se ha visto ampliamente mermada con respecto a las ediciones mundialistas previas. Con un equipo extremadamente joven y una ausencia casi absoluta de jerarquías, los coreanos se han despedido como colistas del grupo H y, al igual que Japón, con un solo punto en su casillero.

Pese a la casi completa regeneración del bloque que compitió de una forma tan extraordinaria en Sudáfrica, donde cayeron en octavos ante Argentina, provocada por la retirada de la selección de jugadores emblemáticos como Park Ji-Sung, Lee Young-Pyo o Cha Du-Ri, las esperanzas coreanas para avanzar a octavos se incrementaron tras la realización del sorteo. Encuadrados junto a unas jovencísimas Bélgica y Rusia y a un combinado argelino algo impredecible a priori, los chicos de Hong Myung-Bo se crecían de cara al evento mundialista.

Kim Young-Gwon encarna la desolación coreana ante Bélgica (Foto: Stu Forster / Getty Images).

Kim Young-Gwon encarna la desolación coreana ante Bélgica (Foto: Stu Forster / Getty Images).

Sin embargo, una vez comenzada la competición se demostró que las tres selecciones contra las cuales competían eran ampliamente superiores a ellos. Tras arrancar un empate regalado por Igor Akinfeev ante Rusia, los coreanos encajaron sendas derrotas ante Argelia y Bélgica, las cuales posteriormente avanzarían a octavos. La falta de cohesión como grupo y, en muchas ocasiones, la ausencia de una verdadera propuesta futbolística, hicieron que Corea del Sur compitiese más por voluntad que por recursos en gran parte de sus partidos.

El buen rendimiento ofrecido por Ki Sung-Yueng, una de las grandes figuras del fútbol coreano que actualmente pertenece a la plantilla del Sunderland inglés, y Koo Ja-Cheol, mediapunta del Mainz 05 germano, fueron algunas de las notas positivas del combinado asiático, junto a los pocos destellos que su gran estrella, el extremo Son Heung-Min, dejó sobre el césped, especialmente ante Argelia. Decepcionante resultó, por otro lado, la actuación de Kim Shin-Wook, delantero de casi dos metros de altura que llegaba avalado por unas brillantes cifras goleadoras en el campeonato local y llamado a ser la referencia ofensiva de su selección.

Australia: buenas sensaciones pese al resultado final

La selección australiana, por su parte, llegaba exenta de toda presión a la cita mundialista. Tras los octavos de final logrados en Alemania en 2006 y su eliminación en primera fase en 2010, los hombres de Ange Postecoglou se presentaban en Brasil formando un bloque muy joven y con inmensas ganas de crecer. La baja de una de sus estrellas, el mediapunta Robbie Kruse, complicaba aún más una clasificación que ya se antojaba imposible tras hallarse en un grupo formado por España, Holanda y Chile, tres selecciones a priori extremadamente competitivas.

Tim Cahill, la despedida de una leyenda (Foto: Dean Mouhtaropoulos / Getty Images).

Tim Cahill, la despedida de una leyenda (Foto: Dean Mouhtaropoulos / Getty Images).

En sus dos primeros partidos, los australianos dejaron, a pesar de sufrir sendas derrotas, un sabor de boca sensacional, con el veteranísimo capitán Tim Cahill despidiéndose en su último Mundial con dos actuaciones espléndidas y dos golazos. El gran rendimiento de otros jóvenes jugadores como Matthew Leckie, el meta Mathew Ryan o el lateral izquierdo Jason Davidson, además de el buen nivel mostrado por otros dos símbolos del fútbol australiano como Mark Bresciano y Mile Jedinak, convirtieron al bloque aussie en un equipo complicadísimo de batir y de naturaleza propiamente batalladora.

Tras perder de forma, en cierto modo, cruel ante Chile y Holanda, y con Tim Cahill sancionado, los de Postecoglou se dejaron llevar ante una España enrabietada y encajaron un 0-3 en contra que emborronó algo una excelente imagen. La Copa de Asia que se celebra en Australia a comienzos de 2015 parece una gran ocasión para que el joven equipo australiano se consolide e intente optar al título.

Irán: poco fútbol, cierta competitividad

Con el cartel de indudable cenicienta, incluso entre los equipos asiáticos, llegaba la selección iraní a Brasil. Dirigidos por Carlos Queiroz y con una de las propuestas futbolísticas más extraordinariamente conservadoras del torneo, sus expectativas iniciales no iban más allá de plantar batalla y despedirse con la cabeza alta. Finalmente, consiguieron llegar a la última jornada con sus opciones de clasificación prácticamente íntegras, y una victoria ante el ya eliminado combinado bosnio los habría catapultado a unos octavos que finalmente se les escurrieron entre los dedos.

Comenzando con un empate a cero ante Nigeria (en uno de los partidos más insulsos de la competición), Irán se mostró inexorablemente rocosa ante una Argentina que sólo consiguió batir la meta de Alireza Haghighi con una genialidad de Leo Messi. La fortaleza de su línea defensiva, aunada al portentoso doble pivote formado por Javad Nekounam y Andranik Teymourian, construía en la zona central del campo iraní un muro de difícil superación. El empleo de jugadores de banda esforzados (por la izquierda jugó a menudo Ehsan Hajsafi, lateral de origen) también ayudó a que traspasar las líneas tejidas por Queiroz fuese una tarea de excesiva complicación.

El bloque iraní, uno de los más conservadores del campeonato (Foto: Clive Rose / Getty Images).

El bloque iraní, uno de los más conservadores del campeonato (Foto: Clive Rose / Getty Images).

La falta de gol, con un Reza Ghoochannejhad completamente solo en la punta de ataque y un Ashkan Dejagah obligado a emplearse en tareas defensivas, lastró finalmente a Irán, que se despidió de Brasil habiendo anotado únicamente un tanto (obra de Ghoochannejhad ante Bosnia). Mantener el bloque en ataque y reforzar un centro del campo algo envejecido parecen tareas clave en Irán de cara a enfocar las próximas citas internacionales.

En términos generales, no se puede decir que el papel de las selecciones asiáticas en Brasil haya sido precisamente brillante, aunque sí han dejado detalles para el recuerdo. El espectacular gol de Cahill ante Holanda fue el regalo más extraordinario para un continente que continuará, a pesar de su escasa tradición futbolística, tratando de crecer y seguir haciendo frente a los equipos más potentes del fútbol mundial.

Mientras tanto, la Copa de Asia empieza a vislumbrarse en el horizonte. Japón y Australia se postulan como grandes favoritas para alzarse con ella, aunque en el fútbol asiático todo es siempre una incógnita. Disfrutar de su exotismo, variedad y capacidad de superación son las claves para aprender a valorar el mérito de estos países que ya se hallan introducidos de lleno en el panorama futbolístico, a pesar de lo complicada que semejaba esa tarea diez o veinte años atrás. A pesar de la lentitud, Asia crece, y pronto llegará a ser gigante.