¿Afecta hablar una determinada lengua al comportamiento?

Es posible que se lo hayan preguntado alguna vez. ¿Es posible que nuestro comportamiento venga determinado en alguna medida por cómo hablamos? ¿Puede tener ciertos efectos el que una lengua tenga ciertas características gramaticales? Un reciente estudio publicado en la American Economic Review (una de las mejores revistas académicas en Economía) ha tratado de explorar esta hipótesis. ¿Generan las lenguas gramaticalmente asociadas al futuro y al presente un comportamiento orientado al futuro? Es decir, ¿puede que ahorremos más o que nos guste menos el “carpe diem” si hablamos una lengua u otra?

La clave para detectar la diferencia es lo que el autor denomina FTR o referencias al tiempo futuro, donde la lengua requiere que el individuo especifique el momento del tiempo. Por ejemplo, si un inglés desea decir que va a acudir a un seminario más tarde pero dentro del propio día, estaría obligado a hacer una referencia futura. Así, no podría decir “I go listen seminar”, sino “I am going to listen to a seminar”. En cambio, si un chino que hablase mandarín tratase de comunicar lo mismo, diría (omitiendo la forma china y traduciéndola directamente al inglés) “I go listen seminar” sin problemas de confusión. Es esta diferencia lo que convierte al mandarín en una lengua con débil FTR y al inglés con fuerte FTR. La diferencia es por tanto la obligación de marcar los eventos futuros, y es precisamente lo que trata de estudiar el artículo.

Si bien el estudio clasifica las lenguas y no los países, la relación parece ser bastante clara.

Si bien el estudio clasifica las lenguas y no los países, la relación parece ser bastante clara.

Pero… ¿Cómo sucede esta relación entre comportamiento y lengua? El mecanismo de relación podría estar en cómo se perciben los eventos futuros hoy. En las lenguas con débil FTR esa sensación podría ser más próxima de lo que realmente es, por lo que surgiría una distorsión en el comportamiento (el ahorro sería más atractivo, por ejemplo). De hecho, esto es más común de lo que se cree: ¿Acaso no es más intensa y parece más viva una historia sobre el pasado contada en tiempo presente? También se ha visto este efecto con los nombres de los colores, donde por ejemplo en el caso de la lengua Zuñi no existe diferencia lingüística entre el naranja y el amarillo y les resulta muy difícil recordar las diferencias entre ambos. Pues bien, una vez se comprende el mecanismo a través del cual podría influenciar una lengua en el comportamiento… ¿Cuáles han sido los resultados? Pues resulta que los hablantes de una lengua con débil FTR ahorran más, se jubilan con mayor riqueza, fuman menos, practican sexo más seguro y padecen menos obesidad. Y lo que es mejor, parece que la relación es causal y no responde a una simple correlación.Y por si se lo preguntan, tanto el gallego como el español son ambas lenguas con fuerte FTR.