Qué hacer cuando el mundo orbita a tu alrededor

Paramore – Paramore

(Fueled by Ramen – Warner / Abril de 2013)

paramore paramore album

Cojonudo. Es que no tengo otra palabra para comenzar una crítica o descripción de este cuarto álbum del, ahora trío, de Tennessee. He de reconocer que no confiaba demasiado en el resultado (no confiaba nada, para ser claros), y, siendo lo más sincero posible, me daba en la nariz que Hayley Williams y compañía se la iban a pegar bien gorda de bruces contra su propio éxito pretérito (varios discos de platino en Reino Unido, USA y Australia). Y nada, otra carrera musical tan prometedora al cubo de basura, como la de Bullet for my Valentine, que total, por una más…

Mis sospechas y temores, aparentemente, se confirmaban cuando escuché el single de adelanto: “Now” e, inmediatamente, eché mucho, mucho, de menos a los hermanos Josh y Zac Farro (que habían dejado el grupo en 2010, tras el anterior álbum) puesto que el tema sonaba vacío, perdido, como si hubiese sido creado sin tener muy en cuenta el rumbo a seguir, un poco por probar, quedando un resultado sonoro bastante incómodo y poco acertado. ¿Confirmaba eso que Hayley era simplemente la voz y la fachada, dedicada firmar autógrafos, mientras que realmente eran los Farro quienes componían, creaban y daban vida al apartado musical? En primera instancia, podría pensarse que si… Hasta que conseguí escuchar el álbum entero.

¡Qué equivocado estaba, madre del señor! Esta talentosa pelirroja nos acaba de dar a todos una buena bofetada, así, con la mano del revés; ha dicho “aquí estoy yo” y se ha convertido por méritos propios en la nueva reina del pop, sin ninguna discusión posible (recordemos que, para más mérito, tiene sólo 24 años). Además nos ha dejado un pedazo de disco, de bandera.  Si con sus primeros trabajos, como “All we know is falling” y, sobre todo, “Riot!”, la banda se postulaba como un estandarte a tener en cuenta dentro de las nuevas hornadas de punk rock, con evidentes tendencias estilísticas hacia esos graciosos seres llamados emos, ahora ese rastro desaparece de súbito para viajar hacia otros lares. No del todo, obviamente, pero, para entendernos mejor, aquí hay mucho más de Cyndi Lauper que de Fall Out Boy o de Panic! At the Disco. Y creedme que es algo bueno. La voz de Hayley, por suerte, sigue siendo tan agradable y certera como siempre y Taylor York a la guitarra y Jeremy Davis en el bajo son un acompañamiento sólido e infalible.

“Still into you”, por ejemplo, un verdadero temazo, prácticamente imposible de sacar de la cabeza, una declaración de amor en toda regla, pura e inocente, sin giliflautadas; no mantiene apenas nada en él que nos recuerde a antiguas canciones como “Decode” o “Emergency” si no que evoluciona de pronto hacia nuevos territorios, con sintetizadores y reminescencias dance-pop. Además viene de regalo con un sencillo pero preciosista videoclip inspirado en los trabajos fotográficos de Tim Walker (ay, esas tartas…).”Aint it fun”, por su parte, nos brinda influencias que vienen del mismísimo Michael Jackson y de los dorados 80, mientras que “Anklebiters” es adorablemente indie, sin perder ni un ápice de fuerza en ningún momento. Y ambas son absolutamente geniales, como la casi totalidad de las 17 canciones, que elevan la duración del trabajo a algo más de una hora. Y pese a ello casi se nos hace corto. El disco tiene momentos quizá no tan brillantes, como los dos primeros temas, un error que le puede salir caro ante oyentes noveles, pero la inclusión de tres interludios acústicos con Hayley cantando acompañada de, únicamente, un ukelele y esa genialidad final que es “Future”, donde nos sorprenden con unos 5 últimos minutos puramente instrumentales, adentrados en los fangosos pero agradecidos terrenos del post-rock, nos deja bien claro que pese a dejar marchar a dos individuos que considerábamos pilares de la banda, van totalmente en serio. Mucho más que antes. Y está claro que su objetivo es comerse el mundo.

Puede que algunos entendidos desechen este álbum alegando que es algo incoherente y desatinado, debido a los continuos cambios de estilo. Un servidor, aparte de no considerar tal circunstancia como algo perjudicial, se lo achaca a la total libertad creativa de la que goza por fin Hayley. A partir de ahora, al hablar de Paramore puede que debiésemos usar únicamente el modo singular y no el plural. Y, por suerte, no es un caso como el de No Doubt o Incubus, cuando un único miembro llega a acaparar el potencial creativo, desgracia la esencia del grupo y se aboga al desastre musical. Aquí resulta todo lo contrario, un impulso positivo hacia arriba, hacia muchos frentes distintos, abrazando nuevas influencias y bebiendo de ellas para hacerlas propias y mejorar en consecuencia. Es como un pájaro al que sueltas tras tener mucho tiempo encerrado en un aviario, tal vez no sepa hacia qué árbol volar y aletee un poco alrededor, pero eso no quiere decir que no sepa hacerlo bien. Se han tirado a la piscina abarcando un mundo en vez de quedarse en terrenos bien conocidos y les ha salido bien. Y eso que la fama la tenían ya hecha, pues podrían haber sacado un disco calcado a los anteriores y santas pascuas, las ventas iban a llegar igual (¿Nos acordamos de AC/DC, por ejemplo?) pero se han arriesgado y han marcado un gol por toda la escuadra. Aquí hay profundidad, sinceridad, amor, soledad y diversión y, sobre todo, buenas canciones. Todo a la vez pero, al mismo tiempo, todo por partes. ¿Que suena un poco como de radiofórmula, señores heavys? Si, obviamente, se han convertido en un grupo pop de los de toda la vida, pero eso, desde luego, no les resta mérito ni credibilidad (quizás algunos tienen demasiados prejuicios ante todo lo que se denomine como “pop”) , pues aquí, usando palabras mayores, tenemos algo que suena mejor que cualquiera de los discos de sus compañeros del, llamémoslo terreno “mainstream-mtv-40-principales-adolescentes-con-hormonas”, que están saliendo actualmente. Ni Pablo Alborán, ni Lori Meyers, ni One Direction ni ostias en vinagre, estos son los buenos. Nadie les ha dado nada, se lo han currado desde abajo y ahora están llegando a la cima.

 Por lo de pronto, el futuro que se les aparece en el horizonte es más que brillante, pues a día de hoy por fin han dejado de ser una promesa para convertirse en una auténtica realidad. Tal vez el mundo se os quede pequeño. Hasta el infinito y más allá, Paramore.

[Puntuación: 84]