Miedo a la solidaridad de biblioteca

A mí la solidaridad me da un poco de miedo. Me pasa lo mismo con compartir y también con las arañas, pero ya paro porque no quiero levantar ampollas ni que la columna tome forma de diván de psicoanalista. Lo que me da miedo en realidad es lo fácil de malinterpretar que es un concepto como la solidaridad, el cual, cuando se malinterpreta, tiene propensión a perder los límites y tender a infinito, como algunas funciones que estudié en Bachillerato y que, dicho sea de paso, también me daban bastante miedo. Una iniciativa solidaria sin terrores es el Pechehistoria en la Universidad de Santiago, en la que los estudiantes han conseguido ocupar varias aulas de la Facultad de Historia con el propósito de obtener un lugar para estudiar en tiempo de recortes y cierre de bibliotecas para ahorrar. Quizá haya más propósitos, pero no nos ensuciemos las manos que hoy es domingo.

Lo que puede parecer poco solidario es el limitar el acceso a la Biblioteca Universitaria Concepción Arenal del Campus Sur. Y aquí ya el miedo es libre. Han protestado algunos sectores, entre ellos varias organizaciones estudiantiles. El problema es que este tipo de organizaciones protesta tanto que le pasa como a algunas abuelas, que siempre están a morrer pero nunca mueren, y al final nadie les hace caso (exceptuando a los productores y vendedores de ese papel color ocre que utilizan para los carteles que inundan las facultades; esos sí que les hacen caso). Se ha dicho que la medida es insolidaria, que como calificativo no está mal, pero yo no sé si lo es tanto. ¿Es insolidario que se limite el acceso a una biblioteca universitaria pidiendo el carnet universitario? No, lo insolidario por parte de la universidad es que no haya suficientes bibliotecas como para soportar la demanda universitaria. Y no es lo mismo. Se reivindica la bandera de la solidaridad en la universidad en nombre de los que no son universitarios. Desde luego, es cuestionable el control del acceso a los fondos de la biblioteca por parte de los que no son universitarios, pero no es esto lo preocupante. Lo preocupante es lo que un manifiesto firmado por algunos trabajadores de la BUSC llama “un problema puntual de crecimiento de la demanda”. Y lo más preocupante es que este mismo personal diga que esto “podría ser atendido con los propios medios de la Biblioteca”, porque o se ponen a montar andamios para añadirle pisos a la “Conchi”, o no sé yo. Me da miedo pensar que se arma tanto revuelo por limitar a únicamente universitarios el acceso a una biblioteca universitaria, mentando a ideas tan grandes como que se está limitando el libre acceso al conocimiento, porque es como disparar con cañones a mosquitos. Muy ruidoso, muy absurdo.

El Pechehistoria se ha erigido como una forma de protesta activa y que proporciona soluciones a un problema flagrante. Abrir más bibliotecas más horas es una solución, y hacérselo saber a la Universidad es lícito y necesario. Lo que no es solución es decir que el problema pasa por darle a los universitarios -y solo a ellos- lo que es suyo. A ver si va a ser que protestar engancha más que actuar, independientemente de los resultados.

Imagen de portada: radioobradoiro.com