Joss Whedon: Otro ruido y otras nueces

Durante el rodaje de Los Vengadores llega un momento en el que Josh Whedon, su director, decide que es hora de tomar un descanso. Aprovecha para irse a casa, reunir a un grupo de actores y personal y rodar una versión de la comedia clásica de Shakespeare Mucho ruido y pocas nueces. Un rodaje de doce días con unos medios limitados pero muy bien aprovechados. Pudimos ver el resultado estas semanas durante el festival de cine Cineuropa en Santiago de Compostela.

El argumento es el que ya conocemos: Don Pedro (Reed Diamond) llega a casa del gobernador de Mesina, Leonato (Clark Gregg), acompañado de su hermano Don John (Sean Maher) y sus amigos Claudio (Franz Kranz) y Benedicto (Alexis Denisof). Claudio se enamora de la hija de Leonato, Hero (Jillian Morgese), y deciden casarse. Pero mientras disponen lo necesario para pasar por el altar, deciden que sería muy divertido juntar a Beatriz (Amy Acker), sobrina de Leonato, con Benedicto, quienes parecen haber enterrado su pasado común en la cantidad de odio que se profesan ahora. A la vez, Don John decide que puede resultar entretenido boicotear la relación de Claudio y Hero. Una comedia de enredo clásica trasladada al momento actual.

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Whedon ambienta la obra en la actualidad, pero decide mantener el texto original. Esto va a tener una serie de implicaciones. Los diez primeros minutos de cinta son bastante chocantes si uno no sabe que los diálogos de Shakespeare se mantienen: vemos a una serie de personajes con teléfonos móviles, batidoras y trajes actuales que hablan como si estuviesen el en siglo XVI, pero con toda naturalidad. Una vez pasada la primera impresión, no resulta forzado ni incoherente. Es precisamente ahí donde reside uno de los mejores elementos de la película: la interpretación. Los personajes son totalmente creíbles aunque estén hablando de forma tan poco común, consiguen entender lo que subyace al texto y que sea eso lo que expresan, lo que comunican. Lo más humano y universal. Los intérpretes aceptan el reto de sacar una forma determinada de expresión de su contexto y hacer que encaje en uno totalmente diferente, donde en principio no tendría cabida. Son unos personajes totalmente trabajados, enteros, que dejan ver  lo capaz que es su director de construirlos (sobre todo a través de su experiencia en series de televisión) y sus intérpretes de darles vida.

Mantener el texto original también lleva a mantener elementos propios del teatro como los soliloquios, o el humor propio de la comedia clásica. Introducir estos elementos podría parecer forzado, pero en esta cinta siguen encajando limpiamente. El humor propio de la comedia de enredo, directo y claro, se hace más agudo al sacarlo de su contexto. Pero otro tipo de humor más directo, basado en el trabajo de cuerpo de los actores, el malentendido o personajes caricaturescos como Verges (Nathan Fillon) se mantienen y aunque resultan inusuales, funcionan y completan la historia. Whedon aprovecha también los elementos que hoy se pueden convertir en humor y que en su momento no lo fueron: algo tan natural en su momento como afirmar que uno se casará con una mujer a la que tiene delante, cubierta con un velo, a la que no ha visto el rostro, aunque fuese etíope, resulta hoy terriblemente racista y políticamente incorrecto. Sobre todo si el plano siguiente es de una de las invitadas que puede responder al prototipo de dicha nacionalidad.

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La obra gira en torno a los dos puntos de vista de entender el amor: el de Claudio y Hero y el de Beatriz y Benedicto. No se trata con una profundidad extrema, sino de forma más ingenua y natural. Hay elementos como los matrimonios de conveniencia, la importancia del honor, la pureza o la traición que están tratadas de forma literal, por lo que hoy nos resultan ajenos. Pero tampoco entorpecen la historia, ni es en lo que su creador quiere centrarse. Quizá se pretenda respetar el texto como tal sin más consideraciones, quizá mostrar que este tipo de cuestiones pueden seguir vigentes en algunas esferas, quizá mostrar que en la época de Shakespearen eran prácticas tan ridículas como nos resultan ahora. Quién sabe. El caso es que no ensucian el desarrollo de la historia. Otro tipo de elementos como la relación entre Benedicto y Beatriz o la actitud de hastío y aburrimiento de Don John sí son más propias de nuestra realidad y nos resultan mucho más cercanas. Sea como sea, lo que logra Whedon es filmar la obra centrándose en lo que resulta comprensible independientemente de la época: los sentimientos de los personajes, sus preocupaciones y deseos son perfectamente cercanos, y es en lo que el director trabaja más profundamente.

Mucho ruido y pocas nueces no solo cuenta con un excelente contenido, sino que es capaz de darle el aspecto adecuado. Logra un ritmo calmado, propio del ambiente, la localización y el tema que trata. El ritmo y ambiente de las obras de Shakespeare, de las villas italianas, las fiestas en las cortes, es recreado con el mismo tipo de escenas, pero en la actualidad, acompañadas de una banda sonora que incide en crear este tipo de ambientación. La fotografía con planos cercanos, el ritmo conseguido, el ambiente creado a través de cuidar cada detalle logran dar a la historia el escenario perfecto, continente y contenido encajan a la perfección.

Para adaptar a Shakespeare, como a muchos otros autores o cineastas, hace falta valor. Cuando un director decide hacer una adaptación como esta sabe que va a recibir una serie de críticas por muy buena que sea su obra. Que habrá vestiduras rasgadas y voces de protesta que considerarán la adaptación una falta de respeto o un intento malogrado de superar a la obra original. El lugar que ocupa Shakespeare en la historia de la literatura es indiscutible. Y precisamente este lugar hace que sus obras sean una fuente fundamental y constante para todo tipo de narrativa, quizá por lo universal de los temas que trató, quizá por su capacidad de tratarlos de forma tan humana. Pero esto no quiere decir que una adaptación de su obra tenga que convertirse automáticamente en falta de respeto, arrogancia u obra de mala calidad. Se pueden encontrar adaptaciones respetuosas independientemente de su grado de fidelidad, y que aportan nuevas perspectivas. Lo que los directores tratan de hacer es crear algo a partir de una obra anterior, que les inspira, no igualar o superar el referente, no pretenden imitar. Esta cinta de Whedon es uno de esos ejemplos, una adaptación respetuosa y que toma la obra original como un referente para crear algo diferente. Whedon pretende, como pretendía la comedia clásica, entretener, crear una puesta en escena determinada con un ejercicio de interpretación diferente, y es lo que logra.

imgur.com

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Este director está siendo capaz de consagrarse y ser respaldado por Hollywood a través de trabajos como Los Vengadores, pero a la vez rodar con su propia productora cintas mucho más personales, y en las que puede responder a sus propios intereses con más libertad. Es capaz de combinar las dos esferas y demostrar que puede hacer las cosas más que bien en ambas. Con Mucho ruido y pocas nueces podemos disfrutar de una historia que nos sacará más de una sonrisa, perfectamente ambientada y con unas interpretaciones que aceptan un reto complicado, un reto que van a poder superar.