Adoctrinamiento y auge del “pensamiento único”

De la educación se ha dicho tanto que hasta da pereza. No tanto el escribir, que siempre enriquece, si no más por el que tenga que volver a leer sobre ello. Es ya bien conocido por todos que el sistema educativo se ha quedado estancado en un pasado lejano. El mismo es una máquina de crear desigualdad desde la igualdad; la pesadez de todos hacer lo mismo y crear clones por no sé qué del bien común fuerza que acabemos compitiendo desde niños por habilidades que unos tienen desde que nacen, y otros, simplemente, no.

El psicólogo Howard Gardner, en su Teoría de las inteligencias múltiples, ya estudió que pueden encontrarse hasta ocho tipos distintos de ellas. Él afirmó que, por ejemplo, un bailarín profesional puede ser tan inteligente como un astrofísico de reconocimiento, pero que la diferencia solo radica en el tipo de inteligencia que uno u otro tienen más desarrollada. La inteligencia, por tanto, no sería tanto una cuestión cuantitativa, sino cualitativa.

En cambio, estaremos de acuerdo en que la educación actual solo puntúa la puramente memorística o lingüística, y consigue que los que son capaces de memorizar un tocho de apuntes sean los que destaquen, y los que no, quizás teniendo más potencial en cualquiera de las otras siete modalidades, se queden al margen. Y es que este modelo no solo no se basa en buscar talentos, si no en ahogarlos, acabando por ser un arma de destrucción masiva de autoestimas para unos niños que terminan creyéndose lo que el sistema no deja de repetirles: eres más tonto que los demás. Una educación de este tipo no deja de demostrar que la igualdad en la mayoría de las cosas de la vida es la peor de las injusticias; porque una educación que formase desde la propia desigualdad haría del sistema algo enormemente más productivo y mucho más sano. Queramos o no, distintos vamos a serlo siempre.

Ilustración sobre el papel de la escuela en los niños.

Ilustración sobre el papel de la escuela en los niños.

Por el bien de los niños

Pero el tema de hoy no es tanto esto, que era un modo de adornar la introducción y de echar un poco por fuera tirándome el cuento. O quizás sí; porque la igualdad también puede extenderse en el pensamiento. La escuela no solo desmotiva o aparta al que más dificultades tiene para adaptarse a un sistema deficiente, sino que adoctrina en cuanto a pensamiento político sin que lo notemos, forjándose desde ahí, desde la base, el auge del “pensamiento único”.

Aunque ellos consigan venderlo todo como “por el bien de los niños”, siendo una gran mentira y solo un modo de propaganda porque su modo de “adaptarlos a la sociedad” no tiene nada que ver con eso —meter a un grupo de niños de la misma edad en un aula no es socializar—, si somos científicos y lo analizamos desde el campo de la psicología social descubriremos, quizás, algunas cosas curiosas.

Cojamos, en un primer momento, la Teoría de los esquemas que desarrolló el psicólogo Frederic Bartlett. Este autor afirmó que nuestra mente se organiza en esquemas cognitivos que se forman a lo largo de nuestra vida, y que son los que agrupan todos los conocimientos sobre un cierto campo. ¿Qué quiere decir esto? Si lo llevamos al tema en cuestión, conseguir que los críos desarrollen esos esquemas durante la época de estudiantes hará que, una vez creados, todo el nuevo conocimiento que adquieran a lo largo de su vida lo añadan a los ya previos; toda nueva información será adjuntada a lo ya asentado durante este periodo. Y además, lo que los hace todavía más potentes, es que existe una gran dificultad para que, una vez son implantados, se modifiquen posteriormente; algo a lo que se denominó el “efecto de perseverancia”. Este es uno de los motivos principales por los que, en mayor o menor medida, la gente es tan sectaria; una vez cogida una cantinela, todo lo que ellos entienden como bueno lo añaden al esquema previo, y lo malo a todo lo demás. ¿Por qué hay gente que sigue diciendo que el capitalismo son empresas subvencionadas con dinero público? ¿O que las guerras son consecuencias del mismo? Básicamente porque necesitan justificar algo que les parece deleznable y solo lo añaden al esquema que ya tienen, y como les han dicho que el Estado es bueno y el mercado es malo, la relación es automática; puro condicionamiento.

Pero a mayores hay otro sesgo cognitivo más que sale a florecer, por si fuesen pocos, que bautizó Edward Thorndike como el “efecto Halo”. Esto es, y demostrado está, que una primera impresión agradable hace que los individuos sobreestimen las cualidades positivas de lo que causó tal impresión; y al revés, si tenemos una primera imagen negativa, la infravaloremos en todos los aspectos. Me explico: si conocen a alguien y en un primer momento les parece una mala persona por lo que fuere, ustedes asumirán mayores defectos negativos sobre ella, incluso aunque no tengan esa información. Si les cae mal María, y les preguntan después si es una persona egoísta, aunque no lo sepan, su tendencia será a responder que sí.

