Es un mundo extraño, mantengámoslo así

El planeta cómic nos ha brindado un selecto grupo de obras maestras desde comienzos del pasado siglo. Obras que han traspasado el umbral del mero entretenimiento viñetístico y se han postulado como cumbres de la literatura (soy de esa clase de gente que asegura que Alan Moore, a pesar de parecer la reencarnación de un wendigo, tiene la misma relevancia literaria que Hemingway, por poner un ejemplo). Watchmen, Calvin y Hobbes, Akira, Maus o el inefable Spirit de Will Eisner son sólo algunos de los ejemplos de obras del tebeo que han marcado un antes y un después para los lectores. En los últimos años hemos asistido a una explosión de nuevos talentos, con obras como Kick Ass, All-Star Superman o Sleeper, que si bien no alcanzan el codiciado estatus de leyenda absoluta, sí que dejan el pabellón bien alto. Pero si hay una obra que, en la última década, destaque por encima de todas las demás, ésta es Planetary. Abran paso al mejor cómic de los últimos años.

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La primera vez que supe algo de esta serie fue hace relativamente poco, tal vez por 2012, cuando me sumergí en los entresijos del universo Wildstorm, esos pequeños estudios californianos que en la década de los 90 tuvieron en jaque a la habitual duocracia de las multinaciones Marvel y DC, amenazando su reinado hasta que fueron absorbidos corporativamente por estos últimos. Ojeando el tomo recopilatorio rápidamente, me encontré con un equipo de tres personas con capacidades especiales que ejercían como arqueólogos de lo imposible, investigando y recopilando todos aquellos sucesos paranormales de los que tenían constancia. A los mandos estaban Warren Ellis, el enajenado guionista británico que nos regaló perlas como Global Frequency o la maravillosa Transmetropolitan, y el dibujante John Cassaday, por aquel entonces prácticamente desconocido para el gran público. Ambos crearon, en los últimos suspiros del milenio, una historia que, bajo la básica premisa citada, serviría de sentido homenaje a todo un siglo de ficción, convirtiéndose, además, en una inmejorable puerta de entrada para otros cien años de historia. Las novelas pulp de los años 30, los cómics de superhéroes, la Edad de Oro de la viñeta americana… todo esto y mucho más aparecía como referencia en Planetary. Pero no es únicamente un mezcladillo, si no una serie de aventuras completamente originales e irrepetibles.

Esta es una de las veces en las que un dibujante ha entendido de forma más perfecta el trabajo de su guionista

Cada capítulo es autoconclusivo, a modo de pequeño homenaje individual, pero conforme avanza la serie, Ellis nos va mostrando en sus impecables y talentosos guiones (en un estilo muy similar al mostrado en The Authority, visual, cinemático) que hay algo más, una historia más grande, hilvanada con maestría y dejando retazos de su ser en cada capítulo. Cassaday también merece reconocimiento aparte. Con un estilo poco artificioso pero enormemente dinámico y narrativo, un chico que apenas había dibujado algunos números de Teen Titans, llegó a alzarse con tres premios Eisner (algo así como los Oscar del cómic) en el apartado gráfico. Esta es una de las veces en las que un dibujante ha entendido de forma más perfecta el trabajo de su guionista (no como ocurría, para los que conozcáis el cotarro, con Travis Charest y Scott Lobdell en WildC.A.T.S., cuando el primero se inventaba tanques que no aparecían en los guiones de su compañero) y se dedica a aportar lo justo, sin dejar demasiado a la imaginación del lector, pero al mismo tiempo, sin sobrecargar inútilmente nuestros ojos con un exceso de detalles. Además, cuando quiere, Cassaday sabe dotar a sus páginas de un dramatismo impensable. Tampoco querría obviar los méritos de la maravillosa colorista Laura de Puy Martin, quien otorga a todo el conjunto un toque llamativo y popero muy adecuado.

La diversidad narrativa es acojonante. Los autores han bebido de toda una multitud de influencias y eso se nota. Tan pronto te agobian con una simetría en la colocación de las viñetas propia de Dave Gibbons, como pasan, apenas un capítulo después, a un formato propio de una novela ilustrada, con largos textos y dibujos a toda página.

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Entrando en materia, lo primero que llama la atención, más allá de las temáticas o la ilustración, es el misterioso protagonista, Elijah Snow. Un hombre aparentemente inmortal, de edad indescifrable, que lleva décadas anclado alrededor de los 40 años, cuyo cabello totalmente blanco combina con su impoluto y níveo traje. Su poder: hacer descender la temperatura, tanto con sus habilidades de extracción de calor del aire como con su agrio y sarcástico carácter.

