Fuego cruzado

A las 9.15 de la mañana estaba convocada en la Facultade de Ciencias da Educación una conferencia llamada “Democracia e dereitos humanos” con el exjuez Garzón como invitado. Ya en la entrada, un dispositivo de seguridad estaba presente. Antes de la hora, tres agentes de seguridad privada impedían el acceso a la sala a todos los estudiantes congregados. Incluso después, dentro del propio salón de actos, dos agentes se posicionaron delante de las puertas.

Pintadas en los muros de la Facultad | ©Carlos Rey

Pintadas en los muros de la Facultad | ©Carlos Rey

Todos sentados y a la espera de la llegada de Garzón, en el ambiente se sabía que no iba a ser un coloquio tranquilo. Y así fue. Cuando el juez hizo su entrada, un grupo de, aproximadamente, treinta personas esparcidas por todo el auditorio se levantaron sujetando carteles en los que se podía leer: “Garzón torturador” y “Fóra fascistas da USC”. Algunos estaban rotulados con el logo de AGIR, mientras que otros eran de elaboración propia. Con esa actitud comenzaron a gritar las consignas escritas en sus carteles.

Tras unos minutos de espera para comprobar si todo se calmaba, el rector dio comienzo a la conferencia. También Garzón tomó la palabra, a pesar de los constantes gritos que se escuchaban, para agradecerles su presencia y decirles que lo que alegaban es falso. “La universidad no es para gritar. Con eso no aportáis nada” dijo el exjuez que también invitó a subir a los manifestantes y expresar su postura desde el estrado. Uno de los jóvenes que protestaba aceptó esa invitación convirtiéndose en la cabeza visible del colectivo. Se sentó junto a Garzón y, lejos de ser increpado por el público, durante su discurso se hizo el silencio. Afirmó que es inadmisible que una universidad pública invite a un “torturador”. También explicó que lo calificaban de esa manera por haber hecho la vista gorda ante la vulneración de los derechos de los presos vascos y ponies. Además, sumó a la lista el cierre de varios medios de comunicación en los que participó el exjuez.

Garzón: “Llamar torturador a quien no lo es no lo convierte en ello”

Una vez terminada su intervención, el público estaba expectante por escuchar la respuesta de Garzón. Pero no pudo ser. Las pitadas, los gritos y hasta un megáfono resonaron en el auditorio ahogando la posible réplica del exmagistrado. Aún, así, él persistió en hablar. “Los de los carteles hoy habéis dado una clase de intolerancia”, contestó el exjuez. Ante esta afirmación se incrementaron los gritos de los manifestantes, que no cejaron en su empreño de recalcar “aquí se tortura como nunha ditadura”. Garzón, respaldándose en su experiencia profesional, ponía cara de incredulidad ante la comparación del sistema actual con una dictadura. “¿A mí me venís a hablar de dictadura cuando yo he dedicado mi carrera a resarcir a las víctimas?”, argumentaba Baltasar Garzón, con un tono más tajante que hasta el momento.

Interior del salón de actos en plena protesta | © Carlos Rey

Interior del salón de actos en plena protesta | © Carlos Rey

Entretanto, los ánimos del público, hasta ahora calmados, empezaron a crisparse por la situación que se estaba viviendo. El rector (que intervino brevemente un par  de veces) abrió micrófono para todos aquellos que quisieran formularle una pregunta al invitado. Pero lejos de entrar en un coloquio sobre derechos humanos, se entró en un juego de acusaciones mutuas entre los detractores y los defensores de Baltasar Garzón, una especie de fuego cruzado que se prolongó durante casi dos horas. Distintas voces entre el público se alzaron alegando argumentos como “Os insultáis a vosotros mismos. Si os sentís torturados ahí tenéis la puerta”. También representantes de la docencia, como la exvicerrectora de titulaciones y personal docente e investigador, Carmen Fernández Morante, se unían a la protesta con frases como: “la minoría que está gritando no representa el perfil de este centro”. Pero todas estas intervenciones eran silenciadas por el constate griterío proveniente del bando contrario, a lo que el Rector, Juan J. Casares, preguntó: “Tedes medo de que falen os vosos compañeiros?”.

