El pálpito del corazón tricolor

Praza do Obradoiro, Santiago de Compostela |  ©Andrea Oca

Praza do Obradoiro, Santiago de Compostela | ©Andrea Oca

En los últimos años, los españoles estamos acostumbrados a despertarnos con pocas legañas en los ojos y demasiadas preocupaciones en la cabeza. El paro, la corrupción, una crisis que ahoga hasta al mejor nadador… Nuestro contexto económico y social reviste un gris tan pesimista que hace que sacar los pies de la sábana sea un auténtico acto de heroicidad. Y aún así, lo hacemos, movidos por una esperanza cada día más tímida pero siempre presente.

Sin embargo, hay despertares más interesantes que otros, como fue el de anteayer, lunes, 2 de junio. Como inauguración oficial del mes, Juan Carlos I de Borbón, Rey de España, anunciaba su abdicación, dejando la corona en manos de su hijo, el Príncipe de Asturias, Felipe de Borbón.

Praza Maior, Lugo | © Miguel Grandío

Praza Maior, Lugo | © Miguel Grandío

El país se puso en funcionamiento y las cabezas de los ciudadanos españoles fueron al desván de los debates atemporales para recuperar la histórica discusión que se establece entre dos formas de Estado: Monarquía o República. De nuevo el dilema sobre la mesa, desgraciadamente simbólico, más adelante veremos por qué.

Barcelona | ©Iván Dacal Rodríguez

Barcelona | ©Iván Dacal Rodríguez

 Tras conocerse la noticia y mientras que Televisión Española emitía un Mensaje de Navidad en donde las uvas eran remplazadas por cremas de protección solar, las redes sociales se deshacían en plena efervescencia. Twitter y Facebook construían auténticas autopistas de opinión, que fueron ensanchándose hasta dibujar un nuevo carril, el del activismo. Se convocaron manifestaciones en favor de la III República en la inmensa mayoría de las ciudades españolas.

Sol, Madrid | ©Alberto Losada

Sol, Madrid | ©Alberto Losada

A las 20h todo aquel que no aceptase la llegada de un nuevo rey estaba llamado a las calles para ondear la bandera tricolor. Una vez más, las tecnologías de la comunicación demostraron todo su potencial, siendo artífices de las concentraciones presumiblemente multitudinarias que tuvieron lugar a la hora indicada en los sitios esperados.

Calle Príncipe, Vigo | ©Pablo Portela

Calle Príncipe, Vigo | ©Pablo Portela

20.000 personas en Sol, Madrid, según la Policía. 5000 en Barcelona, recontaba la Guardia Urbana; y otras tantas en diversos puntos de España. Cifras de participación en unas concentraciones convocadas el mismo día y no alentadas por los grandes medios de comunicación. Una parte importante de españoles decidió aprovechar la oportunidad que la historia le estaba brindando. Decidió alzar la voz ante una exigencia que tenían adormilada a causa de las pesadillas reportadas por otros monstruos más cotidianos. Un sector importante, apoyado por algunas fuerzas políticas -entre las que, por razones obvias, no se dejó caer el bipartidismo-, ocupó las plazas y calles españolas pidiendo el inicio de un proceso constituyente a través del cual la ciudadanía española pueda ejercer de soberana y decidir qué tipo de forma de Estado quiere, expresando su voluntad a través de un referéndum.

Praza do Toural, Santiago de Compostela. En Galicia, a los gritos de República se le unían los de independencia |  ©Andrea Oca

Praza do Toural, Santiago de Compostela. En Galicia, a los gritos de República se le unían los de independencia | ©Andrea Oca

 Pero la soberanía popular, al igual que el debate monárquico-republicano, son símbolos que decoran mucho pero cuyos resultados no se aplican en la vida real. Y ello está motivado por la rigidez con la que en España se interpreta y utiliza la Constitución. Nuestra Carta Magna debe estar hasta las narices de que la usen como escudo de todo, pues tanto sirve como valedora de los derechos fundamentales de los que gozamos, como de ente inmutable que pone más obstáculos al progreso que cualquier yincana de campamento. Reformar la Constitución supone conseguir una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, convocar elecciones para erigir unas nuevas, que éstas ratifiquen la decisión con sus respectivos dos tercios y, finalmente, someter la propuesta a referéndum. Ojeando nuestro Congreso, donde el Partido Popular cuenta con una mayoría bastante holgada de diputados, parece bastante obvio que el éxito es una utopía remota.

 Aunque parece haber otras alternativas. Rafael Escudero Alday, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, saca a colación el artículo 92 del texto constitucional, según el cual el presidente del Gobierno tiene potestad para proponer un referéndum consultivo sobre cuestiones políticas de vital importancia. A pesar de que esta vía no es vinculante, tal y como apunta el profesor, permitiría saber qué opina verdaderamente el pueblo español sobre este tinglado de coronas y princesas que tenemos montado.

Sol, Madrid | ©Alberto Losada

Sol, Madrid | ©Alberto Losada

Hay que asumir que los argumentos en contra de permitir una consulta al respecto suenan ya a rancio y a inmovilismo. No podemos perpetuar una forma de Estado en las contribuciones (más o menos polémicas) que el Rey ha hecho a España. Es momento de crecer y enfocar nuestros análisis hacia las necesidades del futuro y no anquilosarse en odas pasadas. Ejercicio que también tiene pendiente la sección republicana de nuestro país, que en la línea de lo dicho por Julio Anguita en una entrevista al diario Público, tiene que dejar de gastar fuerzas en ondear banderas del tamaño de un mantel y sentarse a negociar un proyecto republicano sólido que responda a las exigencias del siglo XXI.

 La realidad es que tras al abdicación del Rey, el sentimiento republicano ha florecido. La realidad es que las redes sociales se erigieron como promotoras del empoderamiento de la población. La realidad es que en España hay una masa crítica bastante amplia que está ávida de cambio pero, sobre todo, de participación. De poder decidir. De hacerse mayor e independizarse de los grilletes de quien teme que las cosas puedan ser diferentes.

Praza do Toural, Santiago de Compostela | ©Carlos Rey

Praza do Toural, Santiago de Compostela | ©Carlos Rey

Foto destacada: Puerta del Sol, Vigo (Pablo Portela)