Elijah es reclutado de su largo exilio en el desierto para actuar a las órdenes del misterioso “Cuarto Hombre”, del cual nada conocemos, excepto que es el mandatario de la organización Planetary, que siempre aparece cuando hay algo extraño que investigar. Jakita Wagner, una mujer morena con fuerza y resistencia comparables a las de un superhéroe y el perturbado joven The Drummer (autoretrato del señor Cassaday, por cierto), cuya habilidad es manipular y alterar cualquier tipo de información, como la pertinente a telecomunicaciones, aparatos cibernéticos…etc (y que disfruta más hablando con las máquinas que con sus compañeros humanos) serán sus compañeros en su nueva empresa.

Un alto porcentaje de hitos de la viñeta tendrán su minuto, o su capítulo, de gloria en la serie.

En Planetary hay sitio para todo. El primer capítulo reúne a un grupo de aventureros, entre los que encontraremos las particulares visiones de Ellis de gente como Tarzán, Doc Savage o Fu Manchú, quienes defienden nuestro planeta de una grieta dimensional por la que entra a invadirnos… ¡la Liga de la Justicia Americana!. Pero no hay respiro, porque en el siguiente episodio nos esperan Godzilla y su tropa de kaijus japoneses en una isla del Pacífico. Después, el fantasma de un policía oriental, que reniega de la muerte y clama por una venganza que no acaba de conseguir. Pero quizás sea a partir del capítulo 7 cuando más nos damos cuenta del nivel de todo esto. Nuevas versiones de La Cosa del Pantano, Animal Man y del mismísimo Sandman presentan sus respetos en el funeral de John Constantine. Y, por supuesto, citando al guionista y director de cine norteamericano Joss Whedon: “Nadie que ame los cómics puede leer el capítulo 10, La magia y la pérdida, sin sufrir un miedo como el de un niño“. Me dejo infinidad de cosas en el tintero, pero la gracia radica en que las descubráis vosotros. Un alto porcentaje de hitos de la viñeta tendrán su minuto, o su capítulo, de gloria en la serie. Los aficionados del mundo de la historieta que aún no hayan leído Planetary estarán a estas alturas frotándose las manos, así que no revelaré más detalles de la trama y dejaré que ellos mismos lo consigan (y que se den prisa, pues hace un par de semanas Norma Editorial anunció que descatalogaría todos sus productos de Wildstorm).

Quizás el único pecado de Planetary vino derivado de las abultadas agendas de sus dos creadores. A Ellis se salían los contratos por doquier y Cassaday estaba explotando por fin, con lo que una colección de apenas 27 números se extendió durante una década entera, desesperando a muchos compradores. Resulta loable, por otro lado, el esfuerzo que dedicaron guionista y dibujante para no ceder nunca en su empeño y mantenerse fieles el uno al otro (cuando las sustituciones están tan en boga actualmente en los cómics) hasta terminar la trama.

Por si la serie sabe a poco, Ellis planeó tres números especiales. En uno de ellos Superman, Wonder Woman y Batman deben enfrentarse a Planetary, en una dimensión paralela en la que Elijah y los suyos se han convertido en los malos de la película, y deben ser detenidos. Volviendo a la línea habitual, era inevitable que nuestros arqueólogos se cruzasen con The Authority, el grupo de superhumanos que supervisan la política mundial, y en Gobernar el Mundo, deciden investigarlos. Y para el final, una auténtica delicia, una visita a Gotham City. Planetary y Batman en Noche en la Tierra. Pero no sólo se encontrarán con un único Batman, si no con casi todos, desde el adorable Bruce Wayne de la serie de televisión de Adam West hasta el tétrico y violento hombre murciélago de Frank Miller.

¿Que por qué me gusta Planetary? Esperaba haberlo dejado claro con mi (poco imparcial) análisis, pero si aún necesitáis convenceros de correr a por la edición unitaria (no, no me pagan comisión), os diré que es una obra equilibrada, con grandes dosis de humor y acción, que aporta frescura y revitaliza a todos los grandes clásicos por igual. Por si fuese poco, le gusta a Alan Moore. Y cuando a Alan Moore le gusta algo que no ha escrito Alan Moore, es que ése algo es muy bueno.

(Imágenes cortesía de IGN e Ifanboy.com)