Recapacitemos juntos

¿Qué nos pasaría por la cabeza si mañana, al llegar a nuestras casas, viésemos que están emitiendo en la televisión un debate acerca de nosotros? ”Ese soy yo”, diríamos, ”¿por qué narices hablan de mí?” Acto seguido, nos sentaríamos a ver la tertulia. Poco a poco iríamos entendiendo que nos están explicando por qué somos más débiles que los demás. Lejos de reconfortarnos, nos horrorizaríamos por ese trato. Sentiríamos que están decidiendo por nosotros qué clase de personas somos y a qué clase de problemática nos enfrentamos en nuestro día a día. ¿Desde cuando tengo dificultades que nadie más tiene? pensaríamos lógicamente. Es más, diríamos: ”¿pero y ustedes qué narices sabrán sobre mis defectos, problemas o discapacidades?” Y podríamos preguntarlo con toda la razón del mundo.

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Este es el quinto año de vigencia de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

¿Pero y ustedes qué narices sabrán sobre mis defectos, problemas o discapacidades?

Así es como tratamos a las personas con discapacidades día a día. Lejos de buscar que decidan por sí mismos, los ‘’protegemos’’ como a niños pequeños y añadimos algún adjetivo tremendista para remarcar que ante todo, los queremos ayudar porque lo pasan muy mal. Al margen de que esta protección sea bien intencionada y en algunos casos concretos, necesaria, debemos evitar caer en ese tipo de discurso. Entre otros, solo favorece que posterguemos la emancipación de las personas con discapacidad y les cortemos las alas. Las barreras que desde la sociedad ponemos a estas personas pasan desapercibidas en el día a día. Creemos que el problema lo tienen ellos, no todos nosotros, y que las vallas más difíciles de traspasar son las físicas, y no las sociales.

Creemos que el problema lo tienen ellos, no todos nosotros

Para arrojar un poco de luz al asunto, veamos la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el término discapacidad:

Discapacidad es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación. Las deficiencias son problemas que afectan a una estructura o función corporal; las limitaciones de la actividad son dificultades para ejecutar acciones o tareas, y las restricciones de la participación son problemas para participar en situaciones vitales. Por consiguiente, la discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive.

Fijémonos en la segunda mitad de la última frase: ‘’… y las características de la sociedad en la que vive’’ Así pues, la discapacidad es un asunto que nos atañe a todos. Cuando comencemos a superar la visión unidireccional del problema, podremos hablar de un enorme progreso en la sociedad en este ámbito. Centrémonos ahora, hechos los matices necesarios, en los problemas a los que las personas con discapacidades se enfrentan a la hora de participar en la vida pública.

Fuente: Organización Mundial de la Salud, 10 datos sobre la discapacidad.

Fuente: Organización Mundial de la Salud, 10 datos sobre la discapacidad.

Primero de todo, el trato. Mientras no mejoremos la comunicación, la base de la interacción entre las personas, no podremos mejorar nada. De nada vale facilitar una serie de medios a una persona con discapacidad, si luego le hacemos sentir que es menos que el resto por recibirlos. Este tema, inevitablemente me recuerda a la estupidez que Celia Villalobos cometió en la Junta de Portavoces del Congreso, a la hora de hablar sobre las personas con discapacidad.‘’Tontitos’’ fue la mejor palabra que se le vino a la mente para hablar de un tema tan serio. Se trata del perfecto ejemplo de cómo no debemos tratar este tema. Todo son buenas intenciones en sus palabras, pero por la cabeza de nadie pasa que utilizar el término ”tontito” ayudará a absolutamente nada, salvo a ofender a un colectivo y a llenar portadas de periódicos. Esto me reafirma en el que el problema no es suyo, es de todos. Si buscamos integrar en todos los ámbitos de la vida a tales colectivos, debemos tratarlos como iguales.

Si buscamos integrar en todos los ámbitos de la vida a tales colectivos, debemos tratarlos como iguales.

En segundo lugar, tenemos que facilitar que participen. A todos nos cuesta entender la actualidad política, seamos personas con discapacidades o no. Para hacer más fácil de comprender la información, una de las demandas principales es que los programas políticos se redacten en un lenguaje accesible para todos. En este campo, por suerte hemos ido avanzando. A día de hoy los partidos suelen publicar versiones de lectura fácil de sus programas electorales. El punto de partida es ese, completamente necesario, porque las personas con diversas discapacidades encuentran obstáculos para acceder a la información electoral. No tienen ningún sentido que nuestros partidos gobiernen sobre ciudadanos a los que ni siquiera buscan hacer llegar su mensaje. Los formatos y medios a través de los que se difunde la información, y el propio contenido de la misma, no siempre tiene en cuenta las características y necesidades de estas personas, y el resultado es que, para muchas de ellas, es difícil conocer cuáles son los temas en torno a los que se plantea el debate.

No tienen ningún sentido que nuestros partidos gobiernen sobre ciudadanos a los que ni siquiera buscan hacer llegar su mensaje

Portada de la iniciativa''¡Tienes derecho¡'' de la FEAPS (Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual)

Portada de la iniciativa ”¡Tienes derecho¡” de la FEAPS (Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual)

Pero estos dos lastres que hemos comentado se quedan en nada cuando observamos el siguiente. Es el caso de las personas con discapacidad mental de algún tipo, generalmente Sindrome de Down. Resulta que, las sentencias de incapacitación parcial o completa, por error, en un gran número de casos, evitan que se reconozca el derecho a sufragio pasivo -ser votado- o activo -votar-. Impedir el voto a las personas con discapacidad intelectual vulnera los derechos fundamentales y la Convención Internacional de la ONU para las Personas con Discapacidad. Salvo que la sentencia lo prevea expresamente, las personas con discapacidad mental tienen derecho a sufragio pasivo y activo. Estas sentencias, aunque son necesarias para salvaguardar algunos derechos, no deben suponer un lastre para el ejercicio de otros. Así lo ha dicho en más de una ocasión el Consejo de Europa.

Llegar a estos cambios, por desgracia será un camino largo. Los procesos de sensibilización, de no ir acompañados de una toma de conciencia duradera, resultan inútiles. No se trata de una cuestión de ”tontitos”, se trata de dignidad, autosuficiencia, independencia y desarrollo personal.

No se trata de una cuestión de ”tontitos”, se trata de dignidad, autosuficiencia, independencia y desarrollo personal

Para acabar, me pregunto lo siguiente: si para votar no necesitamos saber ni escribir ni leer,sino que basta con tan solo ser mayor de edad, ¿por qué la ley garantiza el derecho a sufragio de los que, por las razones que sean, no votan e impide el de los que lo desean y por derecho pueden? ¿Protección o sobreprotección? Me decanto por lo segundo, me parece cuestión de justicia.

Foto de portada: Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI)