Se canta lo que se pierde (II)

Con los primeros pasos de este 2014 entregamos la segunda parte de Se canta lo que se pierde. Llega la cuesta de enero y todo un año por delante para ir acumulando canciones que en el momento más inesperado, Sabina dixit, nos dejen abrazados a una duda en mitad de la calle y desnudos; pero nos sirvan, al menos, para sentirnos un poquito menos solos en este cochino mundo.

1- Steve Earle – Christmas in Washington (El corazón, 1997):

So come back Woody Guthrie, come back to us now. Tear your eyes from paradise and rise again somehow.

Eran malos tiempos para Steve Earle. Su mentor y amigo Townes Van Zandt acababa de morir a principios de año. Mientras, él aún se estaba recuperando de su fuerte adicción a la heroína que le había arrinconado en una sequía creativa que duraba demasiado. Recién salido de la cárcel, Steve Earle concentró sus fuerzas en reconducir su vida. Quería dejar atrás lo peor de su pasado y recuperar su viejo talento. Firmó por Warner y bajo su tutela y una renovada actitud compuso tres de sus mejores discos (Train a comin’, I feel alright y El corazón). Eran los noventa y la música country había recuperado a uno de sus mayores iconos.

Christmas in Washington es una invocación a los antiguos mitos y, entre todos ellos, al padre del folk americano: Woody Guthrie, trovador incansable y excepcional agitador de conciencias. Steve Earle parece echar de menos aquí aquella frase que decoraba la guitarra del autor de This land is your land: this machine kills fascists. Frase que ha sido y es todo un canto a los valores perdidos, a la verdadera América: la de Emma Goldman, Malcom X o Martin Luther King; una tierra que ya nadie intenta volver a pisar y que, una vez, estuvo repleta de luz.

2- Keaton Henson – Lying to you (Birthdays, 2013):

And I feel in some way I do love you, but baby I’m not in love with you.

Espigado, enclenque, escurridizo y de mirada confusa, Keaton Henson es un ilustrador londinense que también se dedica a componer canciones. Jura solemnemente pasar la mayor parte del tiempo alejado de todo y de todos, hacinado en su intimidad y entregado en exclusiva a sus dibujos y a su música; quién sabe…

Su voz intermitente y sus canciones, en apariencia dulces, esconden un universo inquietante y de suma crueldad. Lying to you es un claro ejemplo de esta estética turbadora. Composiciones que tratan el desamor desde la perspectiva de aquel que no llora la pérdida del ser querido, sino la frustración que le provoca la imposibilidad de amar a otros – con los consiguientes conflictos que ello provoca-. El verdadero abandono no está entonces en quien se ha ido, sino en uno mismo, incapaz ya de no hacer daño a todo cuanto le rodea.

3- Bad Books – Pytor (II, 2012):

And I know you think that I am some kind of fool. And I know you would gaze in his eyes forever.

El líder de Manchester Orchestra se ha erigido en los últimos años como uno de los grandes letristas de la actual escena folk americana. Su sólido proyecto en solitario bajo el nombre de Right Away, Great Captain!, en el que da rienda a suelta a las tribulaciones de un marinero que descubre las infidelidades de su mujer y decide regresar para matarla, no le impide, además, tratar temas escabrosos y de también marcado carácter narratológico en su otro proyecto paralelo, Bad Books, en el que comparte protagonismo con su amigo Kevin Devine.

Generalmente, su sonido se acerca más al rock alternativo; sin embargo, este tema se concentra exlcuisvamente en el gusto de Andy Hull por la música acústica propia de los storyteller. Pytor narra desde varias perspectivas la sangrienta venganza que tomó Pedro El grande contra las continuas infidelidades de su mujer: decapitar a su amante. Pero no contento con tan espeluznante decisión, no sólo conservó su cabeza obligando a su esposa a contemplarla cada día, con la idea de disuadirla de futuros posibles engaños. La historia, a priori gratuitamente descabellada, encierra una interesante reflexión acerca de los celos y la desconfianza.

4- Beck – Lost cause (Sea change, 2002):

There’s too many people you used to know. They see you comin’, they see you go.

