El delicioso jardín de los deleites: Pecados y juego (III)

La labor que se le había encomendado a El Bosco consistió en revestir con cuerpos nuevos ideas antiguas o tradicionales. Después de comenzar con la tabla central, las delicias continúan.

Zona central | esnobgourmet.com

El estanque de forma elíptica se asemeja a la Fuente del Amor de los jardines de los Hijos de Venus, pero es algo más. Alrededor de él, una muchedumbre masculina cabalgando unas bestias observa a las mujeres desnudas que se bañan en él. Los estanques no están limpios. Son focos de concupiscencia, el origen de todos los males. En aquella época, el baño podía aludir a Venus, y por lo tanto, al amor carnal. Todos salen en formación y algunos están desperdigados. Incluso un hombre parece no haber podido resistir la espera y se ha precipitado en el agua, siendo recibido por una muchacha.

Las frutas son una alusión a los placeres carnales, y al mismo tiempo simbolizan la fugacidad de dicho placer, ya que en pocos días pasan de la frescura a la putrefacción

Detalle | jahartwick.blogspot.com

Sobre sus cabezas, y también distribuidas por toda la pintura, las cerezas hacen acto de presencia. Todas las frutas –cerezas, fresas, uvas, etc.– son una clara alusión a los placeres carnales, y al mismo tiempo simbolizan la fugacidad de dicho placer, ya que en pocos días pasan de la frescura a la putrefacción.  Los cuervos que pululan en gran cantidad se consideran negativamente. Su fama de carroñeros y el plumaje negro los convierten en el camuflaje de los pecadores. Los animales cabalgados son muy variados. Además de los caballos, también encontramos leones, leopardos, camellos, grifos, asnos, unicornios, etc. el sentido primero de esta cabalgata es el deseo en sus diversas formas.

En esta época se origina una iconografía muy particular para aludir a los pecados capitales. Cada uno está representado por un hombre con una bestia, que corresponde a un diablo concreto. Por ejemplo, el orgullo es un príncipe que cabalga en un león, y si demonio es lucifer; o la ira, que monta un leopardo, y que simboliza al diablo Leviathan. Asimismo, las aves, como el petirrojo, son también símbolos eróticos y pecaminosos, en concreto de la lascivia. Algo que destaca en esta zona de modo especial, que también aparecerá en el Infierno, son las grandes dimensiones de pájaros, frutos, plantas o peces. Detrás de esto, viene reflejada la idea del mundo al revés, que era muy común en el lenguaje iconográfico de la época, y es que la relación entre estos elementos nada tiene que ver con la realidad. Siendo tan inmenso el número de personas desnudas y tan claras sus pretensiones, contrasta con la escasa diferenciación sexual de la mayoría y con la semejanza de todos los cuerpos de cada género. Es como si pintara continuamente al mismo hombre y a la misma mujer, por ello, es de suponer que sea un efecto buscado para representar la humanidad, más que a alguien en concreto.

Las grandes dimensiones reflejan la idea del mundo al revés

Parte superior | paperblog.com

Parte superior | paperblog.com

Donde la fantasía alcanza su punto culminante es en la zona superior, con detalles que se perciben difícilmente por su pequeñez y rarez. Todo está dominado por las construcciones, que se encuentran en el agua o en sus bordes. Al fondo, las aguas se canalizan por cuatro caminos, que simbolizan los cuatro ríos del Paraíso terrenal, como en la primera tabla. Las formas caprichosas del ala izquierda estaban libres o en ellas se encontraban pájaros, mientras que en esta se descubren los humanos. Por el cielo son muchos los que vuelan, desde el grifo que lleva a un hombre, cual Alejandro Magno en el poema fantástico El Libro de Alexandre, hasta humanos alados, algunos de los cuales sostienen grandes peces.

El infierno musical

El Bosco es el pintor del infierno por excelencia. Es uno de los más fantásticos aunque resulta menos novedoso que la gran tabla central, ya que al artista siempre se le permitió expresarse con total libertad a la hora de recrear su interpretación del infierno y los diablos del pensamiento cristiano. Si se compara este infierno con otros que el artista hizo a lo largo de su vida, es evidencia que se asemejan relativamente y que existe una voluntad de crear algo distinto cada ocasión, manteniendo siempre unas ideas básicas. Se trata tanto de una exigencia personal como requisitos de sus clientes, que esperaban experimentar sorpresa con las obras encargadas.

En la tabla derecha se perciben unos efectos lumínicos de notable modernidad. Aunque los tonos dominantes sean los colores oscuros, coincide con los ambientes anteriores en que se ha vuelto a utilizar una altísima línea del horizonte, que permite recrear un espacio visual muy amplio, donde ocurren cosas totalmente diversas. Los fuegos e incendios dominan la zona más alta, donde se contemplan ámbitos dramáticos y misteriosos, como nadie había obtenido hasta entonces. Es, al mismo tiempo, una zona ambigua, donde todo se ve entre sombras y luces, con cabalgatas de ejércitos extraños o personas desnudas que se ahogan en lagos de agua o fluidos ígneos.