Por la otra parte, una de las declaraciones que más llamó la atención fue la de un chico de entre los manifestantes que en el debate abierto sobre la memoria histórica hizo referencia a un caso personal, el asesinato de su abuelo por ser de ideología comunista. “Se alguén saca os ósos do meu avó da cuneta será o pobo, non un Estado fascista e capitalista”, relataba dirigiéndose al exjuez.

A pesar de la situación caótica, se pudieron escuchar temas polémicos como el que planteó una de las chicas de entre el público, que le preguntaba a Garzón su opinión respecto de la Doctrina Parot, a lo que él contestaba: “Creo que nunca debió existir. Yo jamás la apliqué”. Además, con respecto a la impunidad sobre la tortura denunciada por los manifestantes, Garzón se pronunció de la siguiente manera: “El relator contra la tortura visitó España y en 2008, para que vosotros lo sepáis, estableció como un sistema idóneo para combatir la tortura un protocolo que yo puse en marcha. Y que hoy en día se conoce como el Protocolo Garzón. Eso es lo que no contáis. Y que a partir de su aplicación, el 95% de las denuncias de tortura desapareció”.

Garzón, acompañado por el Rector, replicando las acusaciones de los manifestantes | © Carlos Rey

Garzón, acompañado por el Rector, replicando las acusaciones de los manifestantes | © Carlos Rey

Cerca de las 11:00 de la mañana la conferencia tocó su fin y Baltasar Garzón se despidió de la sala, tanto arropado por aplausos como increpado por quienes consiguieron que prácticamente no hablara. De puertas afuera, toda la entrada de la Facultade de Ciencias da Educación se llenó de pequeños corrillos que continuaban el debate. Manifestantes y otros estudiantes intercambiaban posturas sobre lo ocurrido. A pesar de que ninguno de los participantes en la protesta con los que hablamos quiso facilitar su nombre, varios de ellos quisieron dar su versión. Un militante de AGIR nos detallaba su postura: “Non tolero a quen tortura ós presos políticos vascos. Fala de vítimas cando as vítimas son os que pasaron polas súas mans”, mientras que otra argumentaba: “Que se lle esté pagando con diñeiro público non me parece nin lexítimo nin coherente”. Sin embargo, José Antonio Caride, profesor de Políticas Socioeducativas y Derechos Humanos e integrante del equipo de investigación que invito al exmagistrado, desmentía con rotundidad la financiación pública de la invitación de Garzón, explicando que “en ningún momento se ha planteado esa posibilidad. Dijo que quería venir a la Universidad y hablar con los estudiantes”. Otra de las quejas de la protesta tenía relación con los invitados traídos a la Universidad. Uno de los manifestantes achacaba a Caride: “Ti conduces a opinión da Universidade dende o momento no que invitas a unha xente e a outra non. Aquí nunca falou ningún preso torturado”, a lo que el profesor contestó diciéndole que lo invitase él mismo, que no habría problema. Sin embargo, la discusión no acabó ahí ya que el manifestante añadió: “A xente que quere escoitar a un torturador non pode pedir que se faga nunha universidade, terá que buscalo por outras vías”.

Manifestante: “Que se lle esté pagando con diñeiro público non me parece nin lexítimo nin coherente”.

Lo que en un principio iba a ser un coloquio sobre los Derechos Humanos, se convirtió en un campo de batalla con grandes momentos de tensión entre una mayoría que quería escuchar a Baltasar Garzón y los que buscaban denigrar su figura. Un fuego cruzado que robó el protagonismo al ponente de la conferencia y lo posó sobre todos aquellos que elevaron la voz mucho más que él.

Escrito por Carolina Neira y Marta R. Suárez

Las protestas continuaron en la Facultade de Historia | ©Paula Pérez Fraga

Las protestas continuaron en la Facultade de Historia, donde había convocada otra charla que finalmente no se celebró | ©Paula Pérez Fraga