Prácticas de verano

Cuando llega el verano y se da una determinada edad y condiciones, uno se convierte en becario. No es un fenómeno exclusivamente reservado a la estación más calurosa del año, pero sí es cierto que durante ésta gana un cierto misticismo: cada vez que un becario entra a trabajar en verano, la playa gana un hueco y el sudor un cliente.

Se plantean las prácticas como un peaje necesario para introducirse en el mercado laboral. Y tal y como están las cosas, no está el patio para ponerse exigentes. Es cierto que, en muchos casos, la concepción del becario ha ido evolucionando positivamente. De la esclavitud hemos pasado a “uf, mucho trabajo”, y en ocasiones incluso remunerado (aunque queda mucho por mejorar en este sentido). Afortunadamente, hemos dejado atrás (la mayoría) la etapa que todo el mundo recuerda cuando confiesas de estás de prácticas: “¿Y llevas muchos cafés? ¿y haces muchas fotocopias?”. Para partirse la broma. Sin duda.

Las prácticas de verano siguen aunando el romanticismo del primer amor y la brusquedad del porno más hardcore. Todo es nuevo, todo fascina y también acojona. El mundo real. Pero los pies de plomo duran hasta que se acumulan las horas frente al teclado y no hay más escape que ocho horas de sueño. El mundo real real. Ahí es cuando uno pone en duda la existencia de las playas, que se antojan un robusto espejismo.

Ser becario es ser uno más por la mitad de lo que llega a fin de mes. Es un supositorio de realidad concentrada, cuando uno se da cuenta de que lo aprendido en la facultad se ha quedado allí, porque en otro lado no sirve. Se trata, al fin y al cabo, de un ritual. Es como quitar el plastiquito de la pantalla del móvil un día tras otro. Hay algunos que seguirán apareciendo impolutos, radiantes, con el mismo amor  por lo que hacen. Otros, con el paso del tiempo, no serán capaces de rascar los pegotes de pegamento de su superficie, que se convertirán en las costras de zombies leprosos de un oficio. Se trata, al fin y al cabo, de resistir, como casi todo.

Un saludo a todos los becarios. Nos vemos en la playa un año de estos.