Isabel Coixet: ella baila con la muerte

Metódica e inconformista, pelo ligeramente desaliñado, gafas de pasta, un look que marea entre lo gótico y lo desenfadado, unas cuantas historias a sus espaldas y muchas que le quedan por contar. Hablo de Isabel Coixet, una de las directoras de cine más importantes de este país, nominada en el recientemente celebrado Festival de Cine de Málaga por su última cinta.

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Esta mujer, de origen catalán (Barcelona, 1962) nació con una misión: la de contar historias, pero de las de verdad, las que la propia vida nos brinda. Quizá en ese gusto por contar floreció la decisión de estudiar Historia para años más tarde dedicarse al mundo del Periodismo en revistas como “Fotogramas” y también al de la Publicidad.

La  introducción en este mundo, le permite ganar varios premios por sus spots, y a alcanzar grandes contratos con empresas tan importantes como Ikea o Renault, por lo que años más tarde decidirá fundar su propia productora “Miss Wasabi Films”.

Dejando las odiosas comparaciones a un lado, igual que Quentin Tarantino, que descubrió su pasión por el cine trabajando en un videoclub, esta directora española encontró su verdadera vocación de la mano de su abuela mientras esta vendía entradas de cine y poco a poco aprendió a ver el celuloide desde otra perspectiva, motivo por el que fue madurando con la pretensión de convertir todo tipo de sentimientos y simples ideas en joyas de 90 minutos.

Suele huir de la alfombra roja (“parada de los monstruos y desfile de moda” como ella la define) al creer que representa todo lo contrario a los valores del cine, otra muestra más de su carácter “diferente” al que no nos tienen acostumbrados los de su gremio.

La muerte es el punto común de su filmografía, pues de alguna manera la sirve de distinto modo, queriendo dar a entender que los sentimientos que una pérdida puede ocasionar variarán siempre dependiendo del contexto dentro del que se viva: desde el temor o la comprensión, desde el desmoronamiento que nos produce su cercanía o incluso desde los estados de conocimiento que hemos experimentado. Este tema es muy notable en su primera película “Demasiado viejo para morir joven”, que le valió su primera nominación a los Premios Goya como directora novel, o “Mi vida sin mí” uno de sus filmes más sonados. Aún así, cabe mencionar que con todo, este no es el único tema o el más importante en sus historias, sino que en la complejidad de las ideas que expone, la muerte siempre está presente en gran medida.

De su amor por la cultura japonesa nació la película que la llevaría a ser una de las candidatas a representar a España en los Premios Oscar, “Mapa de los sonidos de Tokio” , que discurre entre el amor y el sexo de una pareja en una ciudad de Tokio inventada por la propia Isabel. Una vez más, con esta historia dio muestra de su originalidad a la hora de plantear el guión queriendo centrarse  “más en el viaje que en el final de la historia de amor”.

Ahora, en 2013, deja la cultura nipona a un lado y se decide a filmar una película que para ella supone , según ha afirmado, “una cuestión personal”, con la colaboración de dos conocidos actores españoles -Javier Cámara y Candela Peña- en “Ayer no termina nunca”. Para esta nueva historia ha arriesgado mucho económicamente, ha explorado campos desconocidos para ella y ha querido dejar fluir sus sensaciones dejando de lado el éxito en taquilla. Con esta nueva película, se levanta de nuevo la polémica, ya no por sus historias -que también- sino por su persona y ese “mundo propio” que refleja y que no siempre es del gusto de todos.

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Una apuesta valiente y también suicida, y es que Isabel Coixet seguirá haciendo cine aunque duela, aunque la pongan a parir, aunque le de vértigo, porque aunque muchos digan que el cine ha muerto, ella quiere seguir bailando.