Efecto placebo, ¿milagro o realidad?

La medicina, al igual que la ciencia en general, esconde muchas incógnitas. Una de las más interesantes con las que nos podemos encontrar en nuestra vida cotidiana es el llamado efecto placebo. Su nombre remite directamente a una raíz latina que significa ‘’placer’’. Y la verdad es que su etimología es el digno reflejo de su significado.

Podemos definirlo como una sensación de mejoría que se experimenta después de ingerir un medicamento o haber pasado por una operación quirúrgica, sin que el beneficio producido tenga una relación directa con el acto médico realizado. Se produce en una región muy determinada del cerebro a la que se le denomina núcleo de accumbens, donde se experimentan los sentimientos de placer y recompensa. Pero hay que tener en cuenta que es solo un proceso puramente psicológico: solo puede funcionar si el paciente confía de pleno en el efecto curador del medicamento que está tomando.

Solo puede funcionar si el paciente confía de pleno en el efecto curador del medicamento que está tomando

El efecto placebo es objeto de estudio continuamente. Profesionales de la materia realizan con frecuencia muestras e investigaciones acerca del poder curador de este engaño del cerebro. Escogen muestras representativas de la población, que ingieren un falso medicamento, para luego anotar los resultados y mejorar los fármacos que se elaboren con posterioridad.

© Andrea Espiñeira

© Andrea Espiñeira

Pero, ¿dónde se utiliza normalmente el efecto placebo? Pues en la medicina convencional. Muchos tratamientos que se recetan habitualmente no son más que pastillas cuya composición es, generalmente, agua. Su uso más frecuente es el de servir como complemento de otros medicamentos reales para controlar la evolución del enfermo y evitar que el cuerpo se sienta sobrecargado. También la homeopatía, una clase de medicina alternativa, lo usa con frecuencia. La sustancia base de las pastillas se encuentra en cantidades tan reducidas, que es imposible que tenga efectos de curación sobre el paciente. En la mayor parte de los casos solo contienen glucosa.

Muchos tratamientos que se recetan habitualmente no son más que pastillas cuya composición es, generalmente, agua

Hay que destacar, por otra parte, que no todos los placebos son iguales. En los experimentos los usan de dos tipos. Por una parte los activos, que producen en el paciente unos efectos secundarios semejantes a los que provocaría el medicamento real, y por otra el pasivo: un simple tratamiento, que no tendría efecto de ninguna clase sobre la persona.

Las pastillas que se recetan no suelen ser dañinas porque no contienen sustancias que pongan en peligro la salud de la persona que los toma. Lo que si que podría llegar a ser peligroso es que no se trate una enfermedad real con medicamentos que surtan efectos y que se receten únicamente placebos. Por ejemplo, si se tiene una fiebre muy alta y que afecta gravemente al organismo, el que la padece tiene que recibir un tratamiento a su medida que cure su dolencia.

Podría llegar a ser peligroso que no se trate una enfermedad real con medicamentos que surtan efectos y que se receten únicamente placebos

El efecto placebo no es dañino pero tampoco milagroso. No es más que una representación real del poder que tiene el cerebro en el control de nuestro organismo.