Fernando Vázquez y la vida en el alambre

Fernando Vázquez no será el entrenador del Deportivo de La Coruña durante este curso. El que parecía el comienzo de una etapa larga y llena de satisfacciones que tenían su primer capitulo en un sufrido ascenso, ha finalizado cuando apenas nadie podía imaginarlo. La feliz historia se ha visto cortada en el momento menos esperado, a tan solo cinco días del comienzo de la pretemporada, circunstancia precipitada por unas declaraciones que no han sentado bien a la directiva y que han terminado por hacer aflorar la tensión oculta entre presidente y míster.

La carrera del preparador gallego en A Coruña ha estado plagada de altibajos. Su llegada levantó muchas suspicacias por su pasado en el Celta, por haber estado varios años sin equipo y por su fama de hacer buenas primeras vueltas y muy malas segundas. Un bagaje no terminaba de convencer a la parroquia coruñesa. Con el equipo al borde del abismo, terminar la temporada con dignidad parecía la tarea encomendada al preparador de Castrofeito. Con el club inmerso en concurso de acreedores y la plantilla molesta por el atraso en varios pagos, el descenso parecía seguro, pero él creía que la permanencia era posible, y terminó logrando que su afición y sus jugadores también lo creyeran.

Sacado de stadiosport.es

Imagen de una rueda de prensa. Sacado de stadiosport.es

Tras el despido de Oltra y la renuncia de Paciencia. Vázquez llegaba como última tabla de salvación, un clavo ardiente al que agarrarse para poder ver la luz. Sumado a una pequeña ayuda que el calendario le daba a los blanquiazules. Y es que los coruñeses se enfrentarían a sus tres rivales más directos por evitar la caída a la Liga Adelante de forma consecutiva a saber Celta, Mallorca y Zaragoza. Situando además en primer lugar el partido perfecto para recuperar sensaciones. El derbi gallego, con todo lo que trae consigo: un lleno asegurado en Riazor, un ambiente de fiesta, todo lo necesario para empezar la lucha por un imposible. La victoria por 3 goles a 1 dejaba a la expectativa a los sufridos aficionados. Logrando imponerse a Mallorca y Zaragoza el milagro podía hacerse real. Y los triunfos llegaron, los seis puntos sirvieron para comenzar a forjar la unión entre grada y entrenador. Y no quedó ahí, sino que se hizo poco a poco más que notable, con el cántico “Si se puede” como estandarte los herculinos, con el ánimo de sus fieles dándoles alas, mantuvieron una dura pugna por continuar un año más el la Liga BBVA. Hasta llegar a las dos últimas jornadas necesitado de una única victoria para poder continuar otro curso en la categoría más alta del fútbol español.

“Vázquez creía que la permanencia era posible, y terminó logrando que su afición y sus jugadores también lo creyeran.”

Pero ese triunfo no llegó y el conjunto gallego regresaba, tan solo un año más tarde al pozo. Y lo hacía en mal momento, con los administradores concursales controlando cada céntimo de gasto, con una deuda reconocida de 160 millones de euros y un acuerdo para la quita del concurso que no terminaba de llegar, perder gran parte de los ingresos obtenidos de las televisiones era un duro golpe para un club cuya salvación administrativa llegó casi en el último segundo del 31 de julio del año pasado. Dejando a los aficionados con el corazón en un puño y a la plantilla sin confeccionar a poco de empezar el curso.

Y ahí Vázquez comenzó a realizar su segunda gran obra. Tras una pretemporada atípica en la que participaron casi tantos canteranos como jugadores del primer equipo, el club llegaba muy justo al arranque de la primera vuelta. La llegada de Culio y Rudy parecía insuficiente para completar un grupo donde había esperanzas en el rendimiento de Insua y que confiaba en la vetarania de Lux y Marchena para guiar a un equipo joven mientras no llegaban los fichajes.

Y las nuevas altas llegaron, casi a la par que las últimas salidas. Bruno Gama se iba, mientras se iban incorporando hombres como Bastón, Luisinho o Wilk que debían adaptarse a marchas forzadas al poco de aterrizar en su nuevo destino. Unos mimbres escasos, mejores que los que comenzaron a entrenar en Julio en Abegondo, pero lejos del nivel que tenía el mismo conjunto hace dos años en la categoría de plata. Un bloque que supo dar lo mejor de si mismo hasta la llegada de refuerzos con el año nuevo, dejando el sueño del retorno más que vivo.

Sacada de mundodeportivo.com

Vázquez celebrando el ascenso. Sacada de mundodeportivo.com

Durante el mercado invernal el Deportivo fichó mucho y bueno, Lopo, Rabello, Toché, Salomao(tras su lesión llegó Ifrán) y un pasado de peso Sissoko llegaban como jugadores de calidad con la meta de mejorar lo que había. El mes siguiente se lograron buenos resultados, hasta que llegó una victoria por 0-3 en Mallorca. En ese instante finalizó el presumible paseo triunfal. El mismo equipo capaz de lograr la gesta de mantenerse en puestos de ascenso directo con una plantilla corta, fue incapaz de mantener el ritmo cuando logró tener jugadores suficientes para tener al fin un grupo compensado y cargado variantes. Las criticas de la grada hacía el estilo de juego comenzaron a arreciar, la paciencia con el mal juego de su equipo fue grande cuando venían mal dadas, pero se agotó rápido cuando consideró el rendimiento del conjunto por debajo de lo esperado. Con más apuros de los previstos, gracias en parte a los tropiezos de sus perseguidores, los coruñeses pudieron salir a celebrar la vuelta a la Liga BBVA por segunda vez en tres temporadas. Vázquez pudo sonreír y celebrar, mientras más de 30.000 enfervorizadas gargantas le pedían que corriera la banda de Riazor.

Poco más de un mes después el de Castrofeito tendrá que buscar un nuevo trabajo. Pagando así el precio de conectar mejor con la grada que con la directiva, de no manejar con soltura los mecanismo del fútbol, especialmente en sus declaraciones y de los constantes altibajos de su apenas año y medio en A Coruña. En resumen los peligros de vivir siempre en el alambre.

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