Pues bien, sabiendo esto, llevémoslo al colegio y a las ideas políticas: si conseguimos que los niños y adolescentes absorban desde pequeños cosas como “el poder político es el poder supremo” o “el Estado es el encargado de velar por nuestros derechos” y las interiorice en sus esquemas, y por otro lado, reciben lecciones de que “el capitalismo es malo” o que “la riqueza solo se crea a base de saquear a otros países”, su trabajo para razonar el día de mañana y contradecir estas cosas será durísimo, enormemente costoso a nivel cognitivo. Sería como esperar que en un colegio cubano, al pedirle a los alumnos que dibujen a su héroe, alguno no dibujase al Che; algo poco probable.

Su trabajo para razonar el día de mañana y contradecir todas estas ideas será durísimo, muy costoso a nivel cognitivo.

Pero es que además, no solo será tan poco rentable por la lucha que va a tener que emprender contra su propia mente, que será horrorosa, si no porque se encontrará rodeado de personas que, como él, han sido sesgadas desde sus primeras etapas de vida. Asumiendo que somos un ser social y que nos gusta agradar, el que se plantee por un momento algo diferente a todo lo que los demás han interiorizado se sentirá una especie extraña y caerá, o no, eso ya dependerá de su grado de convencimiento, en considerar que si todos piensan igual quizás sea él el que está equivocado. Para esto es muy importante entender la relevancia que tuvo en su día el experimento sobre la conformidad que realizó el también psicólogo Solomon Asch, en el que quedó delatada la gran losa que es la presión grupal; a veces el peor modo de censura porque no importa tanto decir la verdad, si no ser uno más para ir a pastar al campo de la mentira.

"El Estado, promotor de nuestro bienestar."

“El Estado, promotor de nuestro bienestar.”

Las fotos que encuentran y encontrarán a lo largo del artículo son de un libro de Educación para la ciudadanía que la semana pasada me agencié en una librería local. Antes de nada he de decir que desde el momento en el que lo abrí me empezaron a resultar sospechosos todos esos que tienen una especial obsesión con que la religión no sea impartida en las aulas —lo cual me parece muy sensato, porque la fe también debe ser algo meditado y voluntario— pero que no encuentran el menor adoctrinamiento en esta asignatura; como si hubiese un adoctrinamiento bueno y uno malo.

Solo lo utilizo como soporte visual para intentar demostrar de lo que vengo hablando. Piensen que no es algo arbitrario que todos los grandes tiranos de la historia se interesasen por la educación de los más pequeños; seguramente, y porque además de asesinos también eran listos, se dieron cuenta de que con ésta puede hacerse una fábrica de robots obedientes, ya que es bastante más fácil convencer a un niño listo que a un adulto tonto. No habría mucho que decir de los textos que encontramos en él más allá de que parece escrito a medias por el Gran Wyoming y el Follonero, y que tiene por resultado una lobotomía decorada con buenas intenciones. Es el clásico manual del que quiere una España a la sueca, solo quedándose con las cosas buenas, sin contemplar una a la suiza o incluso a la bolivariana. Es más, el hecho de implantar la asignatura de un modo obligatorio solo es la prueba empírica de lo que se lleva haciendo dentro de las aulas toda la vida, porque una mayoría de desmotivados profesores que dan clase en las escuelas también se han creído que dependen de este sistema. Y como dice el dicho: si tu trabajo no depende de la verdad, no querrás saber la verdad. Simple.

El PP combatirá adoctrinamiento con adoctrinamiento

Aunque el PP la denunciara en muchas ocasiones porque también la considera adoctrinadora y la vaya a tumbar, no se fíen: lo único que quiere, seguro, es implantar la suya, Educación cívica y constitucional, y me apostaría una mano ahora mismo a que se resaltarán valores como la familia tradicional o la unidad de España. Porque para ellos el adoctrinamiento solo se combate con nuevo adoctrinamiento, les va el sueldo en ello. El tiempo dirá.

"El poder político es el poder supremo."

“El poder político es el poder supremo.” Junto una desconcertante imagen de Hitler.

