Los nuevos clamores revolucionarios: dependencia, venganza y egoísmo

Hace más de doscientos años Francia fue escenario de la victoria de un pueblo sobre los privilegios de la nobleza feudal y de la monarquía absolutista, que desde entonces comenzaba a ser vista como un régimen anacrónico. Tres fueron los pilares en los que tratarían de sustentar su nuevo modelo de Estado: la libertad, la igualdad y la fraternidad. También su bandera pasaría a estar compuesta por tres colores, sin por ello tratarse de una simbología fauvista. La intención radicaba en unir los dos colores de la bandera de París con el blanco separador que representaba en el momento a la monarquía.

Nacen como parámetros idealistas que van mutando y cogiendo la forma que la imperfección humana les va dando

Estos tres colores junto a los valores de la Revolución Francesa serían la materia prima sobre la que trabajaría Krzysztof Kieślowski a comienzos de los 90. Lejos de hacer una ovación al tan significativo suceso, creó una trilogía que reflejaría la presencia de esos tres clamores en la sociedad occidental actual. Muchos comenzarán esta lectura o visualizarán las películas creyendo que se trata de una representación individualizada de esos tres principios revolucionarios, sin embargo, el director polaco nos muestra su visión personalizada. Para él, la libertad, la igualdad y la fraternidad nacen como parámetros idealistas que van mutando y cogiendo la forma que la imperfección humana les va dando. Llegan a convertirse así en un intento fallido e hipócrita de lo que realmente querían ser. Como vemos en esta instantánea de la primera película –Azul– el terrón de azúcar va absorbiendo todo el chocolate hasta que acaba por desintegrarse.

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El terrón de azúcar va absorbiendo todo el chocolate hasta que acaba por desintegrarse. Foto de: identi.li

En esta semana muchos recuerdan los emblemas de la Revolución de 1789 y no comprenden como doscientos años después estamos viviendo la sucesión de la Corona de España. Es quizás el mejor momento para recordar estas tres joyas del cine desde un punto de vista crudo, a la vez que embellecido, que nos ofrecen tres colores que conforman un cambio. Embellecida, en gran parte, por la música que el compositor Zbigniew Preisner aportaría a las tres cintas y que dotan de un clima inmejorable a las narraciones.

Bleu: Liberté

Como si de un evocador de sentimientos se tratara, las tres películas comienzan con una tragedia que desencadena toda la trama. La mejor poesía aflora en tiempos de crisis diría aquel cantautor español. El ser humano necesita verse en una situación extrema, en la que nada tiene que perder. Los protagonistas de estas historias comienzan viviendo uno de los peores momentos de su existencia, están perdidos y sienten que la novela que cuenta sus vidas ya ha finalizado, quedando ellos en un decorado en blanco del que desean desaparecer.

Sienten que la novela que cuenta sus vidas ya ha finalizado, quedando ellos en un decorado en blanco del que desean desaparecer

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La primera reacción de Julie será huir de la escena en la que ya solo figura ella. Foto de: storyhug

En esta primera entrega, Julie Vignon acaba de ver morir a su marido e hija en un mismo accidente de tráfico. Con esta bofetada de realidad comienza Azul. La primera reacción de Julie será suicidarse, huir de la escena en la que ya solo figura ella. “Si amamos dejamos de ser libres, nos volvemos dependientes de la persona que amamos”, que diría Kieślowski para definir esa primera columna que erigía la Revolución Francesa –la libertad–, como un deseo intrínseco que rara vez logramos alcanzar. El mundo siguió su curso, como acostumbra hacer, y la destruida mujer decide escapar de las miradas compasivas de sus conocidos. Lo único que tiene es ese dolor, lo transforma en el motor que empuja sus pasos hasta que un nido de ratones se cruza en su camino. Cuando tiene que enfrontarse por sí misma a sus miedos, cuando comprende que ni su marido era tan perfecto, ni la partitura que dejó a medio escribir era del todo suya, fue cuando alcanzó la libertad.

