La conquista europea del Chelsea

Hace poco menos de dos años se avecinaban cambios en el barrio rico de Londres. La ausencia de títulos de la temporada 2010-2011 provocó la destitución de Ancelotti. Para enderezar el rumbo de la nave “blue”, su presidente Roman Abramovich pensó que era necesario realizar un relevo generacional en su equipo. El elegido para acometer esta empresa fue André Villas-Boas, entrenador que llegaba con una Europa League bajo el brazo y una excelente trayectoria en el Oporto. La idea del club era cambiar el patrón de juego del equipo. La nueva táctica se debía basar en una apuesta por el juego combinativo, apartar el balón largo, las tácticas defensivas y recuperar la pegada perdida el año anterior.

Para ello se ficho a gente joven como Mata, públicamente se habló de que McEacharan debía empezar a tener minutos y otros como Sturridge volvían tras un año de cesión. La idea era que el relevo debía realizarse poco a poco, buscando adaptar a estos nuevos jugadores a la antigua columna vertebral del equipo formada por jugadores como Cech, Terry, Lampard o Drogba. No parecía tarea fácil, pero si el preparador portugués era capaz sacar lo mejor de las nuevas perlas y de los veteranos, el Chelsea partía como candidato a todo. No olvidemos que el club contaba con muy buenos jugadores como Cole, Meireles, Ramires, David Luiz o Ivanovic.

Las expectativas eran altísimas pero la realidad fue bastante distinta. El equipo había mejorado su nivel de juego pero los resultados no acababan de acompañar. El equipo mantenía el tipo en la F.A. Cup y en Champions, pero el discreto campeonato liguero, siempre lejos de pelear el título a los dos equipos de Manchester y la forma de llevar el equipo quitando peso a los jugadores más veteranos, provocaron el descontento de la vieja guardia. Villas-Boas fue incapaz de lidiar con los jugadores con más peso en el vestuario, debido a que los métodos del preparador portugués chocaban con el de algunos jugadores, más acostumbrados a otro tipo de entrenadores y a otro esquema de juego. Buscando recuperar la paz en el vestuario, Abramovich se vio obligado a cesar al portugués y como remplazo trajo a Roberto Di Matteo, un hombre de la casa capaz de entenderse mejor con el vestuario y evitar una fractura irreparable que lastrara futuras temporadas del equipo.

El resto de la historia es bien conocida, ya que sin un juego brillante , con dificultades y sufriendo durante muchos minutos, el Chelsea logró alzarse con la F.A. Cup y la Champions. Parecía imposible que un entrenador cuyo objetivo era acabar la temporada sin que hubiera una fractura irreparable del vestuario lograra por fin el objetivo de Abramovich: poner a su equipo en la cima del fútbol europeo. En el momento menos esperado toda la suerte que faltó a los “blues” en el pasado les fue devuelta contra Nápoles, Barcelona o Bayern de Múnich. Los Drogba, Lampard, Terry y compañía al fin alzaban la Champions tras años de intentos fallidos.

sacado de chelseafc360.com

La consecución de ambos títulos le daba a Di Matteo la oportunidad de continuar un año más con el equipo. A pesar de la salida de Drogba, héroe de la temporada pasada que partía hacía China, la llegada de Óscar y Hazard permitían mantener el buen nivel de la línea de ataque del equipo.

El comienzo de temporada fue casi perfecto, victorias claras por resultados abultados daban al equipo londinense como favorito a todo una vez más, pero no fue más que un espejismo. Estos grandes resultados se produjeron gracias a una puesta a punto muy rápida, ya que durante los primeros meses los jugadores estaban en un estado físico envidiable, pero cuando se acabó la gasolina llegaron los problemas. La falta de frescura en mitad de temporada lastró las opciones del equipo en liga y lo dejó al borde del K.O. en la Champions League.

Sin duda el bajo nivel del equipo en Europa fue el motivo que más pesó en el presidente del equipo cuando tomó la decisión de despedir al preparador italiano. Como sustituto se decidió traer un entrenador al que se le dejó muy claro que su aventura londinense duraría solo hasta final de curso. Rafa Benítez llegó a Stamford Bridge con el objetivo de evitar que el final de temporada fuera un desastre. Desde el primer día tuvo problemas con una afición que nunca le consideró uno de los suyos, en gran parte por los enfrentamientos que el preparador español tuvo con la grada de su nuevo equipo mientras entrenaba al Liverpool. En contraste con el gran apoyo que siempre tuvo Di Matteo gracias a su condición de ex jugador del club.

Benítez puso como principales prioridades quedar entre los cuatro primeros en la liga doméstica y aprovechar la oportunidad que les daba la Europa League para lograr otro título europeo. Su planteamiento resultó ciertamente adecuado. El Chelsea logró, no sin apuros, el billete a la liga de campeones para el próximo curso y la clasificación a la final de la Europa League. En ella un agónico gol de Ivanovic en el minuto 89, en un preciso remate de cabeza a la salida de un córner, daba a los “blues” el privilegio de ser el primer equipo capaz de detentar el honor de ser los campeones de ambos títulos europeos a la vez, logrando así la conquista europea que durante tantos años buscó Abramovich y que logró cuando menos podía esperarlo.

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