La economía del futuro

Somos seres humanos. Nos mueven las tragedias y las pasiones, y aunque no lo deseemos, solemos pensar siempre en clave de presente. Hablamos de la crisis como si esta fuera a ser eterna, tendemos a generalizarlo todo en base a nuestra propia experiencia y no solemos tomar una perspectiva de largo plazo. Pero lo cierto es que actualmente el mundo está cambiando a un ritmo cada vez más rápido, como lo lleva haciendo desde la Primera Revolución Industrial. La desigualdad mundial decrece, y mientras los países “maduros” permanecemos estancados en la actual crisis, hay miles de millones de personas que ven mejorar su situación día a día. Esa es la situación actual, pero… ¿Qué nos espera en el futuro? ¿Cómo será la economía del futuro?

Cambio del nivel de renta mundial en 20 años. Fuente: Milanovik

Cambio del nivel de renta mundial en 20 años. Fuente: Milanovic

Lo primero que cabe decir es que este artículo no pretende hacer predicciones del estilo de “en veinte años todos iremos en coches no tripulados” o “habremos curado el cáncer”, sino hablar de las tendencias existentes y de cómo pueden evolucionar en el futuro. También, dado la amplitud con la que puede considerarse este tema, he preferido centrarme en cómo podrá estar compuesta la sociedad del futuro en cuanto a distribución económica, qué tipo de trabajos tendremos y quién saldrá ganando y perdiendo. Una segunda advertencia es que estas tendencias están siendo constatadas por la evidencia empírica, y es de esperar que siga siendo así. Hechas estas aclaraciones, vayamos al grano:

El hecho que será el absoluto dominador y que condicionará al resto es el progreso tecnológico.

El hecho que será el absoluto dominador y que condicionará al resto es el progreso tecnológico. Con un crecimiento espectacular en el uso de ordenadores, móviles y tablets y su complementariedad con nuestro día a día, es de esperar que esto marque el futuro más de lo que solemos creer, y por una sencilla razón: cambiará nuestra forma de trabajar, y con ello, de vivir. Pero estos efectos no son tan nuevos. Como ya ha pasado en otras revoluciones industriales, las máquinas y los ordenadores han transformado las relaciones de los trabajadores de tres formas muy diferentes, solo que a partir de ahora los efectos serán un tanto distintos y bastante más agudos: Por una parte, a través de la mecanización y automatización los trabajadores pueden ser más fácilmente sustituidos, de tal forma que todos aquellos trabajadores que carecen de formación o cuyo trabajo es relativamente sustituible por una máquina (pensemos en los trabajadores de una fábrica o las cajeras de un supermercado) verán una reducción de sus salarios progresiva y su posterior expulsión de esos sectores. Esto no es algo nuevo, pero conforme la tecnología avanza de forma cada vez más acelerada también lo hará el empobrecimiento de este colectivo, que no solo tiene que competir en muchos casos con trabajadores peor remunerados de otros países sino también con máquinas cada vez más eficientes y efectivas en labores hasta ahora únicamente humanas.

La mecanización y automatización de los puestos de trabajo más rutinarios es algo que ya se va constatando a día de hoy. Fuente: CEOS

Por otra parte, los puestos de trabajo que sean altamente creativos y que se complementen con la tecnología verán aumentar sus salarios y rentas de forma muy elevada. En este colectivo podemos englobar tanto a la población con formación superior que puede usar dispositivos tecnológicos en su trabajo como a los capitalistas (que poseen el capital, es decir, serán los dueños de las nuevas máquinas y/o robots). Obviamente habrá sectores o tipos de conocimiento que tendrán una importancia vital, y otros que se verán menos afectados: por ejemplo, es de esperar que programadores, ingenieros o aquellos que puedan usar la estadística sean grandes beneficiados, ya que el crecimiento exponencial de las bases de datos podrá permitir sacarle un gran rendimiento a aquellos que sepan cómo (publicidad, estudios de mercado, nuevos productos…). Otros, como los profesores o los médicos (estos últimos sólo en parte), pueden ver cambiado su rol en las clases (por ejemplo, en el caso de los primeros, podrían pasar a ser “asesores” y orientadores más que transmisores de conocimiento, ya que esta última labor es sustituible por Wikipedia o los crecientes cursos educativos online, por ejemplo).

Por último, estarán aquellos donde el contacto humano es más valorado y cuyo trabajo no está tan relacionado con la tecnología, como la atención al cliente o situaciones donde no nos gustaría tratar con una máquina. Para este tipo de sectores la situación es intermedia, y su resultado como “clase social” dependerá de cuánto y cómo se complementen con la nueva tecnología. Es de esperar, por tanto, que en el futuro la desigualdad dentro de los países desarrollados aumente. El cómo nos enfrentemos a ese reto dependerá de cada sociedad y sus preferencias, y es posible que tomen relevancia ideas como la renta universal. Otro reto será el envejecimiento cada vez mayor de la población, que pondrá a prueba nuestros sistemas de pensiones. Lo cierto es que el resultado del envejecimiento sobre la renta de los países es incierto, ya que dependerá en gran medida de cómo mejore nuestra productividad por trabajador y de cuánto rendimiento le podamos sacar al progreso tecnológico. También es incierto el futuro energético al que nos enfrentaremos, ya que hasta día de hoy el mecanismo de precios ha funcionado bastante bien y es posible que conforme los combustibles fósiles se agoten, otras fuentes de energía surjan y compensen su escasez. Lo mismo sucede con los alimentos y materias primas, por lo que resulta poco precavido pronunciarse al respecto. En cuanto a la contaminación y el cambio climático, las consecuencias tendrán resultados políticos que no me creo capaz de pronosticar, ya que escapan del terreno económico. Pero volviendo a la tecnología,no pensemos que todo esto que acabo de exponer es materia de ciencia ficción: es un proceso que está sucediendo ahora mismo en EEUU, y los efectos serán más notorios a cada año que pase. Por ello quizá empieza a ser hora de pensar en nuestra posición individual con respecto a la sociedad del futuro, y de cómo podemos sacar provecho de los cambios que están por venir. Eso sí, si después le pilla el toro, no diga que nadie se lo advirtió.