Vanguardias históricas: surrealismo, la revolución

“Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna. Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo… “ Guillaume Apollinaire

La posguerra había dado al arte la oportunidad y casi el deber de reinventarse. Por ello, empieza a ser necesario buscar en lo más profundo del ser humano para encontrar respuestas. Esa paz parecía encontrarse dentro de los propios individuos y no fuera. Con esa filosofía nace el surrealismo, elevando lo espiritual sobre lo material. Lo maravilloso debía cobrar fuerza. Esto permanece tanto en la representación de los sueños de Dalí, como en los mundos abstractos creados por Miró. La lógica  carecía de todo sentido y la realidad dejó de ser el punto de partida. El objetivo era crear nuevos mundos.

Primer Manifiesto Surrealista: “No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación”

Con precursores como El Bosco o Giorgio de Chirico, el concepto de Surrealismo lo había acuñado Guillaume Apollinaire en 1917, pero fue André Bretón el que se encargó de desarrollarlo. A finales de 1924 el poeta francés funda la Oficina de Investigación Surrealista en el nº 15 de la calle Grenelle. Para Bretón la infancia era el momento en el que el hombre llegaba a su plenitud. Inconsciente todavía de las normas morales y las ataduras sociales, el niño goza del mundo sin restricciones y lo amplía y moldea con la fuerza de su imaginación. Es la época de la vida en la que el hombre es lo que quiere ser. Sumado a esto, Bretón concebía el sueño y la vigilia como dos caras de una misma moneda. Para él, la verdadera realidad  incluía ambas facetas. El objetivo del surrealismo era conquistar esa realidad absoluta que aunaba sueño y vigilia. Así, nacía un movimiento que tenía la libertad, la irracionalidad y el inconsciente como valores. La ruptura de las cadenas de la existencia se convirtió en su objetivo principal.

Los amantes de Magritte | revistaatticus.es

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El dadaísmo había muerto, pero su herencia seguía viva en el surrealismo. Las uñas rebeldes del dadaísmo consiguieron arañar al nuevo movimiento, que también era osado en sus afirmaciones. Los surrealistas querían que el arte se liberara de todo lo preestablecido en la sociedad a través de los sueños, de los pensamientos inconscientes. Además, rechazaban el trabajo y abogaban por centrarse en lo espiritual. Miraban con desdén toda faena considerando que era algo burgués. Ellos tenían otras preocupaciones que iban más allá. Incluso creían que el éxito artístico era algo despreciable, pues el arte era un profundo acto de espiritualidad, nunca un trabajo. Por lo tanto, se negaban a su profesionalización. El arte era un ejercicio libre en el que el automatismo debía tener un papel principal. Esto consistía en crear casi de forma inconsciente, sin que la mente tenga el control. Fue una técnica qe utilizó Masson tras conocer a Bretón. Por su parte, Dalí se concentraba en plasmar los sueños. El surrealismo ha dado lugar a obras muy peculiares, pero, tanto si es figurativo, como en el caso de Magritte o Dalí; como si es abstracto, en el caso de Miró o Klee, las obras tienen en común  ese afán rupturista de querer escapar de la realidad.

Pero todas estas ideas revolucionarias no se quedaron en eso, en ideas, fueron mucho más allá. A partir de 1925 el movimiento toma un cariz político que ya no abandona. Desde la publicación en 1924 del Primer Manifiesto Surrealista, firmado por Bretón, se irán dando pasos hacia una politización del movimiento. Ya en el tercer número de La Révolution Surréaliste se recoge una crítica a la civilización occidental. El colonialismo y los nacionalismos estaban consiguiendo la autodestrucción de Europa. Eso no era nuevo entre los intelectuales del momento, la novedad radica en que, en ese texto, se encumbraba a oriente como ejemplo a seguir. Se presentó como una cultura utópica, ajena al materialismo, mientras la occidental se reflejaba como una cultura corrompida, destinada al fracaso. Con una carga de denuncia tan pronunciada, el surrealismo no podía obviar la entrada de Lenin en San Petesburgo. El marxismo se convirtió en la causa política del surrealismo. Esto se ve ya en el nº 5 de La Révolution Surréaliste, las criticas estaban marcadas por una clara influencia de algunas publicaciones de Lenin.

Los relojes blandos de Dalí | Panamarte.com

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En 1930 Bretón redacta un nuevo manifiesto en el que presenta la violencia como forma de acabar con el capitalismo. A pesar de ello, hay que decir que pronto reconoció la represión en el régimen soviético. Más que luchar contra el capitalismo, el objetivo de Bretón era derrotar la moral asociada a él, las ataduras que imponía. El marxismo veía en el surrealismo una forma de propaganda y eso pronto fue una fuente de conflicto. Tras el Primer Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en 1935, Bretón condena el estalinismo. Viaja posteriormente a Sudamérica donde conoce a Trotski y con él redacta el Manifiesto por un arte revolucionario. En 1941 huye de la invasión nazi a Estados Unidos. Volvía con fuerzas renovadas a Francia  en 1946 donde se encontró un panorama muy distinto al que había dejado. Criticado por haber huido y con el existencialismo pisando los talones, Bretón se tuvo que resignar a que el surrealismo había perdido su papel protagonista. A pesar de ello, su influencia y su rebeldía inspiraron a las generaciones posteriores y la fuerza del movimiento que creó quedaría para siempre grabada en la historia.

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