El color azul aparece de forma sutil en momentos inesperados. Sirve de obstáculo para lograr la libertad, pero también es la libertad. Julie vuelve a retomar las riendas de su vida, deja de ser musa para ser creadora, pero no se da cuenta de que se va sumergiendo en otra relación que será la nueva delimitadora de su auténtica autonomía. “Aspiramos a la libertad, pero no la conseguimos”, finalizaría el cineasta.

Blanc: Égalité

Un año más tarde, y siguiendo el orden de las franjas de la bandera francesa, aparece Tres colores: Blanco. En esta ocasión el motivo a retratar sería la igualdad, aunque pronto nos damos cuenta de que es más bien la venganza de un hombre abandonado por su pareja. Esta ruptura sería el elemento que desencadenaría las acciones de nuestro nuevo protagonista, Karol. Desde que aquella paloma le regala una cagada blanca al salir del Palacio de Justicia –justicia que le perseguirá en el resto del relato– el que comienza siendo la víctima del filme irá abriéndose camino entre sus desgracias.

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Karol comienza buscando el camino para recuperar a Dominique. Foto de: identi.li

De nuevo, el director polaco le da la vuelta completa al significado de igualdad. Karol viajará a Varsovia para hacer fortuna, para demostrarle a su exnovia que puede ser todo lo que ella necesita. La esperanza de una posible reconciliación sigue brillando en su mirada, desgraciadamente, los retorcidos acontecimientos acaban por sepultar su ingenuidad. No intento destripar el desenlace, pero no será hasta ese momento cuando encontremos la vinculación entre el relato y la igualdad. Nos damos cuenta de que la intención de Karol no es equipararse a Dominique, su expareja, es devolverle el golpe que lo dejó en la más absoluta desesperación. Recurriendo una vez más a las palabras de Kieślowski: “están aquellos que son iguales y aquellos que son más iguales. La idealización del uso teórico de término y el hipócrita uso práctico. 

Rouge: Fraternité

Finalmente llega el turno de la fraternidad. Es el más olvidado y el que la actualidad menos importancia presta. Sobreentendemos que es algo que va dentro de la persona, e incluso está bien visto ser un individuo con poco sentido de conjunto. Solidaridad podría ser un sinónimo acertado. Como la que desprendemos al buscar el dueño del perro que acabamos de atropellar por accidente. Así comienza el proceso en el que Valentine, último sujeto a análisis, encuentra en Joseph Kern, un viejo juez que espía a sus vecinos.

filmforen.ne

“En cualquier momento la vida puede ser frescor”. Foto de: filmforen.de

De tal forma, volvemos a impregnar de egoísmo los valores universales que todo el mundo debería poseer. Cuando descubrimos a otra gente, seguimos pensando en nosotros y en lo que esa persona nos puede aportar. Sin ser conscientes queremos a alguien por lo que proyecta en nosotros sin sentir necesariamente un verdadero apego. Una campaña publicitaria sobre chicles que protagoniza Valentine tendrá como slogan: “En cualquier momento la vida puede ser frescor”, cualquier elemento puede renovar el aire que nuestra mente va encerrando.

También el cineasta juega con el destino entremezclado con el uso del color rojo, que volverá a tener el protagonismo dado en Azul y que Blanco deja un poco de lado por la dificultad de la tonalidad. Nos ofrece de este modo momentos dignos de aplauso como la escena final en la que aparece uno de los carteles publicitarios que Valentine tiene por toda la ciudad. Recupera la ilusión que el destino causa en el amor. Cuando dos personas se conocen incluso antes de estar enamorados:

“Me gustan los encuentros casuales; la vida está llena de ellos. En este momento, en este café, estamos sentados al lado de extraños. Todo el mundo se levantará, se marchará y seguirá su camino. Y, entonces, nunca más se volverán a encontrar. Y si lo hacen, no se darán cuenta de que no es por primera vez”.

Krzysztof Kieślowski

La pretensión política del director nunca quedó del todo clara. Su principal objetivo era retratar la mutación de los viejos principios revolucionarios mediante tres sustitutivos más reales: la dependencia, la venganza y el egoísmo.  Nos deja así una trilogía impregnada por los colores que representan al país creador del movimiento, pero que reflejan la renovación de estos clamores. La mejor elección para una semana de cambios.