Jeque bueno, jeque malo

En esta cada vez más creciente era de la globalización, hemos podido observar como muchos sectores han sufrido notables modificaciones en los últimos años. En el deporte en general, y en el fútbol en particular, también se ha dado una serie de cambios de cierta relevancia que ha derivado en que el comúnmente llamado ‘deporte rey’ haya mutado en uno de los mayores negocios a escala mundial.

Únicamente hay que comparar el dinero que movía el fútbol durante el siglo XX, el que movió durante principios del XXI, y el que mueve ahora, en la segunda década de este mismo. El crecimiento económico del balompié va en una línea ascendente que lleva un ritmo muy superior a lo que entendemos por progresivo. Se puede ver en muchísimos ejemplos concretos: el precio que se paga por los futbolistas se ha elevado exageradamente, al igual que el salario de los mismos. Lo mismo sucede con las ganancias derivadas de la venta de entradas, de derechos televisivos, de artículos de merchandising, etc. El fútbol se ha convertido ya en un fenómeno de masas a nivel global, y también ha sucedido lo mismo en el apartado de consumo.

Para observar la conversión del fútbol en negocio, simplemente hay que comparar el dinero que movía este deporte durante el siglo XX, el que movió durante principios del XXI, y el que mueve ahora, en la segunda década de este.

Y esto, pese a encontrarnos sumidos en la peor recesión económica mundial de los últimos 80 años. Claro que esto sucede únicamente en la élite, porque en el fútbol, como en casi todo, hay dos caras, y son cuantiosos los casos de jugadores que se encuentran sin cobrar, de equipos históricos en peligro de desaparecer o de estadios semivacíos debido al alto costo de las entradas.

laciudaddeportiva.com

laciudaddeportiva.com

Pero en los últimos años, esta transformación del deporte en negocio ha traído consigo la aparición estelar de una figura inédita en el fútbol hasta antes: el jeque. En la última década han aparecido varios hombres decididos a realizar cuantiosos desembolsos para comprar un equipo e intentar convertirlo en un conjunto puntero.

Así, es evidente que los jeques tienen consecuencias positivas y consecuencias negativas. Desde una perspectiva optimista, está claro que los jeques son sinónimo de dinero para los equipos, por lo que estos hombres son, en ocasiones, verdaderos salvadores de algunos equipos que se encuentren en una situación económica comprometida, que no son precisamente pocos. Este es el caso, por ejemplo, del multimillonario ruso Roman Abramóvich, que fue pionero al hacerse con el control del Chelsea en el año 2003. Cogió a un equipo desahuciado y lo ha llevado a la élite del fútbol mundial, con la consecución de tres ligas y una Champions League, el mayor trofeo continental por excelencia.

Roman Abramóvich fue el primer multimillonario en convertirse en dueño de un equipo de fútbol al comprar el Chelsea en 2003. Tras sus buenos resultados, otros jeques decidieron tomar el mismo camino, como es el caso de Al-Fahim en el Manchester City o las más recientes compras del PSG o del Mónaco.

Sin embargo, si cambiamos de perspectiva, podemos darnos cuenta de que la irrupción de los jeques en el fútbol sólo viene a contribuir todavía más a convertir este deporte en un negocio, pues implica la entrada de más dinero a las arcas del fútbol. Además de que, la aparición de multimillonarios al frente de una serie de equipos, provoca que estos tengan una mayor capacidad que el resto a la hora de hacerse con un determinado jugador… El equipo vendedor, a sabiendas de esto, aumenta el precio. Y el equipo del jeque acepta el precio pese a su incremento. Et, voilá: la inflación ha llegado al fútbol. Los jugadores cada vez son tasados en cantidades mayores de dinero… pero la gran mayoría de los equipos no dispone de un presupuesto tan alto como para poder realizar fichajes caros, y muchos se ven obligados a contratar futbolistas de menor calidad, recurrir a la cantera, etc.

Es decir, esto viene a distanciar cada vez más a los grandes y a los pequeños. Pone un enorme muro que divide a ricos y a pobres, haciendo que las diferencias entre unos y otros sean cada vez más palpables.

Roman Abramóvich (en el centro) junto a la Champions League y algunos integrantes del Chelsea.