Dejando a un lado la educación por un momento, también podríamos exaltarnos con lo que adoctrinan los medios de comunicación en esta especie de dictadura formada por intelectuales, que instruyen lo que quieren a través de los libros y las columnas de los diarios; pero eso como solución tiene leer de todo por tu cuenta y no caer en el sectarismo. Otros, que la publicidad y sus multinacionales bajo el capitalismo nos convierten en soldaditos alienados y consumistas, si utilizamos la terminología marxista, bajo lemas engañosos; mientras otros compartirán más las opiniones del sociólogo Karl Popper, que creía que el término alienación no es científico, sino que esa variación conductual no es más que un mecanismo adaptativo ante una nueva situación. No lo sé, pero eso al final solo puede derrocarse informándose, apagando el televisor y probando, algo solo al alcance de uno mismo. Incluso, si vamos más allá, la familia puede ejercer un adoctrinamiento vertical. O hasta el nacionalismo, sea cual sea, puede llegar a serlo; qué se yo. Pero eso sí, desde luego contra algo que no se puede luchar es contra que desde muy niños nos metan unas ideas en la cabeza porque todavía no desarrollamos los suficientes esquemas cognitivos ni tenemos la suficiente información para contrarrestarlas. Es imposible evitar el tragárnoslas con patatas y salir corriendo al recreo a repetirlas ante una todavía falta de filtro previo entre boca y oídos; un filtro que solo se formará a través de mucho aprendizaje.

No es una casualidad espontánea

No es una casualidad espontánea toda una generación que detesta al mercado y adora al Estado mientras se queja del Estado cada día y se sirve de las oportunidades para mejorar su bienestar brindadas por el mercado. No es una casualidad espontánea toda una generación que no se cansa de reclamar derechos al Estado, en lugar de defender con uñas y dientes unos derechos naturales —o negativos—  que son los verdaderamente genuinos e innatos al género humano, sin entender que los demás solo se ganan por uno mismo con esfuerzo y trabajo. No es una casualidad espontánea que si alguien entra una universidad española y pregunte en voz alta por quién defiende todas las ideas que se plantean en este libro, un noventa y cinco por ciento por convicción y el otro cinco fruto de la presión social levanten la mano entusiasmados y mirándose orgullosos los unos a los otros. No es una casualidad, por tanto, ver a una juventud que no protesta por el robo continuo que le hacen bajo punta de pistola y que cuando por fin se planta lo haga en bajito, porque claro, como dice el libro, “el Estado es el encargado de proporcionarnos el bienestar”; y no puede permitirse que se enfade. Ni tampoco es un hecho arbitrario que la mayoría de la población de este país piense que los derechos provienen de la firma de un papel llamado Constitución, y no del aumento de productividad que acaba desembocando en la suficiente riqueza para que ese derecho que ellos mismos han generado se lo acabe apropiando el político de turno que no ha hecho nada más que quedarse mirando. Incluso, me atrevería a decir, que tampoco es algo casual que tanto los votantes del PP como del PSOE, los partidos que más número de votos reúnen en nuestro territorio, tengan las mismas convicciones acerca de la importancia del Estado de Bienestar que muestran todas las encuestas. No puede serlo.

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“Todos los ciudadanos tienen deber de respetar la autoridad del Estado”

Para terminar, uno puede concluir que no es un ejercicio intencionado. Que los que esparcen estas semillas de verdades preconcebidas sobre unos campos aún fértiles en los niños lo hacen con buena intención y en busca de una sociedad mejor, porque para ellos lo que pone desde la primera hasta la última línea es la verdad absoluta. Quizás, si fuese así, habría que invitarles a dejar de intentarlo. Pero por otro lado está la visión idealista, o casi conspirativa, que va más allá; porque qué coño, la vida sin un poco de conspiración con fundamento sería un coñazo. Como muchos saben, la mejor manera de que la gente demande lo que quieres no es convenciéndola, si no haciéndola como quieres para que después lo demande: si creas la necesidad, la gente solo pedirá más de lo mismo. Si así fuera, eso es ingeniería social. Algo moralmente inadmisible porque moldea a partir de una sociedad libre una masa acrítica que muchas veces defiende cosas sin tener ni idea del porqué; solo un juguete en manos de burócratas con un fuerte amor por la megalomanía.

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“En ausencia de poder, la tentación del uso de la fuerza sería muy grande.” Por supuesto, el Estado jamás es tentado a usar la fuerza.

Sea intencionado o no, que alguien acabe defendiendo lo que se imparte en las escuelas llegando a ello en libertad es perfecto y respetable. Pero esta extraña homogeneidad es improbable que haya surgido de la noche a la mañana; un niño no sale de la escuela pensando lo que piensa porque haya leído muchos libros, sale pensando como piensa porque le han bombardeado con todas estas verdades que tantos autores de los que no ha oído hablar —y de los que salvo que sea curioso, no oirá en su vida— se han molestado en refutar miles de veces.

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“Contribuir con los impuestos es un deber para que la solidaridad sea efectiva.”

Si es idealismo defender la libertad, no solo de pensamiento, si no de ser creadores de nuestras propias ideas al margen de unas instituciones que hacen todo lo posible por moldearlo y condicionarlo, adelante, será idealista. Pero como decía mi compañero Adrián hace unos meses, “sin idealismo las cadenas son más frías”; y al final, son las ideas las que de verdad nos alimentan.

Nunca es tarde para replantearse todas las chorradas que nos vendieron en el colegio.