Cuando el amor estorba

El primer acercamiento a la película Retornados (2013) está condicionado por el subtítulo “No son zombis, tampoco humanos”. ¿Qué son, entonces? Se puede uno llegar a preguntar con la esperanza vana de que el filme resuelva tamaña incógnita. Y digo vana porque el relato no acaba de cerrar del todo todas las puertas que va dejando abiertas a su paso. Quizás –y como queda claro en la escena final– estas puertas dejarán entrar el aire necesario para la realización de la segunda parte, algo que, además, ya se intuye desde el comienzo de la película.

A menudo, cuando uno piensa en una epidemia zombi, se puede llegar a plantear diversas situaciones, que casi siempre rondan la estrategia de supervivencia. Se puede afrontar esta temática con humor, con ganas de ensangrentarlo todo, o de buscar culpables a esa catástrofe mundial que domina el mundo –se puede llegar a pensar, incluso, que todas estas ideas fueron inculcadas por el cine y la literatura, a juzgar por lo homogéneo de las posibles visiones–. Sin embargo, las consecuencias sociales a largo plazo de una epidemia zombi no es algo que a uno se le presente en el pensamiento a menudo. Justamente, éste es el tema de la cinta del director Manuel Carballo, que a muchos puede resultar similar a Black Mirror –en la que se hace el ejercicio de cambiar seres sobrenaturales por tecnologías– o a la vampírica True Blood. ¿Cómo convivir con un ser diferente pero con la misma racionalidad que una persona? Algo insólito para un ser humano naturalmente egoísta que, tanto en este caso como en la serie televisiva, se muestra reacio a lo diferente, a salir de su zona de confort. Algo que para nada es ficción, pues a lo largo de la historia se pueden encontrar de manera sencilla varias decenas de ejemplos dentro de la propia raza.

Retornados

Foto: www.blogdecine.com

A pesar de encontrar muy positiva esta manera de abordar una temática con tirón –aunque quizás desprovista de originalidad– en el ámbito cinematográfico y, a pesar de que a nivel técnico Carballo realiza un buen ejercicio, es imposible abandonar la sensación superficialidad que la película transmite. La relación romántica de la protagonista con un retornado –que es el motor de la trama– y su intento por conseguir cada vez más medicinas, acaparan demasiado la atención del largometraje, desechando otras posibilidades de abordaje mucho más enriquecedoras como una mayor profundización en lo social. El amor estorba, sobra en esta película en la que con un par de escenas ya se habría entendido el drama que viven los protagonistas.

Además, el excesivo protagonismo de Emily Hampshire –con la que estamos destinados a identificarnos–, resta fuerza a una propuesta que, quizás sin tanto dramatismo sin sentido, hubiera dado un mejor resultado a este enfoque que –de base– ya era diferente.