La envidia de Rajoy

Han pasado ya 31 años desde aquel 1983. La Democracia estaba pasando una infancia muy difícil . El paro rondaba el 17,81% y los españoles contemplaban con recelo una inflación que aumentaba de manera preocupante día a día. Eran tiempos de cambio. Malos momentos para la Democracia en España. El bombardeo electoral que había sucedido a la muerte de Franco empezaba a aburrir, y un tal Antonio Tejero había aparecido apenas dos telediarios atrás para dejar boquiabiertos a millones de ciudadanos. Por otro lado, el terrorismo de ETA cobraba cada vez más importancia. Unos meses después, el asesinato del parlamentario vasco Enrique Casas, volvía a hacer que un escalofrío recorriese la espalda de unos y otros. ETA se había cobrado su primera víctima de la España democrática.

Malos momentos para la Democracia en España

Y para colmo, la guinda del pastel; el PSOE había conseguido una amplia mayoría absoluta en las elecciones del 82. Felipe González acaba de dar jaque mate con torre y rey a la Unión de Centro Democrático (UCD). No obstante, es aquí donde despegó la carrera del veinteañero Rajoy. Nuestro registrador de la propiedad llevaba dos años siendo diputado autonómico por aquel año 83, y Alianza Popular (AP) lo iría impulsando poco a poco hacía puestos más ambiciosos.

Era en ese momento, unos meses antes de ser nombrado presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra, cuando Rajoy publicaba el cuatro de marzo en el Faro de Vigo su elogio de La desigualdad humana, de Luis Moure Mariño.

foto articulo rajoy igualdad humana

Artículo de Rajoy sobre la igualdad/ Faro de Vigo

”Uno de los tópicos más en boga en el momento actual en que el modelo socialista ha sido votado mayoritariamente en nuestra patria es el que predica la igualdad humana.” Así comenzaba Mariano Rajoy su crítica al ideario de Felipe González. Todo un repaso por las características biológicas y antropológicas que hacen del ser humano un animal desigual. Un grito de guerra contra los peligros del igualitarismo resonaba desde Pontevedra.

Con una concisión y claridad impolutas, se aclaraba a los españoles de manera indirecta cuánto habían errado en su voto al sucumbir al falso espectro de la igualdad. En una clase avanzada de realidad política, Rajoy aleccionaba a sus lectores sobre que todos los pensamientos de izquierdas son iguales, pues ”aunque se llamen a sí mismos ‘modelos progresistas’ constituyen un claro atentado al progreso”. Unas ideas un tanto radicales poblaban su mente respecto a los planteamientos que defendía el polo político opuesto. La conclusión a la que nos busca hacer llegar cuando leemos su escrito es clara; la desigualdad es natural y positiva. Una forma más de justificar el statu quo de quienes han podido vivir sin estrecheces su vida.

Los planteamientos que defiende ya existían antes de que él firmase esos artículos con su nombre. Nada nuevo bajo el sol. Lo particular de este caso, es que pocas veces se ha podido observar con tanto detalle cómo era el pensamiento de alguien que no imaginaba cómo sus palabras en su futuro como presidente serían más una carga que una gloria. Sus ideas del pasado serían un arma que Rubalcaba usaría en su contra durante el Debate sobre el estado de la Nación. 

envidia igualitaria

La envidia igualitaria /Faro de Vigo

Unos meses después de la publicación de su primer extracto, Rajoy era nombrado presidente de la Diputación de Pontevedra y arremetía una vez más contra el igualitarismo. Esta vez, de mano de Fernández de La Mora y su ensayo La envidia igualitaria. Abre su escrito Fernández de la Mora diciendo que España, tierra de la envidia más que ningún otro lugar, ha visto ligada su Historia a tal vil defecto más que ningún otro lugar. Rajoy toma prestado su mensaje. ”La igualdad implica siempre despotismo y la desigualdad es el fruto de la libertad”. Su moraleja: toda ambición de igualdad esconde en realidad una profunda envidia hacia el éxito del prójimo. Los elegidos a llevar las riendas del cotarro son continuamente molestados por chismones y egoístas. ”Fracasados” según Fernández de la Mora. La arrogancia intelectual de los dos es por momentos tanta que inevitablemente sentimos que alguien ha encontrado la solución y respuesta a todos nuestros problemas. Como de la boca de un Jesucristo mesías, llega alto y claro el mensaje verdadero.

España, tierra de la envidia más que ningún otro lugar

 ” (…) que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de ‘buena estirpe’ superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia.” Puede que el hecho de que poder costearse unos estudios, tener una red de contactos a los que poder acceder para trabajar, o simplemente una mejor calidad de vida hayan decidido el triunfo histórico de ciertas ”estirpes”. Dudo de que la genética sea la clave en todo este asunto.

”Y no es bueno cultivar el odio sino el respeto al mejor, no el rebajamiento de los superiores, sino la autorrealización propia”. Al margen de lo que signifique para el señor Presidente el respeto al mejor, esta idea es ni más ni menos una forma de institucionalizar el triunfo de unos sobre otros. ¿No habíamos quedado en que los que no son los mejores, no lo son porque son unos fracasados? Resulta algo arrogante que pida respeto el que insulta el primero. Cuánto daño ha hecho a los que durante años han buscado defender las ideas liberales llamar fracasada a una inmensa mayoría de las personas.

                                    El cambio/ Reuters

Si nos remontamos a la ESO, esta explicación podría ser perfectamente incluida en el programa educativo. Basta con pensar en un modelo similar; una pirámide donde el grueso de la población está en la base, la Iglesia ocupando un puesto intermedio, y los que han ”triunfado” en la cumbre. Y según nuestro presidente, ese triunfo es completamente merecido per se. Ojalá resultase cierta esa teoría, sobre todo en el propio Partido Popular. Pero por desgracia, hay demasiados casos donde triunfo y merecimiento no concuerdan. Tantos, que somos el tercer país europeo en corrupción.

De aquel Rajoy, no sabemos qué ha sido

Las citas extraídas de estos escritos de Rajoy son de un momento de convulsión política en los años 80. El bloque comunista comenzaba su caída libre en la Guerra Fría y las ideas occidentales comenzaban a triunfar. El nexo entre aquel momento y la actualidad es cómo se han ido desarrollando las ideas de igualdad y libertad por el Viejo Mundo. Resulta triste ver por ejemplo que a día de hoy, no hayamos aceptado la igualdad desde un punto de vista racial. De aquel Rajoy, no sabemos qué ha sido. Desconocemos si conserva en su interior esas ideas o si las ha sustituido. Lo único que parece estar claro es que las ideas defendidas en aquellos dos artículos no han dejado indiferente a nadie. Salvo al propio presidente, que no se molestó en referirse a sus propias palabras durante la réplica a Rubalcaba.