Paz, amor y siete psicópatas

© www.sevenpsychopaths.com

© www.sevenpsychopaths.com

Marty (Colin Farrell) es guionista. Su editor le está acosando porque tiene un guión que entregar, pero no es capaz de pasar del título. Su amigo Billy (Sam Rockwell) es actor, pero no puede terminar una audición sin agredir al director, así que tiene un “negocio” de secuestro de perros para luego cobrar las compensaciones que ofrecen sus dueños. Negocio que lleva a medias con su socio y amigo Hans (Christopher Walken).

Marty sigue intentando escribir su guion, que de momento protagonizan un cuáquero que quiere vengar el asesinato de su hija, un “vietnamita vestido de cura, nariz respingona y un calibre 44”, una pareja de asesinos en serie que se dedican a asesinar a asesinos en serie y una suerte de justiciero enmascarado que se dedica a liquidar a “miembros de medio y alto rango del sindicato italoamericano del crimen organizado, o de la yakuza, entre otros. Pero Hans y Billy secuestran al perro de un importante mafioso (Woody Harrelson) y su negocio empieza a torcerse, y sus vidas a peligrar. Y Marty se ve cada vez más metido en los problemas de Billy y Hans, y cada vez más metido en su propio guion.

© www.sevenpsychopaths.com

© www.sevenpsychopaths.com

 Siete Psicópatas, comedia negra dirigida por el inglés Martin McDonagh, puede recordar a cintas de Tarantino o Guy Ritchie: desde la violencia de escenas de persecuciones o tiroteos al humor negro y políticamente incorrecto, pasando por personajes y situaciones. Además, la premisa del escritor que escribe sobre no poder escribir hace pensar en El ladrón de orquídeas, de Charlie Kaufman, e incluso el tema de hacer cine sobre hacer cine hace referencia a una lista interminable de títulos, desde La noche americana a Vivir rodando . Cinta divertida, poco convencional y con una interesante reflexión sobre qué es escribir para su autor.

Los personajes son, además del juego de niveles de ficción, lo más atractivo de la película, tanto por cómo están construidos como por el reparto que les da vida (destacando el cameo de Tom Waits además de los cuatro protagonistas). A medida que Marty se va metiendo en su propia historia, parece empezar a ver que aunque solo algunos crucen la línea, hay algo de psicópata en cada uno de nosotros. McDonagh crea por lo tanto personajes entrañables y heroicos, y pretende hacer ver que a pesar de las atrocidades de las que son capaces, son humanos.

Durante un viaje en coche por el desierto, Marty describe a sus amigos el guion que quiere escribir, introduciendo el juego de niveles de ficción. Les dice que la primera parte debe ser de acción, con todo lo habitual en el género, pero que quiere una segunda parte en la que los protagonistas se vayan lejos y solo hablen. Quiere hacer “una película de psicópatas sobre paz y amor”. Pero Billy le contesta que eso no puede ser, que en una película tiene que haber un tiroteo final, épico y dramático. Nada de paz y amor.

© switchingovertoam.blogspot.com

© switchingovertoam.blogspot.com

El autor se retrata en el protagonista, los personajes son a la vez alegorías de dos formas de concebir cómo se escribe una historia, y la historia se va desarrollando como los propios personajes quieren que lo haga. Marty, director y personaje, no deja de cuestionarse a sí mismo y a lo que está creando, e incluso los personajes hacen críticas a su guion ficticio que se pueden aplicar al guion real, como si el director se estuviese disculpando por algunas de sus decisiones.

En esta cinta, McDonagh plantea que un autor no escribe una historia tal y como quiere. Tiene que hacer una serie de sacrificios para que funcione y para que el resultado sea el esperado. Marty quiere hacer una película sobre paz, amor y amigos que hablan sobre sus vidas, pero no puede encajar ese tipo de cosas en una película de acción. No quiere el tiroteo final, pero sabe que es el cierre perfecto para su película. Marty y Billy son personajes que alegorizan estas dos formas de ver el proceso de crear una historia. Billy quiere el final esperado, el final que tiene que ser , y Marty quiere uno diferente, pero a fin de cuentas lo que ambos quieren es poder elegir el final de su propia historia. Con el enfrentamiento entre ambos personajes McDonagh va a demostrar que para crear la historia que uno quiere basta con cambiar el guion.