Pintura a través del espejo

Decía Jostein Gaarder que “el lego es el mejor juego del mundo”. Una serie de piezas fijas, de colores, que se pueden encajar entre sí. Y según como se encajen y combinen, permiten crear infinidad de nuevas realidades y objetos. “Jugar al lego” es lo que lleva haciendo con su colección permanente la fundación de arte Thyssen-Bornemisza desde febrero de 2012: combinar sus obras de forma diferente para crear nuevas exposiciones. Este museo parece haber dado con una forma de ofrecer nuevo contenido a través de reinterpretar sus obras habituales. Ha creado una serie de pequeñas exposiciones gratuitas llamadas Miradas Cruzadas, en las que toma obras de diferentes épocas y estilos y las agrupa bajo un contexto particular, que permite conocerlas bajo una nueva óptica. Cada exposición toma un tema determinado, y a través de una serie de obras estudia como la historia del arte lo ha ido enfocando.

Desde el 6 de junio y hasta el 15 de septiembre el museo está ofreciendo la sexta edición de Miradas Cruzadas: Reflejos. De Van Eyck a Magritte. La exposición, que tiene como comisaria a Marta Ruiz del Árbol, agrupa obras de estilos y épocas diferentes bajo el motivo del reflejo. Pretende dar a conocer los diferentes fines, técnicas y recursos que han explorado el tema de la imagen reflejada en la pintura pasando por diferentes estilos, momentos y autores.

En primer lugar, la exposición muestra cómo la imagen reflejada ha sido utilizada como recurso para crear volumen y profundidad, una de las búsquedas fundamentales en la historia del arte. En su Díptico de la anunciación (ha. 1433-1435), el flamenco Jan van Eyck reproduce en pintura las esculturas del arcángel San Gabriel y la virgen María. Las coloca ante una superficie reflectante que permite ver su anverso, creando profundidad y logrando que parezca que salen del cuadro.

Díptico de la Anunciación, Jan van Eyck | © http://arteylibros.es

Díptico de la Anunciación, Jan van Eyck | © http://museothyssen.org

Otro recurso típico para crear profundidad en un cuadro es abrir una ventana, dejando ver una nueva realidad a través de ella. En su obra La Clef des Champs (1936), el surrealista René Magritte muestra un típico paisaje a través de una ventana abierta. Se ve que algo ha impactado contra el cristal y que los pedazos rotos descansan en el suelo. Y en lugar de dejar ver lo que hay inmediatamente tras ellos, el suelo o la pared, en ellos se sigue viendo el paisaje que dejaban ver al formar parte del cristal.

La Clef des Champs, René Magritte | © http://museothyssen.org

La Clef des Champs, René Magritte | © http://museothyssen.org

El espejo ha sido en muchas tradiciones símbolo de belleza. En muchas obras ha servido para representar la idea de belleza ideal, objetiva, por ello a Venus se la suele representar reflejada en un espejo, como en la obra de Peter Paul Rubens Venus y Cupido (ha. 1606-1611). Aquí la imagen de la diosa de la belleza es mostrada al espectador a través de un reflejo, como imagen de la belleza real y perfecta.

Venus y Cupido, Peter Paul Rubens | © http://museothyssen.org

Venus y Cupido, Peter Paul Rubens | © http://museothyssen.org

Pero esta tradición ha avanzado por un camino diferente en épocas posteriores. El espejo es el elemento que nos permite formarnos la idea de cómo somos. A través de él no obtenemos una imagen real, si no una imagen subjetiva, formada por muchos más elementos que lo que el cristal devuelve. Fran Kubelik decía en El Apartamento que le gustaba que su espejo estuviese roto porque me refleja tal y como me veo. Es precisamente esta subjetividad, la imagen que devuelve el espejo tamizada por la idea que tenemos de nosotros mismos, lo que pueden plantear obras como El espejo psiqué, de la impresionista Berthe Morisot (1876), La mujer ante el espejo, de Paul Delvaux (1936) o la obra de Francis Bacon Retrato de George Dyer en un espejo (1968).  El espejo se utiliza para mostrar cómo el autor se ve a sí mismo, o a la persona a la que retrata. 

