Venezuela: ¿”un campeón de la democracia”?

Tibisay Lucena, la presidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE), afirmó el pasado 15 de abril que Venezuela ha comprobado una vez más ser “un campeón de la democracia”. Sin embargo, el clamor en contra los resultados de las elecciones presidenciales que ha recorrido todo el país desde la noche del 14 de abril nos da indicios para cuestionar en la inquebrantable creencia de Lucena en que hubo unas elecciones libres, justas y regulares.

Este domingo de abril, 40 días después de que el presidente Hugo Chávez falleciera dejando un legado de 14 años, el presidente interino, Nicolás Maduro, concurrió contra el gobernador de Miranda —el estado más poblado de Venezuela—, Henrique Capriles, en las elecciones más competidas en los últimos 14 años. A pesar de que se esperaba una menor participación durante esta jornada electoral, el operativo “avalancha” (estrategia planteada por Capriles en la que llamó a sus simpatizantes para que votarán a últimas horas de la tarde) comprobó la tesis de que verdaderamente los venezolanos estaban deseosos de votar. La participación final saltó del 65% para finales de la mañana a un 79% para el cierre de las casillas.

Más tarde esa noche, el CNE, obtusamente tarde con sus resultados, decidió no transmitir los resultados por cadena nacional (tiempo de emisión del Estado obligatorio para todas los canales y emisiones de radio), ni mencionó los resultados de los otros candidatos (cuatro adicionales). Pero lo más perturbador fue la desaparición repentina de Lucena antes de el acto concluyera, lo cual dejó en solitario al miembro Vicente Díaz, dando declaraciones adicionales acerca del plebiscito. Esto resultó ser un escenario poco familiar para los venezolanos que acostumbran ver el comunicado completo. Como era de esperarse, el CNE dio la victoria a Nicolás Maduro con una delgada ventaja de 1,6% o 234.935 votos. A pesar de no haber conseguido el ejecutivo, la oposición tiene otras razones por el cual contentarse: recuperó bastiones perdidos en las pasadas elecciones regionales y conquistó la primera plaza en cuanto a partido nacional – cabe destacar que sólo un partido postuló a Capriles, y que los venezolanos contamos con una papeleta en la que a pesar de que se abre la posibilidad de coaliciones, cada partido conserva su espacio en la papeleta y puede postular el candidato de la coalición–. De acuerdo con el analista electoral Eugenio Martínez, Capriles ganó 9 de las 11 capitales más pobladas.

Papeleta electoral para los comicios del 14A

Papeleta electoral para los comicios del 14A

Justo después de que Maduro pronunciara su discurso victorioso, Capriles denunció los resultados oficiales,  exigió el recuento de todos los votos emitidos y pidió a todos los votantes que reportasen toda irregularidad que percibieron durante la jornada electoral. Como resultado, 564 máquinas electorales se descompusieron y observadores nacionales operantes en 900 casillas fueron expulsados el domingo 14 de abril. Ambos incidentes representaron 700.000 votos puestos en duda, casi tres veces más la ventaja de Maduro sobre Capriles. Asimismo, los votos asistidos en el municipio Mara del Zulia, donde trabajadores públicos y de las misiones “únicamente” asistían a los electores en el uso de las máquinas, la tinta no indeleble en algunas casillas del Distrito Capital, y el voto emitido por parte de electores de 120 años de edad formaron parte del surtido de irregularidades de ese domingo.

