Historia de una musa irremplazable

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La música es el camino, en innumerables ocasiones, para romper todas las puertas y obstáculos vitales, para destrozar los límites y expresarse con total y absoluta libertad. Su función desinhibidora es denominador común en una inmensa mayoría de los casos. Sin embargo, en cada acorde de su desolada guitarra y con cada gemido que brota de sus cuerdas vocales, el irlandés Damien Rice destila introspección. Su universo se cierra sobre sí mismo en cada canción. Lo atrapa, no lo deja escapar. Su música es su propia cárcel, y él, su propio carcelero.

‘Cause nothing is taking me down, except you, my love

Damien Rice es, en la lengua común, sinónimo de soledad. Sus letras, su llanto desnutrido en cada canción y su espíritu insobornable hacen de él un músico de difícil acceso mediático. Un artista diferente, en todos los aspectos, una persona cargada de matices y a la cual la tristeza aborda y castiga cada vez que sus dedos rozan las cuerdas de su maltrecha guitarra.

Sus orígenes, en los años noventa, tuvieron lugar en el seno de la banda de rock Juniper, de la cual se desvinculó en 1999 debido al tinte comercial que esta comenzaba a concentrar. Rice nunca ha sido un hombre de focos. Una vez más, hizo lo que pedía su instinto. Lo que era Juniper se convertiría, posteriormente, en Bell X1, una de las bandas de rock más relevantes de Irlanda en la última década. Sin embargo, su líder decidió labrar su propio camino.

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Rice y Hannigan, historia de una autodestrucción (Cultture.com)

Damien Rice voló hacia Italia a principios del siglo XXI, y comenzó a tocar la guitarra en la calle, dándose a conocer en los parajes rurales más recónditos. Poco a poco, su nombre y su fuerza comenzaron a ser reconocidos, logrando reunir a una serie de músicos con los que desenvolvería su nueva carrera a través de pubs y locales perdidos. Entre esos músicos se encontraría Lisa Hannigan, una extremadamente versátil artista de 20 años, la cual inmediatamente se convirtió en su pareja y musa. Hannigan inspiraba la música de Rice, protagonizaba sus lágrimas desconsoladas y daba sentido a su desdeñada pero meteórica proyección.

You give me miles, and miles of mountains, and I ask for the sea

La publicación de su primer álbum, O, en 2002, constituyó un éxito sin precedentes. Logrando grabarlo gracias a la ayuda de un primo segundo suyo, el cual poseía una productora, Rice sacó al mercado una de las mayores maravillas del indie-folk jamás escritas. La frágil ‘Delicate’ abre un álbum sin debilidades, con una portentosa y cristalina voz desgarradora. La voz de Hannigan sirvió como coro ideal para un disco sin precedentes, una producción que expresaba el dolor interno de Damien de la mejor manera posible. Desde la desgarradora compasión de ‘The Blower’s Daughter’ o ‘Cheers Darlin” hasta el dolor incontenible de ‘Volcano’ o ‘Amie’, diez temas componen una unidad perfectamente cerrada por la inolvidable ‘I Remember’, canción que Rice escribió a Hannigan y en la cual se halla el contraste entre la inocencia y la perdición, contraponiendo la dulzura de su acompañante con su fuerte y desconsolada aparición, al final del tema. O representa los inicios, el dolor y la redención, ese bálsamo de insensatez con el que se funde la desesperanza más amarga.

“La vida es fácil de llevar para mí, la mayor parte del tiempo”, reza el comienzo de ‘The Blower’s Daughter’. Aún sumido en una etapa de brillantez personal y profesional, Damien Rice nunca dejó de lado su oscuridad interna, su insoportable dolor vital y su incesante búsqueda del ideal más puro del amor. Su exquisitez musical y el detallismo de su entera producción lo convertían, además, en un obseso en el intento de la absoluta perfección técnica.

La desnudez de su alma se confirmó con la publicación de su segundo, y, hasta el momento, último álbum, 9. En él, el poético desengaño de su primer disco se fortificó hasta un punto insoportable. Cortes como ‘Accidental Babies’ o ‘The Animals Were Gone’ contienen un regusto a desesperación insondable, pertenecen a ese género inclasificable que recoge a todo aquello con aroma a despedida, a lágrimas vacías. De nuevo su contrapunto se halla en ‘Elephant’ o ‘Rootless Tree’, pistas que muestran a un ser humano descontrolado, inabarcable, que explotan en sí mismas como un volcán desesperado.

It’s the wrong kind of place to be thinking of you

Las apariciones de la tímida voz de Lisa Hannigan se reducen al máximo en este nuevo álbum. El tema introductorio ‘9 Crimes’, símbolo de la perdición, contiene una de sus últimas y más memorables intervenciones junto al músico de Celbridge. La calidad musical de 9 no deja nada al azar. Su maravillosa exactitud se expresa en su plenitud en un disco que representa la soledad en su más absurdo esplendor. Damien Rice retrata a un corazón roto con retales de su propia experiencia, dibujándolo con letras mojadas en su inexistente absolución. “Me tapo los ojos, y todavía te veo a ti”, llora Rice en la descarnada ‘The Animals Were Gone’.