Sea change es producto del descalabro que supuso para Beck la ruptura con Leigh Limon, su prometida por aquel entonces y con la que había compartido los últimos nueve años de su vida. Sumido en una profunda melancolía, el músico californiano cogió su guitarra acústica y en poco más de una semana canalizó sus zozobras en lo que acabaría por transformarse en su particular Blood on the tracks: un regalo para nuestros oídos y una purga para su corazón.

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Beck maneja en Lost cause las enseñanzas de su admirado Mississippi John Hurt: con una letra típicamente blues pergeña una canción folk llena de amargura. Su timbre suena más profundo que nunca, con cierta resignación, mientras juega con la ambigüedad de sentir que aquella a quien ama no sólo es una causa perdida, sino que probablemente también esté perdida: como lo estás tú, como lo estamos todos.

5- Xoel López – Tierra (Atlántico, 2012):

Reyes que perdieron todo, todo lo que tanto amaban por quererlo demasiado.

Cansado del estigma de Deluxe, el compositor coruñés quiso dar un cambio radical a su trayectoria musical: rompió con todo lo que le lastraba de su anterior proyecto, conservó lo mejor y bajo la transparencia de su nombre de pila, viajó a Argentina decidido a empaparse de experiencias y nostalgia para así construir la base de lo que acabaría por llamarse Atlántico, una de las más gratas sorpresas en el panorama español de los últimos años.

Tierra habla por sí sola. Una de las canciones más sinceras que se han escrito en lengua castellana; algo así como el Mediterráneo de las nuevas generaciones. Pura morriña en la que música, melodía y letra se fusionan en un todo irrepetible: la luz puede que no sea más que el comienzo, pero también duele, y Xoel ha sabido recogerlo como sólo los poetas auténticos saben.

6- Elliott Smith – Waltz # 2 (XO) (XO, 1998):

I’m never gonna know you now, but I’m gonna love you anyhow.

Dicen por ahí las malas lenguas que Frank Sinatra era la voz, Elvis Presley el cuerpo y Bob Dylan la mente. En este tándem Elliot Smith podría ser perfectamente el corazón. Sus canciones son puro sufrimiento, cada fraseo una agonía. En un primer contacto, a cualquiera puede engañarle su obsesión por las armonías vocales, esa manera de tratar las melodías superponiendo pistas en diferentes timbres para lograr un acabado suave y casi onírico. Pero sucedía tan sólo que era muy inteligente. Supo como nadie canalizar sus influencias: Nick Drake, The Rolling Stones y sobre todo The Beatles. Pero con ello jamás quiso engañar a nadie; construyó su propia voz, perdido, porque él era tan sólo un ser humano, solo ante el espejo, desnudo y tiritando.

7- Blind Pilot – 3 rounds and a sound (3 rounds and a sound, 2008):

I was swimming. My eyes were dark ’til you woke me and told me that opening is just the start… And It was.

En los últimos años se ha producido una especie de revival de las antiguas tendencias folk que inundaron el panorama británico y norteamericano de los años sesenta. Evidentemente, el estilo ya no se basa en las viejas canciones tradicionales del S.XIX y, sus objetivos y connotaciones, han cambiado radicalmente, pues se han visto contaminados por la cultura pop y el trajín del S.XX. Sin embargo, todavía se nota un poso heredado de aquellos años en la recurrencia de una introspección universal y un ponderado gusto por los arreglos minimalistas.

Blind Pilot es uno de los más recientes exponentes de esta inclinación por  las viejas formas, siguiendo la senda de formaciones como The Decemberist, Iron & Wine, Midlake o Junip. Sus canciones nos hablan de recuerdos sencillos, mezcla de nostalgia y contenida rabia. El resto lo refuerzan sus melodías apoyadas en acertados crescendos y cambios de intensidad que ayudan a recalcar la sensibilidad detallista de sus composiciones. Si todavía no tenéis esa canción de las que se llaman nuestras es que aún no habéis escucahdo 3 rounds and a sound.

8- Ryan Adams (con Laura Marling) – Oh, sweet Carolina (Inédita, 2011):

Was trying to find me something but I wasn’t sure just what; funny how they say that some things never change.

Como muchas de las canciones que nos ocupan, Ryan Adams escribió Oh, sweet Carolina tras acabar una larga e intensa relación con su novia. A la sazón, -por si no fuera suficiente y en la senda de lo que le ocurriría años después a Justin Vernon- Whiskeytown, la banda que lideraba por aquellos años el músico de Jacksonville, había decidido disolverse. Perdido por las calles de Manhattan y prácticamente sin blanca, Adams apuró lo poco que le quedaba y comenzó a escribir, en los antros neoyorquinos que frecuentaba, algunas de las canciones que formarían el grueso de su debut en solitario, Heartbreaker.