El espejo psiqué, Berthe Morisot | © http://museothyssen.org

El espejo psiqué, Berthe Morisot | © http://museothyssen.org

Mujer ante el espejo, Paul Delvaux | © http://museothyssen.org

Mujer ante el espejo, Paul Delvaux | © http://museothyssen.org

Retrato de George Dyer en el espejo, Francis Bacon | © http://museothyssen.org

Retrato de George Dyer en el espejo, Francis Bacon | © http://museothyssen.org

Por último, en la exposición encontramos el reflejo como puerta a nuevas realidades, como sucedía en la novela de Lewis Carroll Alicia a través del espejo. Este recurso se suele utilizar para mostrar el espacio que existe al otro lado del cuadro, el contraplano. En obras como El tamborilero desobediente, de Nicolas Maes (1655), un espejo colgado muestra al pintor trabajando al otro lado del cuadro. El autor se retrata a sí mismo, mostrando su espacio. Otros autores, como Gabriel Mälesskircher en su obra El evangelista San Lucas (1478), no han utilizado el espejo para retratarse: a través de él pretenden incluir un nuevo espacio en la obra. En vez de abrir una ventana, deciden reflejar el espacio que hay al otro lado de la escena del cuadro, que no tiene por qué coincidir con el espectador. En la obra Bodegón con fuente china, copa, cuchillo, pan y frutas (ha. 1650.1660) atribuida al pintor Jan Jansz. van de Velde III se ve un paso más allá respecto a esta práctica. En la obra se muestra el espacio del contraplano del cuadro, pero en lugar de utilizar un espejo, se refleja directamente en uno de los objetos que componen la obra.

El tamborilero desobediente, Nicolas Maes | © http://museothyssen.org

El tamborilero desobediente, Nicolas Maes | © http://museothyssen.org

El evangelista San Lucas, Gabriel Mälesskircher | © http://museothyssen.org

El evangelista San Lucas, Gabriel Mälesskircher | © http://museothyssen.org

Bodegón, Jan Jansz. van de Velde III (atribuido) | © http://museothyssen.org

Bodegón, Jan Jansz. van de Velde III (atribuido) | © http://museothyssen.org

El uso del reflejo para crear una nueva realidad también se puede ver en obras como Cabinas telefónicas de Richard Estes (1976). En esta obra hiperrealista, una serie de cabinas reflejan lo que hay al otro lado del espacio del cuadro, y el espectador puede conocer esta realidad pero de forma distorsionada. Por otro lado, Joseph Cornell llevará al extremo el uso del reflejo para incluir el contraplano del cuadro. En su obra Burbuja de jabón azul (ha. 1940-1959) dejará de imaginar lo que hay al otro lado del cuadro para mostrarlo de verdad. Compone una obra a partir de superficies reflectantes para que el espectador vea reflejado su propio espacio, y a sí mismo.

Cabinas telefónicas, Richard Estes | © http://museothyssen.org

Cabinas telefónicas, Richard Estes | © http://museothyssen.org

Burbuja de jabón azul, Joseph Cornell | © http://museothyssen.org

Burbuja de jabón azul, Joseph Cornell | © http://museothyssen.org

En Alicia a través del espejo Carroll plantea que un espejo refleja nuestro mundo y que en apariencia es igual, pero que a la vez todo es diferente. Para Alicia, el espejo es la puerta a otro mundo, y lo mismo sucede en la obra de Paul Delvaux Viaducto (1963).  En esta, un espejo refleja una imagen que no se corresponde con la que debería reflejar, si no que parece ser la puerta a una realidad diferente.

Viaducto, Paul Delvaux | © http://museothyssen.org

Viaducto, Paul Delvaux | © http://museothyssen.org

 Reflejos muestra como la imagen reflejada ha sido un elemento constante a lo largo de la historia de la pintura, tratado con diferentes fines y a través de diferentes técnicas. La exposición muestra la cantidad de posibilidades que este tema ofrece, y deja ver por qué ha sido tan recurrente: a Van Eyck y a Magritte les permitió estudiar elementos plásticos como la profundidad. A Morisot, Bacon o Rubens reflexionar sobre la belleza o la condición humana. Finalmente, Maes, Mälesskircher y van de Velde lo utilizaron para ir más allá de los límites de la representación, y Delvaux, Cornell y Estes de los de la propia realidad, para llegar al mundo que hay a través del espejo.