Pactando entre lobos

En ocasiones observo con desánimo la situación en la que nos encontramos actualmente, y aunque la resignación suele ser el sentimiento que más se apropia de mí, tiendo a recordar la manera tan curiosa con la que Benjamin Franklin definía el sistema que impera actualmente en el mundo occidental. La democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué se va a comer. La Libertad es la oveja, armada, impugnando el resultado. Con el paso de los años, y obteniendo en cada uno de ellos una porción algo mayor del uso de la razón, he ido descifrando más nítidamente la esencia que guarda en sí dicha metáfora y el motivo por el que uno de los padres de la constitución estadounidense así la representara.

Democracia: dos lobos y una oveja votando qué se cena

Democracia: dos lobos y una oveja votando qué se cena

Si nos ponemos a analizar fríamente el panorama actual que nos asola al abrir cada mañana la persiana de nuestra habitación, las desgracias que leemos y a las que se enfrentan muchas personas a diario bajo el paraguas roto de una situación que cada vez parece más insostenible, podremos ver y sentir brotar sobre nosotros y nuestros vecinos el nacimiento de gruesas capas de lana en sendas espaldas. Al mismo tiempo, el rostro del lobo que tenemos en mente comenzará a configurarse de tal modo que cobre uno que asemeja más humano, quizás conocido de verlo con asiduidad en las pantallas y diarios. En sí, el sistema que albergaba tantas esperanzas en que fuese el que, por fin, hiciese del poder representante al pueblo que lo comandara, ha sido duramente prostituido hasta convertirse en uno tan malo como los anteriores, o poco menos, siendo nuevamente víctimas de él, y no sus legítimo dueños.

Edward R. Murrow también posee una famosa cita en la que relaciona a estos dos miembros del mundo animal, una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos. Esto es lo que se ha generado, con una partida ganada de nuevo por los segundos, utilizando esta vez una estrategia mucho más elaborada y oculta, mucho más agradable a la vista que sus predecesores. Tampoco nueva, no nos fiemos, que muchos líderes que sería mejor borrar de nuestra memoria la usaron ya hace no tantos años. Se trata de una táctica limpia y depurada, en la que lanzando al aire falsas promesas imposibles de cumplir, consiguen desarmar al pueblo haciéndole cada vez más subordinado a sus caprichos y quehaceres, quitándoles la autonomía total de sus decisiones. Arrebatada su libertad a cambio de una supuesta protección, el animal que nos sirve como imagen para contar hasta caer dormidos pierde su completa autonomía, se hace un ser inútil cuya opinión en cada tic de las agujas del reloj es tenida menos en cuenta, transformándose en incapaz de hacer nada por sí mismo, totalmente vulnerable a un destino cuya capacidad de manipular ha sido devastada. El obtener seguridad es un arma de doble filo, ya que esta ganancia lleva consigo siempre la pérdida de responsabilidad, convirtiéndose en víctima de las circunstancias, sin tener modo alguno de cambiarlas y donde la ley del lobo es la que se asume, la que debe cumplirse con una obediencia exquisita y donde cada día hay más y más absurdas, que comprimen sus movimientos como un de un cerco invisible se tratara. Cuanto más corrompida está una nación, más se multiplican sus leyes, por incluir también a Tácito. Su única posible acción acaba siendo cambiar de amo a cada tiempo, soñando que el nuevo sea algo más benévolo.

Época electoral

Época electoral

Dicho esto, que no es poco, uno de los últimos casos que presencié de borreguismo absoluto lo descubrí hace unas semanas viendo un programa de televisión. Posterior a la aparición estelar del presidente a través de la pantalla, en este espacio televisado por La Sexta, se lanzaba una pregunta al público en la que, bajo votación, un 80% de los participantes se definían entusiasmados ante la idea de que los partidos acordasen un pacto anticorrupción. Un pacto de corruptos, si así lo prefieren. Es de una subordinación absoluta creer que los que se llevan lucrando y aprovechando del sistema a su antojo, el cual han destrozado y hecho perder la esencia que su definición albergaba en sus comienzos -“el poder del pueblo”-, por el que tantos lucharon, vayan ahora a prometer que no lo volverán a hacer. Si dejásemos de balar un segundo quizás podríamos razonar como seres humanos para poder traducir con claridad lo que este hecho de verdad representa: Rajoy y Rubalcaba salen a la palestra, se dan la mano sonrientes ante las cámaras de todos los medios  y parafrasean al monarca y líder de estado en sus declaraciones tras el incidente de Botswana, firman algún tipo de convenio que –parecerá que- penaliza duramente estas acciones, marchándose al final tan contentos. Nada más, no sé como no se nos había ocurrido antes. En el país más corrupto de Europa, donde el amiguismo empresarial es el deporte nacional, donde la mamandurria, la picaresca y el golferío más repugnantes son donde radican los verdaderos méritos para hacerse de oro y prosperar, cuyo sistema facilita aprovecharse de él al antojo siempre de unos pocos, la solución era tan fácil que no es otra que firmar un papel repleto de promesas. Un plan brillante.

