Un globo inflado de símbolos

No ser capaz de explicar el motivo por el que algo te gusta es síntoma de que te gusta de verdad. No hay un motivo concreto o un razonamiento detrás, tan solo disfrutas viéndolo y las emociones que te produce te obligan a quedarte. Un niño siempre busca este efecto, y selecciona aquello que le parece atractivo sin atender a ninguna otra variable. Se puede decir que El globo rojo de Albert Lamorisse nos hace recuperar estas sensaciones. Con un argumento que cabe en una línea, permite que nuestra mente esté ocupada únicamente en disfrutarla y en preguntarse qué es ese globo que nos persigue de niños y un día desaparece.

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La mejor forma de entenderlo es seguramente a través de este fragmento de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. En el libro se afirmaba: “La serpiente boa se traga su presa entera, sin masticarla. Luego ya no puede moverse y duerme durante los seis meses que dura su digestión”.

Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Mi dibujo número 1 era de esta manera: 

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Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo. ¿por qué habría de asustar un sombrero? — me respondieron.
Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender.
Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:

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Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, y poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

En este caso, el protagonista abandona su vocación como pintor por culpa de los mayores, que creen saber cuál es la decisión responsable. La libertad del chico es limitada por aquellos que no confían en sus posibilidades.

Son muchas las teorías que surgieron desde el  estreno de El globo rojo en 1956. La innegable verdad es que un globo persigue a un niño por las calles de París convirtiéndose en su único amigo. Ese globo es rojo, rompiendo así con el monocronismo de la película y centrando las miradas en él. Solo se separan en aquellas Instituciones (en la Iglesia, en el colegio, en su casa…) en las que obligan al niño a dejar el globo en la puerta. A pesar de ello, el fiel amigo espera paciente a que salga para poder continuar juntos. ¿Podría ser éste un símil de los sueños coartados por sus padres, profesores y amigos hasta su desaparición?

Puede que en el caso de El Principito, el niño no llegara a ser un gran pintor. A lo mejor sus dibujos carecían de sentido, pero es el ensayo- error lo que le aportará el saber. En lugar de dejarlo descubrir, la gente que le rodea decide enfocar sus capacidades en almacenar una gran cantidad de datos sin justificar, que acabarán en aburrimiento y desinterés. La comunicación entre niños y adultos tiene sus complicaciones, pero es en definitiva dejarlos construir ideas nuevas y no darles de comer precocinado.

Nos encontramos versiones que abarcan desde la fusión del capitalismo y el cristianismo, hasta la puesta en escena del fin de la lucha contra el comunismo

Sin embargo, como si de El Exorcista se tratara, las interpretaciones de este microcuento son muchas y muy variadas. Nos encontramos versiones que abarcan desde la fusión del capitalismo y el cristianismo, hasta la puesta en escena del fin de la lucha contra el comunismo. Para estos últimos, el globo representa lo prohibido, lo libre, con lo que el senador McCarthy intentaba acabar. O también en el primer caso, se considera que como Jesucristo, el globo es perseguido y odiado hasta su destrucción en una estéril cima.

Balonrojo

Cualquier opción es viable, atendiendo sobre todo al contexto en el que surge. Puede ser tan solo la historia de un niño y su globo. El director, que utiliza dos de sus tres hijos para protagonizar la película, tiene una pequeña obsesión con esta goma hinchable. Cuatro años después haría Viaje en globo, donde repite protagonista. La narración es prácticamente muda. Una simple melodía nos acompaña en la media hora que dura la pequeña historia. Por eso se convierte en paradójico el hecho de haber ganado el Óscar a mejor guión original en 1957. La ruptura con lo convencional parece su razón de ser.

Ya hemos renunciado a lo que venía diciendo. Hemos buscado las razones que hacen de este film una verdadera obra maestra. Aun así, si bien la interpretación es inescrutable, su belleza visual se mantiene estable y las emociones que transmite siempre tendrán restos personales.

Fotos extraídas de: ecufilmfestival.com y incine.fr