Real Madrid y Felipe, Reyes de la ACB

Un año más el final de temporada de la liga ACB deparaba un clásico entre Real Madrid y Barcelona. Los dos mayores presupuestos del baloncesto profesional español se volvían a ver las caras al mejor de cinco partidos para dirimir cual ha sido el mejor conjunto durante los últimos doce meses.

Tras la trepidante final del año pasado volvían a verse las caras las dos viejos conocidos. Tras enfrentarse un sinfín de veces en todas las competiciones, tanto europeas como nacionales en los últimos años. Durante este curso ya se habían visto las caras un buen número de ocasiones fruto de sus enfrentamientos en la Euroleague, la Copa del Rey, la Supercopa y la fase regular del campeonato.

Esto resulta importante ya que ambos entrenadores y ambas plantillas se conocen y mucho. Tras coincidir muchos minutos en la pista, unos y otros saben los puntos fuertes y débiles de su rival. Esto quedó patente en los cinco partidos de la final. En todos ellos se comprobó una gran igualdad entre los quintetos titulares y las defensas individuales, convirtiendo los partidos en algo previsible. Hasta que llegaban los cambios, ya que con la entrada de los jugadores de ambos banquillos y los cambios tácticos de ambos entrenadores los partidos pasaban a transformarse en ruletas rusas. De ahí que la tónica más habitual en estos enfrentamientos fueran muchos minutos de igualdad seguidos por amplios parciales a favor de unos u otros.

Una final apasionante y muy disputada pero con un nivel de juego bastante pobre, muy lejos del trepidante partido de la Copa del Rey

Todo esto junto al enorme cansancio de una extenuante temporada provocó una final de muchos nervios, de garra y de más corazón que cabeza. Una final apasionante y muy disputada pero con un nivel de juego bastante pobre, muy lejos del trepidante partido que ambos conjuntos disputaron en la Copa del Rey hace tan solo unos meses.

©Esdeporte

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La forma más fácil de comprobar esto se encuentra en el bajo rendimiento de algunos jugadores claves de ambos equipos. El Barcelona, que ya contaba con las bajas de Mickeal y Jawai por lesión, vio como algunos de sus jugadores estuvieron lejos del nivel que se les supone. Marcelinho Huertas y Tomic son probablemente las sorpresas negativas en el equipo blaugrana, especialmente la del pívot croata. Tras cuajar su mejor temporada desde que llegó a España parecía dispuesto a ser el rey de la pintura en esta final. Pero lejos de confirmar las expectativas, el cinco culé recordó al apático jugador que no renovó en el Real Madrid por su falta de regularidad y su sospechosa pasividad defensiva.

Mientras, el Madrid veía como Mirotic o Carroll tampoco estaban al nivel que se les presupone a hombres de su calidad. Además la estrella del equipo, Rudy Fernández, no estuvo fino en lanzamiento exterior, ya que encadenó una serie de lanzamientos de tres puntos fallados impropia de un jugador con su experiencia internacional. Su 1/20 durante los cincos partidos fue uno de los lastres que impidió que el conjunto blanco pudiera lograr antes el título.

Otro de los puntos calientes de esta eliminatoria ha sido la actuación arbitral. Ambos equipos se han sentido perjudicados por los colegiados en distintos momentos de la serie. La posible falta a Sada al final del primer partido, la falta señalada a Wallace mientras tiraba desde el 6,75 al final del segundo partido, una posesión favorable al Barcelona tras golpear el balón en la rodilla de Tomic o la distinta vara de medir a la hora de señalizar las faltas en los choques en la pintura hizo que ambos equipos se sintieran perjudicados por la actuación del estamento arbitral.

Con todo también se pudieron ver grandes momentos de baloncesto. Un fantástico último cuarto de Mirotic en el tercer partido, un 3+1 sideral de Wallace en el segundo, la gran labor de Ingles y Jasikevicius en el último partido de la serie, la chispa de los Sergios del Real Madrid o la calidad de Navarro.

Felipe Reyes sabe que donde no llegan sus brazos llega su garra, su carácter capaz de permitirle pelear con gente más alta, más rápida, más fuerte o incluso las tres a la vez

Aunque sin lugar a dudas lo más destacado de esta serie de cinco partidos fue el MVP de las finales. Felipe Reyes ha sido sin duda el jugador más regular de estos cinco partidos. Su garra, su facilidad para capturar rebotes, su intensidad y su fiabilidad en los tiros cerca del aro han sido claves para que el Madrid pudiera lograr su 31º título liguero. El capitán del Real Madrid, después de pasar un par de años difíciles con Messina en el banquillo, parece que poco a poco recupera sensaciones. Dejando claro que a pesar de sus cualidades físicas nunca podrá ser un cuatro abierto, ya que su forma de jugar es la de un cuatro y medio, un cinco al que le faltan un par de centímetros para ser una torre. Si fuera un jugador corriente su falta de altura sería un problema capaz de acabar con su carrera, pero no para Felipe. El cordobés sabe que donde no llegan sus brazos llega su garra, su carácter capaz de permitirle pelear con gente más alta, más rápida, más fuerte o incluso las tres a la vez.

No es el cuatro con más calidad, alguien capaz de llenar los highlights del postpartido, ni tan siquiera un anotador compulsivo, es incluso más que todo eso, un jugador capaz de superar todas sus debilidades hasta verse coronado junto a sus once compañeros como merecido rey de la ACB.

Foto de portada: La Vanguardia