Merkel repite con el otoño

La noche del 23 de febrero de 1981, el general y secretario de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo atendía la llamada del general de la División Acorazada Brunete José Juste. Este llamó a Zarzuela en la noche de sables para preguntarle a aquel si con el Rey se encontraba el cabecilla de los sediciosos, el general Alfonso Armada. Fernández Campo desbarató telefónicamente la trama golpista con una de las frases más solemnes de la Historia reciente: “ni está, ni se le espera”. Lo mismo ocurrió con la sorpresa durante la noche electoral en Berlín. Ni estaba, ni se la esperaba. Merkel aplastó a sus rivales y se quedó muy cerca de alcanzar la mayoría absoluta. El SPD de Steinbrück apenas crece y cosecha el segundo peor resultado de su historia. La Izquierda (Die Linke) y Los Verdes también bajan en porcentaje de voto. Los únicos renglones que se salieron de los márgenes previamente concebidos fueron los de la formación liberal FDP y los euroescépticos del AFD. Ambos se quedaron sin representación parlamentaria en el Bündestag. Pero ante un hecho similar, dos lectura diferentes: unos que se van después de 64 años en la cámara y otros, con pocos meses de vida, se quedaron justo en el umbral de su puerta.

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Resultados de las elecciones generales Alemania 2013

Nada hacía presagiar que a Frau Merkel se le interpusiera algún obstáculo en el camino por revalidar, por tercera vez consecutiva, mandato en el Gobierno de la República germana. El pacto democristiano del CDU y el CSU bávaro tenía todas las papeletas para alzarse con la victoria en las elecciones. Con una socialdemocracia pendiente de reinventarse y un candidato con poco gancho, la física nacida en la antigua RDA tenía el viento a favor para llegar primera a la meta. Lo único que podía preocupar a la canciller era el resultado del FDP, socio de gobierno hasta ahora y tradicional partido bisagra en el sistema político alemán.

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Merkel sonríe en la fiesta de la CDU

El liberalismo teutón ha recogido de las urnas un varapalo del que sólo se puede encontrar precedente en 1949, pero que cabía esperar después del fracaso del FDP en Baviera. Para más inri, en sus filas se encuentra la primera víctima política de los comicios. Philipp Rösler, presidente del FDP desde 2011, ha anunciado que dimite en su cargo después de que su partido haya perdido una decena de puntos en los resultados electorales. El que hasta ahora era vicecanciller y ministro de Economía había adquirido un peso considerable en el Gobierno. No obstante, los escándalos que asolan a la organización anteriores al mandato de Rösler (declaraciones fuera de lugar y escándalos de corrupción por parte de su anterior presidente y exministro Guido Westerwelle) han hecho mella en el electorado alemán de cara a esta cita con las urnas. Rainer Brüderle, candidato del FDP, declaró a los medios después de conocer los resultados que “es la hora más amarga y triste en la historia de nuestro partido”. Dimitiría tan sólo un día después.

Con los liberales fuera de juego, a Merkel le espera lo más difícil

Es el único, y ligero, revés en los planes de Merkel. El CDU/CSU sube ocho puntos respecto a los resultados de las elecciones de 2009. Un “superresultado”, en palabras de la líder conservadora, por lo general poco dada a los superlativos. La campaña diseñada para huir del enfrentamiento con el resto de formaciones ha servido para no dar más sobresaltos de los necesarios a su caladero tradicional de votos. Sobriedad alemana. El 74% de los alemanes, según una consulta de la revista Stern, considera que ha hecho un gran trabajo en lo que respecta a la política económica. Y ello tiene varias razones. La conducta discreta tiene buena acogida en la sociedad alemana. Una foto de Merkel pagando en la caja del supermercado impresiona aquí, pero demuestra un desquite honroso de vanidades que suelen ir acompañadas del cargo. Es la imagen de la austeridad. Ha dicho no a los eurobonos y no parece que esté dispuesta a negociar sobre ellos. Su política es la del látigo inmisericorde para la Europa del Sur y un optimismo milimétricamente medido en cuanto a las previsiones de crecimiento germanas. Así, ha reducido a migajas las pretensiones de Hollande cuando el socialista francés anunció en 2012, de primeras: “l’austérité n’est pas une fatalité” (la austeridad no puede seguir siendo un destino irrevocable).

La discreción de Merkel tiene buena acogida en la sociedad alemana

En la resaca electoral las preguntas van todas en la misma dirección: ¿con quién formará gobierno Merkel?. Toda vez que los liberales están fuera del terreno de juego, a la canciller le espera lo más difícil. El SPD, de momento, elude responsabilidades en este sentido. “La pelota está en el tejado de Merkel” ha dicho Steinbrück. No obstante, es la opción preferida de la CDU, la “Gran Coalición”, como la llaman. Si así fuere, volvería a darse la situación de 2005, donde los socialdemócratas salieron seriamente perjudicados. Un pacto con Los Verdes es poco probable. Los abanderados del “no a la energía nuclear” (al que se ha suscrito Merkel después del accidente de Fukushima) no han rechazado conversaciones aunque consideran el pacto algo “improbable”, por boca Jürgen Trittin, máximo representante de los ecologistas. Igual de anodino sería el apoyo de los poscomunistas del Die Linke. Otra posibilidad que barajaban analistas y simpatizantes de la izquierda en los días previos a las elecciones era un pacto tripartito entre los socialdemócratas, los ecologistas y Die Linke. Sin embargo, Steinbrück ha eliminado de un portazo esta posibilidad: “ni ahora ni en el futuro”.

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Peineta de Steinbrück

 

La oposición no tiene claro el papel que va a jugar en los cuatro años que vienen. El SPD todavía no ha llegado al final de su desierto particular. El socialismo europeo está ideológicamente muerto, incapaz de acudir a la llamada de los que protestan contra la austeridad (que no son pocos). Steinbrück lidera a un partido que añora los buenos tiempos de Willy Brandt y los reconocimientos posteriores a la política contracíclica de Schröder. El candidato del SPD ha tenido momentos de euforia. Entre ellos, la victoria en el debate televisado frente a Merkel y la victoria en Baden-Wurttemberg, un land que pudo ser la semilla de lo que finalmente no fue. Aún con todo, Steinbrück ha llamado excesivamente la atención con su peineta en campaña y se ha visto incapaz de enderezar los sondeos, ni siquiera de equilibrar un poco la balanza y evitar otra humillación. Parece que al SPD la simple espera a un cambio de ciclo no le va a ser suficiente.

Los Verdes y Die Linke, en terreno de nadie

Descenso también de los Verdes y Die Linke. Los últimos recaban votos entre los desencantados del SPD y comunistas que simpatizaban con la antigua RDA. Ambos están ahora en terreno de nadie. Lejos de ser socios de gobierno, lejos de entenderse con el SPD, lejos de ser determinantes en la oposición. De momento, no hay motivos de peso para explicar que el crecimiento o el descenso de estos partidos se deba a factores no coyunturales.

En Europa llega el otoño y muchos tienen la mirada puesta en Merkel. No hay demasiada incertidumbre. No obstante, en los cuatro años venideros, probablemente los últimos de la canciller en el poder, puede desvelarse una incógnita: si el otoño se queda en una estación más o si por el contrario, se convierte en una metáfora oportuna para significar el ocaso de la UE.