En busca de la perfección: dopaje genético

La palabra dopaje no es nueva en el deporte. En los últimos años han aumentado los casos de resultados positivos en los controles y se ha procedido al desmantelamiento de grandes redes de dopaje.  Los métodos utilizados son cada vez más eficaces. Pero al mismo tiempo que avanzan las técnicas para detectar el uso de sustancias prohibidas, también el progreso científico hace que aparezcan nuevas formas de contaminar el deporte. El dopaje genético es una preocupación real. Mediante la aplicación de terapias génicas se pueden alterar parámetros como la fuerza o la resistencia.

La mayor amenaza que lleva consigo el dopaje genético es la dificultad para detectarlo. Pese a esto, ya hay algunos nombres relacionados con los innovadores procedimientos de dopaje. En el año 2006 el entrenador alemán Thomas Springstein fue detenido por intentar beneficiarse de una terapia génica llamada Repoxygen, la cual aumenta el nivel de glóbulos rojos en sangre. El doctor colombiano Alberto Beltrán intentó volar a su país en marzo del año pasado llevando en su equipaje materiales de diseño que mejoran la resistencia y reducen la sensación de esfuerzo. Beltrán encabezaba una red de dopaje genético descubierta en el marco de la Operación Skype. En marzo de este año, la Unión Ciclista Internacional (UCI) suspendió al ruso Valery Kaikov tras dar positivo en GW1516, un moderno componente cuyo uso es cancerígeno.

La mayor amenaza que lleva consigo el dopaje genético es la dificultad para detectarlo. Pese a esto, ya hay algunos nombres relacionados con los innovadores procedimientos de dopaje

Ante esta situación era inevitable el arranque de un debate ético. ¿Todo vale para conseguir un podio olímpico, un oro mundial, el éxito? Ante un buen resultado, ¿ya no importa el cómo? Si existe un sentimiento especial que puede experimentar el ser humano es el del orgullo personal. Saber que uno ha conseguido lo que quería tras haber realizado grandes esfuerzos. Sentir esa paz interior que proporciona llegar a la meta deseada. Un deportista que altera su naturaleza a través de las terapias génicas no puede considerarse ganador de nada. Esta opinión es la que tienen personas como Theodore Friedmann, experto en genética de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). Friedmann no ha dudado en hablar de los intereses económicos que hay detrás del dopaje, ni de la dificultad para pararlo. A esto hay que sumarle los riesgos para la salud debido a los efectos secundarios que pueden producirse. Argumentos a favor de todo aquel que siga creyendo en el juego limpio. La postura contraria es en la que se encuentra el doctor en bioética Andy Miah. Él prima la importancia de ganar ante todo, por lo que está a favor de aquello que aumente los récords deportivos. El periodista David Ewing Duncan resumió perfectamente la situación en pocas palabras: “La cuestión sería cuál versión de los deportes preferiríamos ver, la natural o la mejorada”.

El panorama parece pesimista. No se puede hacer mucho si por cada paso adelante en la lucha antidopaje salen nuevos mecanismos de ayuda a los deportistas. Es una cuestión de principios. Se trata de pasar por encima del otro o de competir de verdad. Elegir entre una falsa victoria o una digna derrota.

Foto de portada: Filmaffinity