Venezuela es el único país en Latinoamérica y el Caribe que no cuenta con financiación pública en los procesos electorales y la famosa Ley Resorte ha distorsionado los tiempos aparición de los candidatos en los canales de televisión y radiodifusoras. De acuerdo con Monitoreo Ciudadano (una ONG encargada de observar los medios de comunicación en Venezuela), Maduro fue transmitido más de 70 horas en ambos medios, mientras que Capriles apenas consiguió 23 minutos en el aire. Por otro lado, el CNE está compuesto por 5 miembros consejeros, de los cuales cuatros están vinculados políticamente  con el régimen oficialista. Es por ello que uno prácticamente no tiene alternativa al legitimar los reclamos de la oposición acerca su parcialidad. De hecho se puede decir que el CNE se mueve dificultosamente al tratar de cumplir el artículo 293 de la Constitución Bolivariana de 1999 —que curiosamente fue redactada bajo el  gobierno del propio presidente Hugo Chávez—. Así pues hasta  el día de hoy, el CNE no ha cumplido con garantizar la igualdad, la confiabilidad, la imparcialidad y la transparencia  (valores enunciados en dicho artículo) como último árbitro en todo proceso electoral.  En vez de esperar que las aguas turbias se calmaran y declarar los resultados como temporales, Luce decidió rápidamente declarar a Nicolás Maduro presidente de la República el lunes 15 de abril. Cabe destacar que en las pasadas elecciones, a pesar de que Chávez ganó con relativa ventaja, el CNE tomó alrededor de tres en proclamar la reelección de Hugo Chávez.

Si Maduro hubiera quedado ampliamente por detrás de Capriles, quizás Maduro hubiera aceptado sin ningún titubeo el recuento de la totalidad de los votos y el CNE hubiera optado por otro comportamiento. La semana justo después de las elecciones, líderes del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela, el de Chávez y Maduro) afirmaron que únicamente aceptarían la auditoría de 54% de los votos y subrayaron que la auditoría es muy diferente al recuento. De manera similar, el gobierno ha estado coaccionando a países estratégicos con el fin de que reconozcan la victoria de Maduro lo más pronto posible —el caso más apabullante se ha tratado del Ministerio de Asuntos Exteriores anticipando a España de que si éste no reconocía el nuevo gobierno habría repercusiones negativas para las compañías españolas en suelo venezolano—. Mientras tanto, el gobierno procesa a líderes de la oposición, como Leopoldo López, por ser responsable de los incendios contra dos sedes del PSUV, y al mismo Capriles por la destrucción de varios centros de salud ubicados en las áreas más populares de Venezuela (éstas son conocidas con el nombre de Centro de Diagnóstico Integral). Hasta ahora las pruebas mostradas al público por parte del gobierno han sido poco convincentes. Además, según la Procuraduría Nacional, dos días después del plebiscito, fallecieron durante unos disturbios ciudadanos 7 personas y hubo 135 heridos, y apuntaron a Capriles como instigador de los asesinatos. La ministra venezolana de Asuntos Penitenciarios ha llegado a afirmar que tiene preparada una celda para el líder de la oposición. Asimismo, el propio Maduro ha reiterado a lo largo de estas últimas dos semanas la culpa de Capriles por alborotar la ciudadanía y el orden público. El día  24 de abril, se convocó un comité compuesto únicamente por miembros del gobierno para esclarecer lo sucedido. No hay duda que si ya la sociedad venezolana estaba dividida, hoy en día está más polarizada que nunca.

Con respecto a la oposición, Capriles ha advertido a sus simpatizantes que no incurran en actos violentos y que descarguen toda su “arrechera” (palabra venezolana para designar rabia, angustia, indignación) con las cacerolas desde sus hogares. Durante su conferencia de prensa con medios internacionales, el pasado martes 16 de abril, Capriles presentó pruebas contundentes de las irregularidades mencionadas anteriormente.

Antes del acto de investidura de Maduro como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, el pasado 20 de abril, el CNE accedió al recuento del 54% de los votos durante los próximo 30 días —un lapso de tiempo que muchos en la oposición critican—. Sin embargo, un días después, el CNE aseveró que únicamente se van auditar el 46% de los votos. Visto como se han desenvuelto  la situación en Venezuela durante las últimas semanas, la reivindicación del recuento total de los votos por parte de la oposición puede evaporarse en una simple idea. Ahora queda esperar si el recuento parcial va obedecer los criterios impuestos por ambos lados de la mesa.