Como no podía ser de otra forma, Lisa Hannigan anunciaba, un año después, que su relación profesional con Rice terminaba. Diferencias creativas sellaron la distancia entre ambos. Hannigan declararía, años más tarde, que trabajar con Damien era insoportable, debido a su “excesivo sentido crítico consigo mismo”. La cantautora irlandesa comenzó, en ese momento, una carrera en solitario que todavía mantiene en la actualidad, y que se ha saldado con la publicación de dos álbumes de estudio, Sea Sew y Passenger, ambos de gran calidad musical y reconocidos por público y crítica.

Damien+Rice++Ari+Magg

Su música se evaporó a la vez que su relación con Lisa Hannigan (Lemurdson.ch)

La trayectoria de Rice, sin embargo, comenzó a difuminarse con el adiós de Hannigan. Desde la publicación de 9 en 2006, su actividad musical se ha resumido a escuetas colaboraciones, como la que realizó en abril de 2011 con su, por aquel entonces, pareja, la actriz y artista musical francesa Mélanie Laurent, en su disco En T’Attendant, en el cual colaboró en dos temas, ‘Uncomfortable’ y ‘Everything you’re not supposed to be’. Alejado de la música, Damien Rice se ha sumado a numerosas causas benéficas, involucrándose en ellas casi de lleno y aparcando su guitarra entre telas de araña, mustias y desconsoladas.

I would give away all the music success, all the songs, and the whole experience to still have Lisa in my life

Tras años de silencio mediático, el introvertido músico irlandés concedió una entrevista en 2009, en la que declaró haber perdido la noción del tiempo con la marcha de Hannigan. Sin su acompañante a su lado, su inspiración se desvanecía como el fuego de una vela en el océano, sin remisión. Rice abrió su corazón declarando que fue “un completo imbécil” y que “dejaría de lado todo el éxito musical, todas las canciones, y toda la experiencia vivida por tener a Lisa todavía a mi lado”. Su dolor, el dolor que predijo en sus canciones, el adiós desnutrido de ‘9 Crimes’, se resolvía ante los ojos de un Damien Rice sumido en la más absoluta soledad interior. “La quiero. La quiero tanto que amo que no me haya hablado durante estos dos años, porque eso me ha hecho comprender muchas cosas sobre mí mismo“, afirmó sin dudar ante el adiós de la persona que lo motivó a deslumbrar al mundo con su exquisitez musical.

Probablemente Damien Rice no vuelva a encontrar jamás otra musa digna de su inspiración. Sin Hannigan, su magia se evapora en el viento más etéreo. Sin embargo, los dos sentidos y transparentes álbumes que deja a sus espaldas la tormentosa pero sincera relación entre los dos músicos irlandeses. Esta resolución lleva a una pregunta inevitable, ¿es el talento de Rice algo genuino? Probablemente la respuesta sea un rotundo no. Lo que sin duda es innegable es que, tras su desaliñado pelo y sus verdes ojos, este sencillamente complejo músico fue capaz de sentir algo tan poderoso como para crear magia de la nada. Y es que Rice no es el autor de su música, lo es su amor por su compañera, su fiel y dulce coro acompasado. Tras ella, los sueños y la chispa de Damien se fueron sin mirar atrás.

La excelente ‘The Office’ nos presentó, en su último episodio, un interrogante interesante. Mirando hacia los buenos tiempos pasados, nos gustaría, en cierto modo, haber sabido que lo eran en el momento en que los vivimos. El sino de la humanidad es extrañar la felicidad pasada y buscar los defectos del presente. En el recuerdo, lo positivo se aferra como un hacha inefable. Desde sus inicios, Damien Rice siempre tuvo la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor, estando en la cima o viviendo en el infierno. Su nostalgia punzante, la cual se transmite con una vigorosidad casi dañina a través de su completa producción musical, hiere a un nivel hasta entonces inexplorado.

La historia de Damien Rice y Lisa Hannigan encuentra su guión en O y 9, crónicas de un amor desvelado, lleno de reproches y labios sangrantes. Su intensidad, natural y atípica, se traduce en la poesía que la pluma de un músico enamorado plasmó en función a su sentimiento de plenitud emocional. El folk más puro halló en Damien Rice a una de sus estrellas más brillantes, pero como decían The Police en su brillante ‘Message in a bottle’, “el amor puede arreglar tu vida, pero también puede romper tu corazón”. En este caso, el amor creó y apagó a la más reluciente estrella fugaz.

Foto de portada: Alwaysontherun.net