En esta ocasión, y al contrario que en el corte editado en el año 2000, Ryan Adams apuesta aquí por una versión todavía más íntima: sólo guitarra y armónica apoyadas en los punzantes coros de Laura Marling, uno de los nuevos valores del folk británico. Con tan poco consigue reforzar la frustración y el dolor que se respiran en cada verso: la historia de un hombre al cual todo lo ha abandonado y que termina dándose cuenta de que, por mucho que busquemos nuestro propio camino, volver a las raíces es, muchas veces, el único modo de recuperar la felicidad en su forma más pura e inocente.

9- Bruce Springsteen – The river (The river, 1980):

Now those memories come back to haunt me, they haunt me like a curse.

Once meses después del lanzamiento del mítico álbum de The Clash, London calling, Bruce Springteen firmó un trabajo similar al otro lado del charco, aunque con un enfoque artístico diferente. Mientras que Joe Strummer aprovechaba los cauces de expresión abiertos por la rabia del punk, el Boss prefería las corrientes tradicionales de la música americana. Sin embargo, el trasfondo era bastante parecido: un disco que retrataba en sus canciones el lado menos amable de la vida común. The River fue un éxito comercial inmediato y también inesperado, pues la densidad del proyecto y la temática que abarcaba lo convertían a priori en un producto de complicada difusión.

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El corte que da nombre al trabajo, y que aquí recogemos, se convirtió en todo un himno: una turbadora historia sobre un matrimonio forzoso; cinco minutos cargados de la sinceridad y honestidad que muchos echaban en falta en obras anteriores como Born to run y que aquí se condensan como un estallido de emoción acompañado, cómo no, de su inconfundible e hiriente armónica.

10- Sr. Chinarro – El gran poder (Ronroneando, 2008):

Salúdale de mi parte y que no te dé miedo; que él sabrá qué tiene que darte. Quien no lo sepa es que, como el amor, es ciego.

Antonio Luque es uno de los personajes más extraños del panorama indie español. Sus comienzos de atmósferas oscuras muy cercanas al slowcore, con una vocalización ininteligible que obligaba a echar mano continua de las letras, dio paso a una segunda etapa mucho más accesible y colorida; hasta que se rompió el saco y el proyecto empezó a desdibujarse. Aún así, durante este segundo periodo, Sr. Chinarro nos brindó algunos de los grandes discos del panorama patrio de los últimos diez años. Ronroneando es quizá su última gran baza, en la que por algunos momentos el compositor andaluz olvida sus personalísimas letras surrealistas para hablar con hiriente franqueza.

El gran poder es probablemente su canción más honda y transparente. Muchos pueden criticar la voz de Luque, que no tiene técnica, que desafina… Sin embargo, esta canción es de esas cuya fuerza se enciende tan sólo cuando quien la interpreta es aquel que realmente la sabe suya, porque su sencillez y su armonía sin alardes son sólo jurisdicción Chinarro. Podrá venir Zahara a adornarla con toda la dulzura de sus cuerdas vocales, pero la canción se vaciará, parecerá un embuste, una trampa, porque ni con el gran poder, ni estando él de su  parte se lo dejas ver.

11- Eels – 3 speed (Electro-shock blues, 1998):

Life is funny, but not ha ha funny; peculiar I guess. You think I got it all going my way then why am I such a fucking mess?

Si hay un artista que puede hablarnos del sufrimiento y el caos al que a veces nos conduce la vida, ese es el líder de Eels, Mark Oliver Everett. Perdió a su padre a los diecinueve años a causa de un ataque cardiaco. Por si esto fuera poco, su hermana, que padecía graves trastornos mentales, terminó por suicidarse mientras su madre perecía víctima de un cáncer de pulmón. Estos dos últimos acontecimientos marcaron profundamente a Mark, convirtiéndose en el caldo de cultivo de Electro-shock blues, toda una joya del rock alternativo que 15 años después sigue golpeando con la misma fuerza.

