El nuevo anuncio de Apple se llama Jobs

“Muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas”

Lamentablemente, en la película biográfica del propio autor de la frase, Jobs, no lograron mostrarnos lo que queremos. Éste fue su gran fracaso y el causante de la consiguiente decepción. La todavía reciente muerte del empresario más envidiado del mundo provoca una gran curiosidad acerca de su vida y del porqué de su éxito. Leemos sobre su vida para comprobar si es posible un contagio, y muchas veces solo sus palabras o su modo de razonar nos hacen plantear el problema de otra forma.

Esto transforma a Steve Jobs, el cofundador de Apple, en una máquina de hacer dinero. De hecho, pronto podremos ver otro intento de plasmar su vida en la gran pantalla llevada a cabo por el director de The Newsroom, Aaron Sorkin. Es difícil juntar todos los proyectos que emprendió, mezclarlo con sus peculiaridades y sacar dos horas de narración perfecta y milimetrada. Pero también tiene su complicación tener al espectador durante 120 minutos viendo un interminable anuncio inconexo de la firma de la manzanita. Omitir datos tan relevantes como la creación de Pixar, su propia muerte  (y la previa enfermedad), el efecto que Apple causó en la sociedad o sus últimas creaciones es para pensar que se perdieron páginas del guión.

Pero no todo iba a ser malo. Ashton Kutcher está espléndido en su papel, a pesar de las múltiples críticas recibidas por parecer una caricatura de creador del postureo. Su aspecto físico es ya muy semejante, por lo que al añadir unas leves pinceladas de sus particularidades estilísticas creamos un doble perfecto. No tan bueno es el resultado en su compañero y perjudicado cofundador Steve Wozniak, interpretado por Dermot Mulroney. Entonces la pregunta es: teniendo una buena historia y un reparto notable, ¿por qué tenemos un resultado tan malo? Pues bien, la respuesta es doble.

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Imagen de la película en la que vemos a los genios de Apple

Por un lado, tenemos las razones ya citada de las altas expectativas y el alto conocimiento que tenemos del personaje. Aún queremos conocer la historia y proceso de creación de la gran Apple, y por supuesto del que nos han dicho que es el principal responsable. Su muerte está reciente y los Macs por todas partes, aún tenemos sed de datos y no de anécdotas puntuales. En cambio, Jobs nos confunde. Nos ofrece flashes puntuales que no se hilan y que no nos cuenta nada, terminando por aburrirnos.

Así llegamos a su otra pega. Nos relatan los acontecimientos de forma espontánea y dejándolos en el abismo, sin volver a recuperarlos jamás. Sin contextualizar. No conocemos a la gente de la época, a su reacción después de la salida al mercado de sus ordenadores. La lucha con Microsoft. Tan solo existe el garaje donde nace la idea y posteriormente la grandiosa multinacional en la que Jobs circula descalzo diciendo genialidades. No lo conocemos fuera de Apple, con la creación de Pixar y el estreno de Toy Story. No se aprecia como resurgió de sus cenizas ni la explicación que daba a cada uno de los detalles del diseño de los productos de la firma. Por ejemplo, que no tengan botones. “Quiero creer que hay algo que sobrevive. Pero a lo mejor es como un botón de encendido y apagado. Quizás por eso nunca me gustó poner botones en los aparatos de Apple”. Cómo nos lo iban a hacer saber, si este cambio de pensamiento surgió del anuncio de su enfermedad. Esa omisión nos priva de varios datos. Sus excentricidades con la comida, sus dietas que eliminaban el olor corporal y también las que decía, curaban el cáncer. Hasta rechazaba las máscaras de oxígeno porque creía que “su diseño era horroroso”.  Para ellos todo finaliza en 2001 con la presentación del iPod. Con poder llevar tu música en tu bolsillo, cual slogan.

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Las citas de Steve Jobs son un claro ejemplo de su creatividad.

“Quiero creer que hay algo que sobrevive. Pero a lo mejor es como un botón de encendido y apagado. Quizás por eso nunca me gustó poner botones en los aparatos de Apple”.

Perder el tiempo era otra de las cosas que no le gustaba a Steve Jobs. En este caso se puede decir que la realidad es mejor que la película. Todos fuimos conociendo las anécdotas mal contadas de la película, pero sin sentir que hemos perdido el tiempo.

“Si cinco millones de personas usaban Mac y tardaban 10 segundos de más en arrancar el ordenador cada día, aquello sumaba 300 millones de horas anuales, lo que equivalía a salvar 100 vidas cada año. Si con ello pudieras salvar la vida a una persona, ¿encontrarías la forma de acortar el arranque en 10 segundos?”. Esto mismo le inquirió al programador Larry Kenyon. El sistema acabó arrancando 28 segundos más rápido.

Fotos extraídas de: http://memeburn.com