¿De verdad sabes hablar?

Para la mayoría de nosotros hablar es una capacidad innata. No le damos ni importancia ni valor a esa maravillosa capacidad que nos hace comunicarnos mejor que cualquier otra especie. No nos paramos a menudo a meditar que es la posesión de esa facultad la que nos hace diferentes, la que nos hace humanos. Pero, ¿es hablar sinónimo de comunicar?

En el mundo en el que vivimos ya no llega con tener una idea brillante, hay que saber contarla

Cicerón, Benjamin Franklin, Martin Luther King, Steve Jobs… ¿qué tienen en común todos estos personajes? Probablemente el nombre de todos ellos quede inscrito para siempre en la historia, no sólo por sus ideas o logros, sino por su manera de transmitirlos a la gente. Todos ellos fueron grandes oradores, grandes líderes. No es un secreto para nadie que en el mundo en el que vivimos ya no llega con tener una idea brillante, hay que saber contarla. Cabe preguntarse entonces, ¿es la oratoria una asignatura pendiente en España?

SE BUSCA LÍDER CARISMÁTICO

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La aparición estelar de Ana Botella en el COI ha dado para críticas dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero parece que el problema no es meramente anecdótico.

No sabemos hablar en público. Nuestro sistema educativo no nos prepara para ello y el mundo actual nos exige una reacción. El auge de las TED talks es la señal inequívoca de lo que estamos hablando. Una idea puede triunfar si sabemos contarla. En una de ellas, Simon Sinek hablaba de cómo los grandes líderes inspiran a la acción. Explicaba el escritor que el carisma de los líderes, su capacidad para convencernos, radica en su extraordinaria capacidad para comunicar. Las ya famosas huidas de los micrófonos de Rajoy o el pésimo nivel de nuestros parlamentarios personalizan en la clase política un problema de nuestra sociedad.

La clase política española se ha educado en una época en la que no se valoraba la expresión oral tanto como hoy. Aun así, Miljana Micovic, profesora de Next International Bussines School, apunta que los políticos todavía necesitan mejorar mucho, pero ya dan más importancia a su forma de comunicarse. Esta profesora serbia, que ha estudiado en profundidad debates electorales en España y en su país, alude a que la naturalidad es imprescindible para que un discurso cale. En el caso concreto de Ana Botella sentencia : “Desde mi punto de vista su principal problema no fue el inglés, aunque fue lo que más se criticó. Yo creo que lo que le pasa, y que es común en todas sus intervenciones públicas, es que no transmite naturalidad.  Parecía que estaba actuando.” Apunta la analista a que, a pesar de que los políticos se han dado cuenta de la necesidad de comunicar mejor, mantienen su equipo habitual. Micovic pide renovación y nuevas ideas, porque, explica, “ No creo que en su equipo sean muy críticos con ellos.”

Pero no sólo los políticos precisan saber cómo hablar, también para la gente corriente es beneficioso desarrollar este tipo de habilidades. Tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a una situación de este calibre. Buen ejemplo es tratar de encontrar financiación para un proyecto. Que un banco acepte o no financiar un proyecto depende en gran medida de la presentación de la idea.


¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO MAL?

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El plan Bolonia se encargó de apuntar que debemos desarrollar en la Universidad nuestras destrezas a la hora de hablar en público. ¿Está nuestro sistema educativo asumiendo ese papel? La respuesta es claramente negativa. Vamos muy por detrás de otros países en esto. Si nos comparamos con Estados Unidos, la Meca de la comunicación, sorprende saber que allí existe una larga tradición de ligas de debate universitario. En España esta actividad empieza a despuntar lentamente, pero sorprende conocer el dato de que el torneo más antiguo, organizado por la Universidad CEU San Pablo de Madrid, cuenta con sólo 9 años de antigüedad. Su coordinador, Miguel Gómez-Aleixandre, apuntaba en el diario El País  que los niños deberían familiarizarse con este tipo de situaciones desde muy pequeños: “Los niños ven como un castigo salir a la pizarra y, por eso, para habituarles, deberían de explicarse delante de ella desde los tres años”.

Miljana Micovic conoce bien este asunto, pues ha sido jueza de varios torneos universitarios de debate y explica que “Las universidades empiezan a darse cuenta de la importancia que tiene el debate”. El caso de la Universidad de Santiago de Compostela es buen ejemplo. Nos explica Marcos Vilas, estudiante de Matemáticas y tesorero de la asociación, que han pedido a la Universidad que reconozca con créditos a los alumnos que participen en esta actividad. Todavía no hay nada definitivo pero explica el tesorero que desde el Vicerrectorado los animan a solicitarlo. Vilas declara que “La Universidad nos va apoyando para los tiempos que corren, pero podría implicarse más. Eso sí, cada vez hay más profesores interesados en esto”.

El ser humano no está preparado naturalmente para hablar en público. Es un hecho atípico, traumático. De ahí deviene la necesidad de habituarnos desde muy niños.  Miljana Micovic explicaba su sorpresa cuando llegó a España al percatarse de que la expresión oral estaba relegada a un segundo plano: “En Serbia nos obligaban a hacer teatro, a explicar cosas ante nuestros compañeros y sus padres. Salíamos a explicar a la pizarra lo que aprendíamos y eso se evaluaba porque hacías el esfuerzo de comprender los conceptos y además sabías explicarlos.” Con esta frase describe Micovic la diferencia abismal entre un sistema educativo y el otro.

En conclusión, estamos recogiendo lo que hemos sembrado. No podemos tener una clase política que se exprese a la perfección sin haber hecho de la oratoria parte fundamental del sistema educativo. Sería beneficioso no sólo por los futuros líderes del país, sino para toda la sociedad. Por favor, reaccionemos ante esta exigencia del mundo moderno, por favor, aprendamos a hablar.