3 speed habla de ese momento previo a cuando todo se rompe, de ese tramo en el que la inocencia aún es plausible y habitable, pero se insinúa ya a lo lejos el ruido de tambores.  Él relaciona este particular paraíso con los recuerdos de su infancia, representados por  un curioso modelo de bicicleta – el 3 speed – que da título al tema. Dice el poeta que de aquella provincia jamás podrá expulsarte ningún ángel; pero está claro que hay veces en las que la realidad te sacude de tal manera que cualquier intento de regresar es una empresa inútil, pero, al menos, nos queda la música.

12- Billie Holiday – I’m a fool to want you (Lady in satin, 1958):

I’m a fool to want you, to want a love that can’t be true.

Poco se puede añadir respecto a la figura de Billie Holiday, su personalísima voz, repleta de fuerza, hacía de sus interpretaciones un disparo tan emotivo y único que aún a día de hoy no ha surgido quien sea capaz de hacerle un mínimo de sombra. Para muestra la desgarradora versión de I’m a fool to want you, coescrita, entre otros, por toda una leyenda del canto: Frank Sinatra. Sin embargo, en la voz agónica y pantanosa de Billie Holiday, el peso dramático crece; sólo tienes que escucharla con atención un par de veces para darte cuenta de cuánto dolor sincero puede encerrar una frase tan pueril como lo que da título a la canción. Inténtalo.

13- Joan Manuel Serrat – Aquellas pequeñas cosas (Mediterráneo, 1971):

Uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.

Hay fenómenos inexplicables y arbitrarios, pero a veces hacen tanta justicia que es imposible oponerse a ellos. En España, país de inquebrantable incultura musical, no hay clan o subcultura que no presente sus máximos respetos a la figura de Serrat y a su emblemático disco Mediterráneo, pleitesía que, por otro lado, no se le guarda a otros genios de la canción como Aute o Sabina. Pero ya sabemos: Spain is different.

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¿Qué se puede decir de Aquellas pequeñas cosas que no se haya dicho ya? Nunca los arreglos barrocos y cargantes de aquellos años setenta han funcionado tan bien como en esta canción, acompañando a unos sencillos arpegios de guitarra y la temblorosa voz de Serrat. Una canción universal que habla de la imposibilidad de deshacerse por completo de los recuerdos más dolorosos, siempre al acecho para atacarnos en cuanto bajamos la guardia y recordarnos nuestra pobre condición.

14- Lucy Rose – Shiver (Like I used to, 2012):

And I’ll shiver like I used to, and I’ll leave him just for you, and I’ll shiver like I used to just for you.

La británica Lucy Rose debutó en el año 2012 con un disco de corte acústico y aires folk en la onda de una de sus grandes influencias: Joni Mitchell. Shiver es uno de sus temas más destacados. Esta versión en directo despunta por su melancólica desnudez, transportando incluso con más vigor la esencia de la grabación de estudio. Una guitarra rasgueada ligeramente y unos pequeños adornos de slide que van cayendo como gotas obstinadas y atentas forman todo el conjunto; la voz angelical y tímida de Lucy hace el resto. Minimalismo puro que consigue que una historia de ruptura tan común se transforme en un gigante único y endiablado que acaba por devorarte sin compasión.

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15- Red House Painters – 24 (Down colorful hill, 1992):

The youth, they dream suicide.

A finales de los 80 y principios de los 90 el rock alternativo derivó en un subgénero que acabaría por conocerse como slowcore, caracterizado por letras oscuras, melodías y atmósferas sombrías y un abuso de los tiempos lentos. Una especie de música hecha por y para deprimidos. Bajo esta etiqueta desarrollaron gran parte de su producción bandas como Low, Red House Painters o Galaxie 500 que, sin alcanzar excesiva fama, terminaron por convertrirse en formaciones de culto que abrieron nuevos caminos de expresión.

24 es uno de los temas clave de la trayectoria de Red House Painters. Mark Kozelek nos habla aquí del miedo a envejecer, de ese darse cuenta de que la vida iba en serio. Sin embargo, hay una lectura aún más sombría, la de verse abocado a admitir que uno es tan cobarde que ni siquiera es capaz de ponerle fin a aquello que teme, por ejemplo, suicidándose. Es la resignación más fuerte que cualquier propósito de enmienda y, los años que uno acumula, la forma más triste de admitir que nunca hemos sido realmente libres.