Cultura y compostura hasta la sepultura

Alimañas, víboras, cucarachas, sanguijuelas, ratas de dos patas que se arrastran empujando carretillas de envidia. Ojos palpitantes, rojos de odio animal, a la caza de presas débiles. Entre la gente que vive y deja vivir cruzan rebaños de infrahumanos que solo buscan hacer el mal. No importa el lugar, de norte a sur la cultura en este país está plagada de desechos. 

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El artista italiano pintando en Calle Granada, Málaga | ©Sara Yáñez

Valerio Arduino Gentile se sienta a mi lado en el sofá de la Art Gallery de Calle Granada, en Málaga. A nuestro alrededor cuelgan cuadros de paredes y techo, esculturas desdeñosas se anclan al suelo y vuelan miradas curiosas de visitantes que apenas pueden avanzar por la pequeñez de la galería. He quedado con este artista napolitano para enseñarle las fotografías que días antes había tomado mientras él terminaba un nuevo cuadro. Entre tanto avanzan las imágenes, Valerio me cuenta que en esa galería exponen otros dos artistas que logran con sus cuadros una armoniosa mezcla de estilos.

Gentile define su forma de trabajar como “animista”; sus dibujos beben directamente de su ingenio, reforzado por un aprendizaje continuo desde sus comienzos en el mundo artístico. Cuando utiliza el pincel extrae automáticamente lo que imagina pues, aunque haya a quien no le resulte agradable, para él tiene la fuerza de un conjunto de conexiones humanas. Este excéntrico pintor y escultor se mueve a la par que la vida. Ha residido en varios países europeos (Italia, España, Bélgica, Gran Bretaña…) y ha trabajado con piedra caliza, el material de las pirámides, en dos esculturas realizadas cerca del Mar Rojo durante sus estancia en Egipto. Hace casi dos años coincidimos en su trasegar. Valerio había llegado a Málaga buscando sol, mar y tradición andaluza.

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“It is not from photographs I take my images. Trickling downward, through the fissures of my mind, they reveal themselves to me in the half-light before I wake. Filtered thus, an apt title for them might be Discovered disconsolate in a space bereft of earth and sky. Inert, almost perspectiveless, they obey the cold logic of the Byzantine age. And yet do they not also recall the doctrine of Animism? Perhaps it is their having been crudely embellished. No matter. When they come, I hurry to sketch them, lest one should escape and I should never come to comprehend these symbols—these ancient colours!—that have made me impermeable to all other dreams.” Valerio Arduino Gentile | ©Sara Yáñez

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"Don Quijote" ©Sara Yáñez

“Don Quijote” ©Sara Yáñez

El día en que decidí acercarme hasta la galería con la cámara, Valerio estaba terminando un cuadro al que llamaría “Don Quijote”, no cabe duda del porqué. Era primavera y el ambiente se prestaba a un continuo pasear de pantalones –faldas… sandalias y zapatos-, humo de cigarrillos y mandangas, perfumes de señoras con intención de beberse una copa (o dos) de vino dulce. Un día perfecto para sacar los bártulos al sol y seguir trabajando. Gentile prepara los botes de pintura, lava los pinceles y se concentra en su tarea. Una mujer, habitual de la zona, se frena a su espalda y observa el óleo. Ella con desparpajo reconoce su nariz en el lienzo y el pintor con ilusión la convierte en su particular musa. Le pide que pose para él y durante unos minutos asisto a una escena tan especial como simpática. Al hidalgo de nariz y mentón pronunciados le crece una rizada cabellera que lo convierte en la envidia de los manchegos. El cuadro tiene ahora una anécdota que contar. El gran problema es que nunca volvimos a escucharla. Días después Valerio se puso en contacto conmigo para decirme que le habían robado el cuadro en la madrugada del domingo 20 de mayo. Un artista que cree en la belleza descontaminada como posible salvación del mundo se dio de bruces con la realidad y se quedó sólo con el recuerdo de su trabajo. Lo cierto es que en cualquier momento aparecen los buitres sobre las aguas negras del pantano.

La calle donde se ubica la galería tiene un algo especial dentro del centro histórico de Málaga. Su color y su olfato son un reclamo para el continuo trasegar de personajes | ©Sara Yáñez

La calle donde se ubica la galería tiene un algo especial dentro del centro histórico de Málaga. Su color y su olfato son un reclamo para el continuo trasegar de personajes | ©Sara Yáñez

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Su obra se distingue por una técnica innovadora que proyecta fantasía sobre una base de realidad. En ella se aprecia su admiración por el Renacimiento y por grandes maestros como Velázquez o Cervantes | ©Sara Yáñez

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Los espectros del infierno actúan sin importar el día, la hora o la edad que tengan. Tampoco importa el lugar geográfico. Meses después del robo del cuadro tuve que regresar a Galicia. Se apagó el sol pero nació la nostalgia de lo ya conocido. Dicen que una buena gallega tiene que saber hacer caldo, empanada y encaje de bolillos. También ha de ser fiel a su lengua materna en los artículos. Se ve que actualmente no cumplo ninguna de las expectativas, pero he querido interesarme por la tradición de los palillos.

