El día que Marbury pudo fichar por el Obradoiro

Once derrotas en los últimos doce encuentros y un clima interno más que crispado hacían del Obradoiro un auténtico polvorín a comienzos de abril del año 2010, tan sólo seis meses después de su regreso a la Liga ACB tras más de 19 años de lucha en los despachos por la alineación ilegal de Esteban Gómez en el playoff de ascenso ante el Juver Murcia. La dirección deportiva había sido forzada a abandonar el barco, los fichajes no respondían, el entrenador era criticado y todo el poder estaba en las manos de hombres que, si bien llevaban toda la vida luchando por el Obradoiro, carecían de experiencia en el mundo de la dirección y gestión de un club profesional de baloncesto.

Y cuando la viabilidad del proyecto más estaba en entredicho, llegó el. Al menos, su nombre, que durante unos días inundó las calles de Santiago de escepticismo y expectación. El Obradoiro estaba en negociaciones con Stephon Marbury. ¿Podría volar el mago de Brooklyn a la capital gallega? ¿Sería cierto el rumor? ¿Le habría motivado la idea de salvar a un equipo aun renunciando a dinero? ¿Sería tanta su repercusión que el Obradoiro podría pagarle una millonada?

Sea como fuere, la idea en ningún momento pareció disparatada, pues bien era conocida por todos la locura de Starbury, que además había acabado de jugar los playoffs de la liga china con los Shanxi Zhongyu y estaba, por tanto, en plena forma. Lejos quedaban sus grandes años en Nets y Suns, al igual que su excelsa actuación en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, pero la calidad es algo que nunca se pierde. El conocido periodista Gonzalo Vázquez hablaba así de él: “La magia de Marbury se acabó tras dejar a España fuera de los JJOO de 2004, en una de las mayores exhibiciones de un hombre con la camiseta de Estados Unidos sobre un parqué de baloncesto”. Pero aún sin magia ni cabeza, su liderazgo, visión y capacidad de anotación eran, sin duda, algo innato y que en el Obradoiro sabían que aún mantenía. El club gallego pasaba por una situación límite y la intención de fichar a Marbury respondía a un conocido dicho popular: de perdidos, al río.

Stephon Marbury durante su etapa en New York | Fuente: blacksportsonline.com

Stephon Marbury durante su etapa en New York | Fuente: blacksportsonline.com

Bien era sabido por todos que Marbury podía desestabilizar un vestuario, incluso destruirlo, pero con Massey apartado, Bailey a su bola, Djedovic borrándose y Vasileiadis y Stanic lesionados, poco más había que hacer. Marbury habría sido una lotería con 99 bolas negras y una blanca. La última y única esperanza a la que agarrarse. Siendo imposible ir a peor, ¿por qué no probar? Al final, el fichaje no se cerró por un motivo que todavía hoy no se sabe, y la incógnita de que habría pasado nunca se resolverá.

Lo que sí es seguro es que el fichaje de Marbury no fue una mentira ni una bola tremenda como muchos creyeron en su momento. Fue un intento de fichaje frustrado. Repasemos el carrusel de sucesos en el seno obradoirista para entenderlo: con el despido de Miguel Juane y el paso a un lado de Alberto Blanco, fue el presidente José Ángel Docobo quien asumió el poder, rodeado por sus hombres de confianza, nombres bien conocidos como Ártur Tamazián, José Manuel Couceiro o Pepe Martínez Casal. En medio de la terrible racha negativa del equipo y a golpe de talonario, unas semanas antes del rumor de Marbury, habían sido fichados Maurice Bailey, un base americano procedente del Olimpia de Ljubljana, y Jeremiah Massey, estadounidense de pasaporte macedonio y con pasado en el Real Madrid. Un buen fichaje y otro de relumbrón, al menos sobre el papel, pero que no habían dado sus frutos. De hecho, sólo habían dado problemas. Nombres como Jared Reiner, David Barlow o BJ Elber sonaban para remediar el fracaso de Bailey y Massey. Incluso Moncho Fernández sonaba como sustituto de Curro Segura. Pero el 4 de abril todo cambió. La derrota por 40 puntos del Obradoiro en Bilbao (con un histórico resultado de 79-33 al fin del tercer cuarto) obligaba a replantearse todo de nuevo y realizar movimientos más serios. Cambios bruscos. Algo, que a seis jornadas para el final, fuese capaz de revertir la situación.

President Docobo? Obradoiro? Spain? Mmm... Yea. Northern Mexico | Fuente: pirrimarzon.blogspot.com

President Docobo? Obradoiro? Spain? Mmm… Yea. Northern Mexico | Fuente: pirrimarzon.blogspot.com

Fue ahí cuando apareció el nombre de Marbury. No sabemos cómo ni quién, pero de un momento a otro, el nombre de la estrella americana estaba por encima de la mesa del despacho del presidente Docobo. Con el propio presidente y el entrenador Curro Segura como únicos focos de las críticas, el fichaje que pudiese dar un vuelco a la situación era necesario ya.

El día 5 y 6 de abril, lunes y martes posteriores a la debacle en Miribilla fueron los días más ajetreados en la historia de las oficinas del Fontes del Sar. Se dice que fue Tim Shea, ex entrenador y uno de los principales hombres de negocios del viejo Obradoiro el que puso al club en contacto con Marbury y que el fichaje fue en todo momento posible. Incluso el presidente Docobo afirmó en la Radio Gallega que todo era cierto. Aun así, la bomba saltó cuando Marca se hizo eco de la noticia. Los rumores en ese momento se desataron y todos los aficionados al baloncesto en España vieron la noticia estupefactos.

El fichaje de Marbury fue la última solución propuesta para intentar salvar la categoría. Al final no vino, y la ilusión de verlo en Santiago se desvaneció al mismo tiempo que lo poco que quedaba de aquel equipo

La expectación creció en la noche del martes 6, pero al día siguiente todo se hizo agua de borrajas. Nada de nada. El Obradoiro había fichado a Paul Davis y Damir Rancic. Se había activado el Plan B. Un pívot anotador y un exterior tirador. Marbury no estaba en Santiago. Hoy día aún no sabemos el motivo: si fue porque al final se subió a las ramas con el dinero o si el club recapacitó y creyó aún posible otra vía diferente de salvarse diferente al fenómeno Starbury y su locura. Lo que sí sabemos es que sin duda Marbury ha sido el “no fichaje” más comentado de la ACB, pues la incógnita de que habría hecho un jugador como él siempre quedará en la memoria. ¿Se habría contagiado de un vestuario destruido o habría sido capaz de creerse el auténtico líder y comandar la nave como en sus mejores años en Phoenix Suns? Sin duda, lo único seguro es que su fichaje habría puesto al Obradoiro en boca de todos.

Casi cuatro años después, el conjunto santiagués está asentado en la Liga Endesa y Marbury aún no ha llegado a Santiago y posiblemente nunca lo hará. Su historia, ahora mismo, tan sólo será recordada como muchas otras en los bares de la capital gallega bajo el famoso comienzo: ¿Y qué hubiera sido si…?