Vanguardias en Compostela: el surrealista tardío

En las últimas semanas hemos hablado mucho en Compostimes de las vanguardias históricas. Nombramos pintores extranjeros, contamos sus historias y la ideología que había inspirado su obra, pero, a veces, la oportunidad de conocer a un gran genio está más cerca de lo que pensamos. Eugenio Granell es un artista multidisciplinar, un surrealista tardío cuyas obras están presentes en el MOMA de Nueva York, en el Reina Sofía y también en un increíble edificio situado en la Plaza do Toural. Así, el corazón del casco histórico de Santiago alberga un pequeño secreto, un lugar digno de conocer para todo amante del mundo del arte, la Fundación Granell. Este pintor gallego nació en A Coruña en 1912 y pasó en Compostela su infancia y juventud. Después de su reconocida trayectoria en el mundo del arte, en 1995 se creó en Santiago esta fundación con vocación de conservar y difundir el legado de un artista de mil ciudades en la urbe que lo vio crecer.

Detalle de Autorretrato, Granell, 1944 | ©Marta R. Suárez

Detalle de Autorretrato, Granell, 1944 | ©Marta R. Suárez

Eugenio Granell: El ojo del pintor es un sexto sentido

Incluso el edificio que alberga la Fundación, el Pazo de Bendaña, es espectacular. Mirando hacia la fuente de Toural, su fachada de mediados del siglo XVIII es un claro representante del Barroco Compostelano, especialmente presente en las rejas de los balcones, cosidos a la fría fachada de piedra. Desde luego, el edificio de Fernández Sarela es un lugar muy apropiado para viajar al particular universo de Granell. En su obra de alto componente onírico está también presente su espíritu cosmopolita. Granell viajó mucho durante su vida de exiliado hasta que, en 1985 vuelve a España. Mención especial merece Amparo Segarra, a quien conoció en su camino al exilio y que se convertiría en su compañera por el resto de su vida. En este relato de la también artista se pone de manifiesto la dureza de su marcha, una experiencia que compartieron.

Cazadores indios, 1947| © Marta R. Suárez

Cazadores indios, 1947| © Marta R. Suárez

Granell iba a ser músico y por eso abandonó Compostela para continuar con sus estudios en el Conservatorio de Madrid. En la capital se acercó al Partido Obrero de Unificación Marxista. Desde siempre, las convicciones políticas habían sido un rasgo marcado en la personalidad del artista. Su hija, Natalia Granell, llegó a decir que la militancia de su padre había sido una de las cosas más importantes de su vida. Pero esas convicciones no tardarían en traerle problemas cuando estalló la Guerra Civil. En 1939 tiene que exiliarse. Primero viaja a Francia y, posteriormente, a países latinoamericanos. En la República Dominicana conoce a André Bretón, el autor del Manifiesto Surrealista. Durante su estancia en lationamérica estuvo presente en varias exposiciones colectivas, la primera de ellas celebrada en Ciudad Trujillo en 1942. Esa sería la experiencia que marcó el resto de su vida y que logró impregnar su obra. En 1956 viaja a Nueva York y allí obtiene su título en Sociología por la New School for Social Research. Su legado es mundialmente conocido y como prueba está su Premio Internacional de Cultura de la Funcación Colpley de Nueva York, un galardón que tenía entre el jurado a Marcel Duchamp. También en España se reconoció su obra con la Medalla de Oro de Bellas Artes o la Medalla de Oro al Mérito Cultural.

Cacique tribal, 1969 | © Marta R. Suárez

Cacique tribal, 1969 | © Marta R. Suárez

Eugenio Granell: Yo nací surrealista, de niño dibujaba arquitectura y castillos fantásticos y cuando conocí a los surrealistas supe que yo ya había hecho aquello antes

Recreación del estudio de Eugenio Granell | © Marta R. Suárez

Recreación del estudio de Eugenio Granell | © Marta R. Suárez

La Fundación es un lugar hecho a medida, que acoge al visitante cuando, nada más entrar, Neno, la escultura de Xurxo Oro Claro parece mirarte tras su reluciente tez de metal. Para llegar a las salas de exposiciones hay que subir una majestuosa escalera de piedra llena de pequeños detalles que nos deleitan en el camino hacia las obras. Fragmentos de libros y citas del artista pueblan las paredes blancas iluminadas por ventanas ocasionales enmarcadas en piedra. En las salas de exposición los ambientes están perfectamente cuidados y transmiten, nada más entrar, sensaciones al visitante. Tanto las obras propias como ajenas, un total de 600, componen un mosaico único, una puerta abierta hacia el misterioso mundo del surrealismo. Es un lugar destinado a representar la obra del artista, pero también su vida y su personalidad, todo un acierto teniendo en cuenta que es casi imposible desligar ambas facetas. En la recreación de su estudio nos invitan a sentarnos en el sillón y dejar volar la imaginación. Un edificio en el que perderse entre los sueños para encontrar a Granell. Un pequeño refugio para el espíritu a unos pasos de casa.

© Marta R. Suárez

© Marta R. Suárez

Foto de portada: Marta R. Suárez