El contraste entre frío y calor es uno de los castigos que la tradición cristiana decía que se sufriría en el infierno

Hombre-árbol | grupomagmauniversal.blogspot.com

En la zona media vemos unos patinadores desnudos, sobre una fina capa de hielo que se resquebraja, con lo que van a parar a las aguas heladas en las que ya se encuentra algún condenado. El contraste entre frío y calor es uno de los castigos que la tradición cristiana decía que se sufriría en el infierno. Igual que en la tabla central, hallamos ciertos signos de inversión. En la zona baja, junto a los jugadores castigados pasa un gigantesco conejo que ha cazado a un humano que lleva colgado de un palo. Se trata de un tópico de inversión muy frecuente en la decoración de los códices góticos. Toda la tabla está dominada por una figura inolvidable: el hombre-árbol, un cuerpo abierto, en cuyo interior se desarrolla una escena tabernaria. Sobre la cabeza tiene un plato que sirve de plataforma a un grupo de seres inquietantes que giran en torno a una gaita, también llamada cornamusa, que solían estar a las puertas de los burdeles. Este elemento se apoya en sus brazos, en dos barcas que se mantienen en equilibrio inestable sobre el agua. No sólo representa la ambigüedad, sino también inestabilidad, que no se presentaba en las dos primeras tablas, en las que los hombres caminaban sobre suelo firme. El cuerpo tiene algo parcialmente humano pero con forma de huevo. Está roto y sólo existe en parte. Es hueco, y dentro se esconde una taberna: se trata de la imagen del engaño. A la mesa tabernaria se sientan varias personas desnudas en un ambiente nocturno y misterioso, tomando la imagen un tono pecaminoso centrado en la lujuria y el castigo. Este singular personaje se percibe con una sonrisa ligeramente burlona. Es el engañador por excelencia, inestable en la forma y en el equilibrio: el Diablo, en definitiva.

Detalle del ave con cuerpo humano | 20minutos.es

Descendiendo hasta el primer plano destaca un personaje con cabeza de ave sentado en un retrete y con una caldera en la cabeza. Los estudiosos dicen que podría tratarse de Satanás devorando a los condenado y defecándolos en un pozo negro en el que otros personajes vomitan inmundicias o excrementan oro, esto último quizá como alusión a la avaricia. Bajo su obligación, una mujer desnuda es forzada a observar su reflejo en el espejo, aludiendo al pecado de la soberbia.

Comienza un infierno nuevo, sin llamas ni fuego, pero imaginativo. No deben existir dudas sobre lo que aquí se condena. Es el llamado infierno musical, donde los instrumentos y la música son los mismos verdugos. La Iglesia siempre intentó establecer diferencias entre la música celeste y la terrestre. La segunda es la música profana, considerada sensual y lasciva, generadora de pecado. Si en la tabla principal todo apunta a la lujuria, se diría que aquí los posible castigos responden a los siete pecados capitales y a otros vicios comunes en la sociedad medieval: la afición desmedida a los juegos de azar. En la parte inferior un supuesto jugador ha sido vencido por un diablo ratonil. Un puñal atraviesa su mano derecha, mientras el corazón ha sido traspasado por la espada de la bestia. Y sobre la espalda, un escudo circular presenta una mano cortada y clavada que sostiene un dado. Los textos jurídicos hispanos medievales dejaron constancia de que ciertos hurtos fueron castigados con la mutilación de la mano.

Jugador vencido | cadenaser.com

Además de la crítica al juego, la presencia de instrumentos de escritura, el pergamino sobre las rodillas del hombre desnudo acosado por el cerdo con toca de monja y los documentos sellados en mano de la otra persona vestida, aluden todos a documentación falsificada y notarios corrompidos. Causa gran impresión el escenario donde siete perros famélicos hurgan ferozmente en el vientre abierto de un caballero vestido con armadura. Llevaba un estandarte con un sapo como emblema, que está considerado como un signo negativo. Además, todavía sostiene un cáliz en su mano. Finalmente, como un arma, una metáfora sexual de genitales masculinos, una de las imágenes de referencia del Infierno: las dos grandes orejas traspasadas por una enrome flecha, que no se sabe quién disparó, con una M inscrita en su hoja. De las orejas gigantes se dice que presagian desgracias, y todo indica a que la inicial del cuchillo corresponde a su fabricante. Sin embargo, la M se ve aquí y debajo del guerrero muerto por los siete perros mencionados antes. De ahí que se haya interpretado como la inicial de Mundus, o alguno de los nombres que el anticristo posea y que comiencen por M.

La excesiva afición al juego o la corrupción ocupan un lugar preeminente

Perros atacando un guerrero | lasalle.es

El Infierno resalta por su singularidad. El paso del fuego al hielo está justificado por textos anteriores aplicados a los juicios de los condenados. Los castigos ponen de manifiesto el ingenio del pintor, que impide que en otros casos se encuentre a uno paralelo. Son composiciones cerradas en las que lujuriosos, soberbios y avariciosos se ven atacados, a pesar de no mencionarse todos los pecados capitales de forma expresa. La excesiva afición al juego o la corrupción ocupan un lugar preeminente. Por último, sólo queda decir que en el Infierno se completa el círculo y en él se castiga a aquellos que se dejaron seducir por los goces que les ofrecía el delicioso jardín de los deleites.