Roman Abramóvich (en el centro) junto a la Champions League y algunos integrantes del Chelsea. | The Sun

En los últimos años han aparecido otros equipos que han sido comprados por multimillonarios, quienes se han encargado de elaborar plantillas altamente competitivas a base de talonario. El otro ejemplo en la Barclays Premier League es el del Manchester City, que tras varios años deambulando por la zona media de la tabla, cuenta actualmente con una de las escuadras con más calidad de Europa, con numerosos internacionales entre sus filas. La compra del City por parte de Sheik Mansour también ha recibido críticas en contadas ocasiones, ya no sólo por los desorbitados precios que ha llegado a pagar por algunos jugadores, sino también por su facilidad a la hora de renovar la plantilla, que ha sido comparada con el método de fichajes de los videojuegos de fútbol. En apenas un par de temporadas desde su llegada (en septiembre de 2008) el jeque de Emiratos Árabes ha cambiado a prácticamente la totalidad de los jugadores que conformaban el primer equipo citizien antes de su irrupción en el equipo de Manchester, realizando fichajes de renombre como Robinho, Tévez, Adebayor, Yayá Touré, David Silva, etc.

En el lustro que ha pasado desde la compra del City, este ha conseguido ganar una Premier League, siendo uno de los equipos punteros de la liga inglesa desde entonces, si bien en Europa todavía no ha conseguido ningún logro relevante. Pese a ello, las críticas a la metamorfosis que ha sufrido el Manchester City siguen resonando hoy todavía. Hace un par de meses, se comentaba el poco sentimiento de unidad que hay en el equipo citizien, debido a la falta de una cantera y a la grandísima diversidad cultural, pues cada jugador viene de un lugar distinto y la plantilla cuenta con muy pocos jugadores de procedencia británica. Hace ya tres años, por ejemplo, el ahora centrocampista del Stoke City, Stephen Ireland, criticó duramente la gestión del City, afirmando que con la llegada de Mansour (y sus millones bajo el brazo) su exequipo estaba echando por la borda todos los valores que habían cultivado a lo largo de tantas temporadas. Poderoso caballero Don Dinero.

Más recientemente los jeques han puesto sus ojos en Francia, destacando especialmente el Paris Saint-Germain y el Mónaco, dos conjuntos que se encontraban en una situación difícil tras haber pasado épocas mejores… pero que han resurgido debido al poder del dinero, y durante el periodo de traspasos, en la época estival, han sido dos de los grandes animadores del mercado europeo.

Sin embargo, en España tenemos casos concretos que muestran la otra cara de la moneda. La más cruel. Quizás uno de los problemas reside en que en el territorio peninsular, a la hora de realizar este tipo de compras, los jeques son obligados a declarar la procedencia de sus ingresos, algo que no siempre pueden hacer. El 28 de enero de 2011 se confirmaba la noticia de que el magnate indio Ahsan Ali Syed se convertía en propietario del Racing de Santander, que por aquél entonces se encontraba en Primera División, pero con varios problemas financieros. Sin embargo, Ali Syed se comprometía a pagar 15 millones de euros por hacerse con el mando del conjunto cántabro, y de invertir otros tantos para finiquitar la deuda que tenía el equipo. Evidentemente, la afición racinguista esperaba que la situación mejorase, tanto en lo económico como en lo futbolístico, pues el propio multimillonario indio había afirmado que llevaría a los santanderinos a la élite nacional e internacional.

A principios de 2011, el jeque Ali Syed llegó a Santander con la promesa de mejorar la situación deporte y económica del club. Fue el punto de partida del desastre que estaba a punto de llegar.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que la situación comenzó a torcerse. Tan sólo dos meses después de su llegada a la capital cántabra, los jugadores del Racing se encontraron con que no habían recibido remuneración alguna por su trabajo desde la llegada de Ali Syed. En una reunión, este se comprometió a abonarles su salario lo antes posible, pero esto no sucedió y al mes siguiente el equipo santanderino se vio obligado a pedir un crédito para poder hacer frente a su deuda, pues la Agencia Tributaria requería dos millones de euros por los cuales el multimillonario indio no mostró absolutamente ningún interés en pagar, al contrario de lo que había prometido en enero. En los meses posteriores, la situación no cambió y Ali Syed dejó de acudir a los partidos del Racing, mostrándose totalmente ajeno a la entidad verdiblanca. Existieron rumores de que el objetivo del magnate indio al comprar el club español era el de actuar como puente para vender el equipo al poco tiempo a la familia real de Bahréin. Sin embargo, sus planes dieron al traste y finalmente tomó la decisión de irse por la puerta de atrás y sin avisar, desvinculándose del Racing y dejándolo en una situación todavía peor de la que se encontraba antes de la llegada de Ali.

