La modista del surrealismo

“Un vestido se convierte en un objeto indiferente, a veces en una lamentable caricatura de lo que una quería que fuese: un sueño, una expresión”.

Elsa Schiaparelli

París, a comienzos del siglo XX, fue el centro neurálgico de las ideas, movimientos e innovaciones que surgieron en Europa. Sobre todo, en el ámbito del arte. En la ciudad del amor vivían en conjunción escritores, artistas, inventores y, entre ellos, modistas. Durante los años 30 y 40, marcados por las guerras, se hizo latente la importancia de la figura de la mujer, y un caso ejemplar nos lo encontramos en el mundo de la moda. Giraba en su totalidad en torno a la alta costura y estaba en manos casi exclusivamente de mujeres. Vionnet, Lanvin o las hermanas Callot gozaban de gran reputación y tenían sus maisones, cada una con su clientela exclusiva. Ellas concentraban todo el poder y, sobre todas ellas, se encontraba Coco Chanel. Introdujo en la costura los conceptos de juventud y racionalismo y defendió que lo suyo era un oficio y no un arte. Su concepción de la profesión radica en que “la moda que no se hace para las masas no es moda, pues muere al nacer”.

Como en cualquier momento histórico, aparte de existir los movimientos principales, existen otros contrarios. En los momentos de crisis, la razón y la formalidad se ven eclipsados por la fantasía, el capricho y lo accesorio. Y el París de los años 30 no fue la excepción. Teniendo artistas cubistas, arquitectos racionalistas y la concepción de volver a lo básico en la costura de Chanel, surgieron movimientos alternativos, como el surrealismo, entre los que destaca Elsa Schiaparelli en la moda. Con sus diseños vanguardistas, desenfadados y coloridos, esta diseñadora se hizo un hueco entre las modistas más prestigiosas del momento, convirtiéndose en la única rival seria de Chanel. “La artista italiana que hace ropa”. Con estas palabras se llegó a referir a Schiaparelli, con quien compartía clientela, algo que no le hacía especial gracia. Ambas modistas llevaron la guerra a su campo, que fue seguida fervientemente por la prensa.

Retrato de Elsa Schiaparelli | mutantesideral.wordpress.com

Elsa Schiaparelli nació en 1890 en el seno de una familia de aristócratas italianos. Rebelde y tímida, siempre soñó con ser actriz. Sin embargo, las pretensiones de sus padres eran distintas y terminó estudiando filosofía. Tuvo una infancia convulsa. Las opiniones de su madre, criticando su estatura y sus rasgos físicos, dejaron mella en su producción posterior, que marcaría un antes y un después en el mundo de la moda.

En un intento de calmar sus ansias de libertad se mudó a Londres. Allí conoció al teósofo Wilhelm Wendt de Kerlor del que se quedó terriblemente prendada, y con el que finalmente se casaría en 1914. Todo parecía irles bien. Juntos se mudaron a Nueva York, donde Elsa tendría el primer contacto con el mundo del arte, en concreto, con el círculo de los artistas avant-garde de la época. La amistad de la pareja con Man Ray, Marcel Duchamp o Francis Picabia, entre otros, volvió su estilo de vida mucho más bohemio, lo que pasaría factura a su relación. El dinero se acababa, su hija Gogo tenía problemas de salud y que su marido se ausentara con frecuencia contribuyeron a que la pareja se divorciase a los pocos años.

En busca de tratamiento para la polio de la pequeña Gogo, Elsa se mudó a París con su hija. Allí tenía varios trabajos, y uno de ellos era en el restaurante LeBœuf sur le Toit, al que iba la gente importante de París. Su círculo de amigos artistas siguió creciendo. Tanto, que un día acompañó a una amiga a una prueba de ropa en el taller de Paul Poiret, uno de los diseñadores más importantes del momento. Mientras esperaba se probó algunos diseños, a pesar de que sabía que no podía permitirse semejantes piezas. El propio Poiret la vio y pensó que, sin duda, una chica tan atípica como Elsa sería buena publicidad para su ropa y la invitó a que se llevase algunos de sus diseños. El contacto con la Casa de Alta Costura, con el lujo, la calidad, los colores, los bordados y las formas, encendieron una chispa en Elsa y que resultaría ser uno de los puntos de inflexión en su vida.

Con su primera colección de prendas de punto, rica en motivos geométricos, alcanzó su primer éxito

Sintió la llamada de la moda y empezó a diseñar vestidos por su cuenta para conocidas. Incluso el modisto Paul Poiret pretendió que trabajase para él en su atelier, pero Schiaparelli ya había emprendido su proyecto en solitario, de manera que tenía la capacidad de expresarse al máximo. En 1927 abrió la boutique Pour le Sport, que no despegaría hasta el año siguiente cuando estableció los talleres, salones y oficinas en el número 4 de la Rue de la Paix. Con su primera colección de prendas de punto, rica en motivos geométricos, alcanzó su primer éxito: un jersey blanco y negro con una gran lazada en trampantojo, que fue considerado una obra maestra por la revista Vogue y exportado a los Estados Unidos. Con los logros conseguidos se trasladó a la que sería conocida como la Schiap Shop en la Place Vendôme.