El encaje gallego fue perdiendo parte de su identidad al convertirse en un mero producto o mercancía de la economía sumergida. Con los años se ha ido desprendiendo de su valor artístico y técnico, pero todavía quedan personas que lo estudian y practican como hobby u oficio. Fue en el siglo XIX cuando la técnica del encaje guipur, típico en Galicia y pariente del encaje francés, aumentó su nivel de complejidad. Como aclaración es curioso explicar que los guipures son los puntos de zurcido que acostumbran a aparecer en forma de flores y hojas en casi todas las puntillas. No cabe duda de que la mayor influencia en el tipo de encaje es la propia, siendo fundamental la creatividad y versatilidad de la gente gallega a la hora de inventar nuevos modelos. Muchos diseños morirán con las pocas palilleras que aún recuerdan cómo se trabajan este conjunto de dibujos descontaminados y con identidad propia.

Palillera trabajando en una muestra de "arañas", un tipo de diseño | ©Sara Yáñez

Palillera trabajando en una muestra de “arañas”, un tipo de diseño | ©Sara Yáñez

Durante la emigración de finales del siglo XIX y principios del XX, el encaje gallego fue exportado a América en cantidades medidas en tonelajes- En 1905, por ejemplo, llegaron a Cuba 7.518 quilos de encaje procedentes de Coruña | ©Sara Yáñez

Durante la emigración de finales del siglo XIX y principios del XX, el encaje gallego fue exportado a América en cantidades medidas en tonelajes- En 1905, por ejemplo, llegaron a Cuba 7.518 quilos de encaje procedentes de Coruña | ©Sara Yáñez

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Bolillos | ©Sara Yáñez

Ella se despierta temblando con la fría luz del amanecer. Gris como el hormigón y los tejados de las casas viejas, gris eucalipto, gris humo. El peso muerto de los buenos días hoy es más llevadero pues hay una muestra de encaje gallego en la que participará con la asociación de palilleras de Fene. Podrá exhibir sus diseños y trabajar delante de curiosos atraídos por la artesanía. La mujer viste una chaqueta de lana de elaboración propia que parece gorda y caliente como para no quitarla ni para dormir. A sus casi setenta años camina motivada y sonriente hacia el punto de encuentro. Lleva casi un año dedicándole dos horas diarias a una pieza que mima con cariño y ha llegado el momento de enseñarla públicamente.

Hacer encaje de bolillos es una actividad que la tranquiliza pero, al regresar a casa después del encuentro, la sonrisa se desvanece y sus nervios se crispan. Durante un descanso para comer en el evento, alguien ha echado a perder su labor. El encaje en el que había invertido tantos meses ahora está rasgado por la envidia. Es un quehacer que requiere de mucha paciencia y, sobre todo, de mucha maña. Quise comprobarlo e intenté palillar un rato. Craso error. Pero de veras entendí lo que duele que tanto trabajo se vaya al garete en un momento de despiste. Cada artesanía tiene un parte de oficio y otra de arte, que debemos mimar como deuda histórica y etnográfica.

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Con la guerra se fue perdiendo el comercio exterior y el encaje de bolillos se vio reducido al comercio interior hasta que, una vez finalizada, las féminas promovieron la creación de nuevas palilladas (escuelas de palilleras) para recuperar el oficio | ©Sara Yáñez

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Lo que buscaba señalar con este par de ejemplos es el descuido general al que se somete la cultura en España. El robo de un cuadro o la destrucción de un encaje son los hijos pequeños de un rayo que rasga de arriba abajo un telón de terciopelo rojo de veinte metros de alto. Quedan así al descubierto los insensibles hijos de puta. Tienen un rostro gris, inmóvil como una urna funeraria. Algunos, políticos conocidos, visten de rigurosa etiqueta, corbata y zapatos relucientes; otros, escoria anónima, cubren sus pieles de envidia. Sus minúsculos ojos parecen escupir agujas que se clavan en los dedos de gente que sólo busca atraer y mantener al público vivo. Más de un artista con mala estrella ha sentido la expresión punzante de sus disgustos.