De zombis va la cosa

Como si de un capítulo de The Walking Dead se tratase, dio comienzo la pasada noche del 6 de marzo la XI edición de los Premios Mestre Mateo. Ricardo de Barreiro se convertía en este gag en aliado de Covadonga Berdiñas (más conocida como Puri de Padre Casares) para matar a una horda de zombis que impedían el acceso al Palacio de la Ópera de A Coruña, donde transcurrió el evento. Con la camisa ensangrentada, el actor coruñés irrumpió en un auditorio con un aforo que rozaba el completo, aunque no por mucho tiempo —ni el público ni Ricardo—. El presentador murió en manos de Cristina Castaño a los pocos minutos de empezar la gala, haciéndose esta con la batuta de la misma, y el aforo, que menguaba en los descansos y en medio de algún que otro galardón, aún presente hacía referencia a la gala y se quedaba algo zombi en medio de tanta palabrería y agradecimiento.

La primera estatuilla (las llamaré así con todos los permisos de los dorados Oscars) recayó en manos de Mabel Rivera —hablando claro, Balbina la de Pratos Combinados—. Puede que la similitud de nombres le hiciera marcarse un Maribel Verdú y pusiera el grito en el cielo por la situación actual del país, pronunciando frases como “traballar estase convertendo nunha especie de luxo” o “eu son do Ferrol de Concepción Arenal, non do Ferrol do Caudillo”. Con la cultura por bandera acabó un discurso improvisado que se llevó la ovación de todo el auditorio.

Se abría la veda de los discursos interminables y como Rivera no había hecho uso de este recurso, le tocó a los siguientes premiados (Xavier Font, Arturo Vaquero y Philip Glass) en la categoría de mejor música original por O Apóstolo. Font, en su intento de enumerar a todos y cada uno de los componentes del equipo técnico, consiguió sacar los primeros bostezos de la noche. Varias decenas de nombres después, terminó un discurso que fue más ovacionado por su final que por su contenido.

Más premios,un gag imitación a la película “Rec” y unos cuantos chistes de Cristina Castaño dieron paso a la enunciación del resultado del Deportivo (3-2 ante el Zaragoza) por Terio Carrera antes de presentar un premio que se llevó Galegos no Mundo. Más protestas vinieron con este discurso que concluyó con un aplaudido “espero que os galegos sigan viaxando por amor ou por gusto, pero non por necesidade”.

Varios fueron los instantes que dejó la gala para el recuerdo, como categorías copadas por programas de la TVG, Luis Zahera —Petróleo en Mareas Vivas— uniéndose al barco de Mabel Rivera, unos cuantos besos de película y el gag “GaliciaZombi”, que fueron los momentos más llamativos del ecuador de la gala que se volvió demasiado gris por momentos.

Por si lo de Maribel Verdú no fuera suficiente, el mayor guiño a los Goya, y también a los Oscars, se produjo con la canción de “Hoxe Non”, adaptación de la pieza “One day more” de Los Miserables, interpretada esta vez por un amplio abanico de actores y actrices gallegos.

©Paco Rodríguez

©Paco Rodríguez

Continuamos. El discurso de Antonio Mourelos —director de la Academia Galega do Audiovisual—, más familiares, videos de zombis, premios y Cristina Castaño gritando más de lo que los micrófonos aceptaban abrieron el camino del Mestre Mateo de honor, que cayó en brazos del Xabarín Club. Jóvenes promesas del audiovisual gallego y niños ya no tan niños “made in TVG” entregaron este galardón a Rosa Vilas, directora de la cadena gallega, mientras buena parte del público esperaba a que el cerdo más famoso de la pantalla hiciera acto de presencia. Pero el Xabarín debía de estar ocupado peleándose con la televisión autonómica por unos mejores horarios y no apareció por el escenario, tan brillante que cegó a más de uno.

La gala estaba a punto de terminar y mientras algún espectador ya cerraba un poco los ojos, la presentadora intentaba animar el ambiente con un humor que se agradecía entre tanto discurso. “Somos do clube da galega” fue la banda sonora del cierre del acto que recuperó el sonido de tacones bajando las escaleras enmoquetadas de rojo para la ocasión. A la puerta del Palacio de la Ópera, los invitados se despejaban para empezar la verdadera fiesta en el Palexco y el Dux.

Entre abrazos y felicitaciones teñidas de “sinceridad de funeral” como bien dijo Cristina Castaño durante la gala, terminó la XI edición de los Mestre Mateo que, por la contra de su temática, consiguió que los espectadores salieran menos zombis de lo que entraron.

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