Literatura electrodomesticada

A veces ocurre que dos o más hechos, por sí solos de naturaleza primigenia, fútil y hasta casposa, confluyen en el tiempo y en el espacio, se conjugan y se acoplan para generar una insinuación de la providencia a modo de advertencia, señal o profecía.

Los transgénicos como la otra cara de la domesticación de los sentidos.

Los transgénicos como la otra cara de la domesticación de los sentidos.

En todo lo contrario estaba yo pensando (cómo fabricar anfetamina azul de un 98% de pureza) cuando un sonido procedente de la tele me hizo levantar  la mirada y prestar atención a un anuncio de BMW sobre dos coches híbridos, cuadrados como lavadoras, que avanzan por una avenida tan pura y estéril como sus motores. Ni una mano aerodinámica perfilando la carretera, ni tan siquiera la voz en off preguntando con suficiencia si te gusta conducir. Nada. Quizá podría preguntar si te gusta lavar platos, o si prefieres tener las sábanas más blancas de todo el mundo mundial, porque ver ese aparato, con un par de monos sonrientes al volante en medio de los rascacielos, era más o menos como ver una lavadora dejando una estela o un lavavajillas a toda hostia. Más que para conducirlos, esos dos modelos de BMW parecían pensados para quien quiera salir a la calle a contaminar un rato, pero no demasiado.

Los cuadros se venden por cómo combinan por los sofás, y las playas, por lo descomunal que es su aparcamiento

No hubiera dado la menor trascendencia al patetismo de ese artefacto (¿coche?) si de pronto no apareciera un anuncio de pizzas para calentar en el microondas. En vez de mentir sobre su sabrosa y crujiente masa extrafina, o sobre lo natural y  jugoso de sus ingredientes o sobre la vieja italiana que las envasa (como suele ocurrir), directamente aludía a lo fácil y práctico que era prepararla. Como quien vende un suero intravenoso que no tiene más función que la de alimentar. Ajj. Vamos, que tomarse una de esas pizzas viene siendo como elegir qué peli ver en el cine en función del horario. “Prefiero ver ‘Séptimo’ que ‘La vida de Adéle’, que es muy larga y se me hace tarde”. Si tenéis un rato para ir al supermercado más cercano y de confianza, comprobad sus ingredientes, porque reforzarán la idea de que nos están vendiendo un futuro cáncer en forma de pienso para humanos, de acuerdo con las hipótesis apocalípticas de los nutricionistas más aclamados. En el dorso, junto al mítico “consumir preferentemente: ver parte de atrás”, se leía: “La masa puede contener restos de pescado y grasas de origen vegetal”. Eso sí, no tiene gluten, no vaya a ser que los celíacos se queden sin su derecho a la dosis diaria de pienso. ¿Quién podría vivir sin inyectarse sus concentrados de vísceras de ballena y gelatinas de huesos de buey?

Hace tiempo que los coches asumen su rol de ‘utilitarios’ y la comida se publicita según su funcionalidad, más que por su sabor o condición nutritiva

Total, que después de ver cómo intentamos domesticarnos a nosotros mismos a base de inscribir nuestro nombre en los collares, comprarnos BMW capados y comer un pienso algo más depurado que el de los perros (el pelaje brillante y sedoso lo dejamos a cargo el champú y el ser más dócil, para el tabaco y el alcohol), un fulano llamó a la puerta. Tenía pantalones de cuadros y dos dientes enormes y engominados. Por supuesto, no le abrí, sino que le salí al paso. Era de Círculo de Lectores…

Aquello era el súmmum. Los coches hace tiempo que asumen su rol de ‘utilitarios’. La comida se vende por su funcionalidad más que por su sabor o condición nutritiva. Los periódicos atraen por las colecciones de aparatos de cocina. Los cuadros, por cómo combinan con los sofás, y las playas, por lo descomunal que es su aparcamiento. Pues damas y caballeros, no se preocupen, porque Círculo de Lectores está a lo que hay que estar y llega a nuestras puertas para completar el cupo de bizarradas, ofreciendo libros hechos a medida, completamente domésticos y prácticos. ¿Qué importan el autor y el título mientras ofrezca un tamaño acorde a las medidas y estándares CE para muebles de salón? Sus libros, de tapa dura y hermosas portadas, son perfectos para aquel que odie la literatura y quiera odiarla un poco más. Su sabor se corresponde con las grasas vegetales de la pizza y las sensaciones que transmite en las manos, con las del volante del nuevo electrodoméstico híbrido de BMW. A veces incluso se habla del contenido, y también se ofrecen para días alegres, para días más lluviosos o para cuando te deja tu pareja. La autoayuda se asienta, así, entre las lavadoras y los reproductores de DVD entre los electrodomésticos más vendidos. Los e-books, por su parte, se consagran a la cabeza de los más revolucionarios.

—¿Hay algo más que lo que aparece en esta revista? Me apetecía leer a Kurt Vonnegut o a Beigbeder— le pregunté mirando sus dientes.

—Claro, bueno. Hay el pack entero de ’50 sombras de Grey’, que no sale en la revista pero que acabamos de editar, sobre todo para la Señora de la casa- dijeron sus dientes mientras una sonrisa verde desafiaba el peso de la gomina—. Además, hay un sorteo de un viaje a la ciudad europea que usted elija…

—Basta, basta, no diga más, caballero—. Como no podía ser de otro modo, me quedé la revista, encargué los tres libros que parecían tener la mejor relación diseño/peso/precio, me pedí un manual de instrucciones sobre cómo leerlos y almacenarlos y solicité entrar en el sorteo para ir a Roma, porque hace más calorcito y queda muy a mano para ver al Papa.

Eso sí, si me llevan, que sea bien atado con una correa, no vaya a ser que me escape y me ponga a cagar en las plazas. Quizá, ahora que lo pienso, la providencia sea más coherente que mi mente cortoplacista y recoger mis excrementos de la Fontana de Trevi sea la verdadera razón de tener siempre a mano un libro de Círculo de Lectores.