Ali Syed celebrando efusivamente un gol del Racing. | ligafutbol.net

Ali Syed celebrando efusivamente un gol del Racing. | ligafutbol.net

Esa temporada, el Racing logró cumplir el objetivo de salvar la categoría, pero se vio obligado a acogerse a la Ley Concursal para evitar el descenso a la división de plata. Pese a todo, lo único que se consiguió fue alargar un poco más la agonía, pues la siguiente temporada fue nefasta desde el punto de vista deportivo y económico, con la consecución de la pérdida de categoría tras una década en la élite del fútbol español. El Racing había entrado en una dinámica recesiva desde el fraude de Ali Syed, y en su primer año en Segunda División (la temporada pasada) completó de nuevo una campaña muy por debajo de lo esperado, finalizando de nuevo en puestos de descenso y bajando a Segunda División B. Actualmente el equipo se ha visto obligado a completar una plantilla repleta de canteranos para evitar más gastos… y en lo deportivo está siendo un conjunto bastante competitivo, sin embargo los problemas económicos siguen presentes y el Racing corre incluso el riesgo de la desaparición, con una deuda de 25 millones de euros sobre sus espaldas.

Desde la llegada de Ali Syed, el Racing, lejos de convertirse en el equipo puntero que el indio había prometido, ha descendido dos veces de categoría, además de encontrarse en una delicadísima situación económica.

El otro caso de compra de un equipo español por parte de un jeque lo representan el Málaga y Abdullah ben Nasser Al Thani. En verano de 2010, este miembro de la familia real qatarí pagó 36 millones por hacerse con la propiedad del equipo andaluz, y a diferencia del caso anterior, éste sí consiguió darle un nombre a los malagueños en el mundo del fútbol, al menos durante un par de años, hasta que perdió el control de la situación. Durante la mejor época del conjunto malacitano, estos consiguieron hacerse con los servicios de jugadores de primer nivel como Demichelis, Jéremy Toulalan, Santi Cazorla, Joaquín o Ruud Van Nistelrooy, además de algunas jóvenes promesas por aquél entonces, como el ahora madridista Isco.

Con una de las plantillas con más calidad de la Liga BBVA, el Málaga alcanzó su objetivo de entrar en la Champions League en la temporada 2011/2012, llegando en dicha competición a los Cuartos de final. Pero los problemas económicos reaparecieron, y el Málaga se vio obligado a vender a la gran totalidad de su plantilla y renovarla con jugadores de menor nombre para poder hacer frente a la deuda y a sus pagos. Actualmente, Al Thani lleva ya más de un año sin asistir a La Rosaleda a ver ningún partido, pero sin embargo sigue siendo dueño de la entidad malacitana. Un caso de éxito fugaz y de un jeque que no cumplió su palabra… pero al leerlo después de contemplar el caso del Racing de Santander, evidentemente no parece tan grave.

Al Thani, dueño del Málaga, con una bufanda del club andaluz. | Mundo Deportivo

Al Thani, dueño del Málaga, con una bufanda del club andaluz. | Mundo Deportivo

Así… ¿son los jeques buenos para el mundo del fútbol? Como ya hemos podido comprobar, tienen su parte positiva y su parte negativa. Sólo hay que ver la dispar suerte que han corrido los clubs que han sido comprados por estos. Desde un conjunto que ha llegado a ser campeón de Europa a otro que ahora deambula por la categoría de bronce del fútbol español. Pese a todo… ¿qué pasaría si ahora, por ejemplo, el multimillonario dueño del Manchester City decidiese cortar el grifo? ¿Y si hoy dijese que se acabó lo de dar dinero al conjunto inglés? Las consecuencias serían nefastas, pues se trata de equipos que están viviendo de un dinero que no tienen en propiedad, lo cual se puede convertir en un arma de doble filo, pues si el jeque se va, el legado que deja son unos salarios altísimos a los cuales el club por sí mismo muy probablemente no podría hacer frente. Es un tema delicado, pero que forma parte del negocio del fútbol actual. Como dijo Vujadin Boskov hace ya 34 años… “Fútbol es fútbol”. Y hoy en día habría que completarla… “Y despachos son despachos”.