Shoe-hat | zapatosdediseno.com

El surrealismo fue su fuente inspiración

Elsa Schiaparelli con su amigo Salvador Dalí | blogspot.com

Elsa Schiaparelli con su amigo Salvador Dalí | blogspot.com

El surrealismo fue su fuente inspiración. Trabajó con Salvador Dalí, con quien creó piezas legendarias como el traje con bolsillos de cajones, el shoe-hat o zapato-sombrero, o el mítico vestido langosta; y con Jean Cocteau, cuyos dibujos plasmó en abrigos, vestidos de noche y joyería. Los motivos de sus prendas eran cada vez más variopintos, jugando con contrastes de colores y sombras. La mezcla entre alta costura con ropa deportiva tuvo gran impacto al otro lado del charco, donde fabricantes textiles le ofrecieron sus primeros acuerdos de licencias. De 1929 en adelante, introdujo cambios e innovaciones en materiales, como chubasqueros de lana y seda, monos con cremalleras de colores, o la falda pantalón que utilizó la tenista española Lili Álvarez en 1931 en Wimbledon y que tanto revuelo causó. Esta incansable búsqueda la llevó a conseguir tejidos revolucionarios como el rodófano -transparente y frágil como el cristal- o rayón crepé triturado, parecido a la corteza de árbol.

La mezcla entre alta costura con ropa deportiva tuvo gran impacto al otro lado del charco

Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que marcharse a Nueva York y no volvió a Europa hasta el final de la contienda. Peleó por mantener la maison abierta y seguir proporcionando trabajo, pero los horrores de la guerra eran demasiados. En Estados Unidos dio una serie de conferencias bajo el nombre “Ropa y la Mujer” que congregarían gran cantidad de público. Hasta recibió el premio Neima Marcus por sus servicios a la moda.

Cuando regresó a París, se encontró una ciudad en que reinaba la austeridad New Look de Christian Dior, y ante esto ya no pudo competir. El colorido y el hedonismo de Elsa no fue aceptado en una nueva sociedad que se recuperaba lentamente de las consecuencias de la guerra. Cerró su Schiap Shop en 1954 y se retiró de la moda, dejándole paso finalmente a Coco Chanel, que justo reabría ese año su tienda parisina. Elsa escribió su autobiografía, Shocking Life, y vivió un cómodo retiro entre su apartamento de París y su casa en Túnez hasta su muerte en 1973.

Cuando regresó a París, se encontró una ciudad en que reinaba la austeridad New Look de Christian Dior

Fue una pionera por hacer colecciones inspiradas en temas como el deporte o el mundo oriental, y por ello su figura no ha quedado en el olvido. En el año 2012 el Metropolitan Museum of Art le rindió homenaje en el Costume Institute con la exhibición Schiaparelli Prada: Impossible conversations. En esta exposición se exploraron las sorprendentes coincidencias que existen entre los trabajos de Elsa Schiaparelli y Miuccia Prada, que sugirieron nuevas lecturas de sus trabajos más innovadores. Aunque pertenecieron a épocas distintas, se centraron en cómo las dos diseñadoras indagaron en temas similares desde distintos enfoques. La muestra contó con más de cien diseños y cuarenta accesorios hechos por Schiaparelli desde los años 20 a los 50.

En el año 2006 se anunció la compra de los derechos de la marca por parte del CEO de la firma TOD’s, Diego Della Valle, quien define a Elsa como “una fuente de inspiración para muchos diseñadores por sus ideas excepcionales y absolutamente creativas. Llevaremos a cabo una representación de su trabajo muy fiel pero muy contemporánea al mismo tiempo, persiguiendo el objetivo real de volver al sueño y a su modernidad”. Por su parte, la modelo francesa Farida Khelfa, se convirtió en la imagen oficial de la firma. Considerada como la perfecta embajadora del estilo Schiaparelli, Khelfa concluye que “Elsa fue la primera diseñadora que mezcló moda, arte y Alta Costura, inspirando, hasta hoy, a muchísimos diseñadores a lo largo de todos estos años”. El diseñador Marco Zanini se convirtió en el responsable de reinventar la estética surrealista de Elsa Schiaparelli en pleno siglo XXI, contando con importantes colaboradores como Christian Delacroix. Este último ha realizado una colección cápsula de quince piezas que se presentó en la Semana de la Moda de París y que se exhibió en el mítico número 21 de la Place Vendôme, donde se ha construido un espacio-homenaje.

“En esta persona, que encarna a una verdadera aristócrata, encontramos a un espíritu en el que las matemáticas, la literatura y la poesía confluyen: Elsa es una esfinge sagrada que nunca deja de interrogarnos, a la vez que arroja nuevos enigmas como respuesta. Arte, teatro, cine… mi deseo es devolver a Elsa al centro de su Maison y al escenario desde el que sedujo al mundo en su día”. 

Christian Delacroix