Superado el enfado inicial, y tras haber despotricado un rato, me tranquilicé y concluí que hoy en día tampoco se puede aspirar a mucho más. Duro fue llegar a ello, pero parece que es así y no va a cambiar mientras sean ellos los que tienen el poder sobre este triste y corrupto cotarro. El sistema creado por los lobos es perfecto, se han apoderado de instituciones que jamás deberían de ser adjudicadas a ningún colectivo -como la justicia, la más sangrante si cabe, pero no la única- haciéndoles el camino fácil para seguir aprovechando cualquier oportunidad de engañar al rebaño. El artículo 16 de nuestra constitución, que no deja de ser papel mojado, asume que ésta jamás podrá considerarse como tal si la separación de poderes es inexistente. No es necesario hacer un ejercicio mental demasiado grande para ver que este artículo está lejos ser cumplido. Falsas promesas seguirán enviándose sin descanso sobre un panorama dantesco, donde los programas electorales que solo albergan mentiras serán incumplidos hasta ser aniquilados. Mientras unos mandan, los demás aúllan atacando sus malas medidas, manipulando totalmente a la ciudadanía, hasta que ésta esperanzada por un posible cambio acaba entregando el mando a los opositores. Suele producirse un efecto espejo, de ver en el votado alguna similitud con ellos, pero suelen ser los mismos que los anteriores aunque camuflados. Un lobo con piel de cordero sigue siendo lo que es bajo el manto. Una vez en el trono, el objetivo real, no solo es que nada se cumpla, si no que se le ha entregado el país durante los próximos cuatro años. El triste animal, la víctima total de este negocio, vuelve a no servir para nada más que de sustento del que abastecerse, siendo su decisión totalmente denostada. El sistema funciona así, está hecho por y para ellos, y como ya comentaba un articulista hace unos días, ¿van ellos a molestarse en cambiarlo?

"¡Qué buena idea lo del pacto!"

“¡Ese pacto guapo!”

El debate de la Nación que presenciamos hace unos días no nos dijo nada diferente a lo que venimos hablando, como suele ser costumbre. También lo recordaba Mark Twain, ni la vida, ni la libertad, ni las propiedades de un hombre, están seguras mientras el Congreso está reunido. Dos partidos obsesionados el uno con el otro, que se pelean por quien es más proteccionista y sube más los impuestos, en los que los casos de corrupción apenas pueden ser nombrados porque ambos tienen, como bien dijo Rajoy, un oscuro pasado. Y presente, aunque eso prefirió obviarlo. Volvió a salir el tema del famoso pacto, una vez más y entre aplausos, como la solución a todos estos trapos sucios que albergan en el interior de sus sedes. Es perfecto. Siento que su mayor baza está en que el borreguismo es tal, que en realidad los que participan en esta burda mentira ya no votan para gane el suyo, si no que lo que les mueve mayormente es el temor a que gane el otro. El clásico mal menor, escondido bajo el dogma del voto útil. Inútil, las cosas por su nombre. De ahí que la política esté desbancando al fútbol de su trono como deporte rey, en el que solo es necesario tomar bando y escupir todo lo que tus supuestos representantes prediquen. La inteligencia y fidelidad de los lobos ha ganado totalmente la batalla convirtiendo a un país entero en víctima de su propia impotencia, de haberse atado a sí mismo las manos contra la espalda inutilizándolo, del mira y calla, condenándolo a que su último aliento de esperanza sea un triste apretón de manos. Aquí no dimite ni Dios y ni uno paga por sus pecados. Telefónica se convierte en el nuevo cementerio de elefantes trasladando a su predecesor, el Senado, a un segundo plano. Será que en éste ya están algo apretados.

Este país no está condenado solamente a la ruina económica, está sobretodo condenado a la ruina política. Una fuerte y constante violencia política. El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de solidez y limpieza, decía acertadamente George Orwell. Así soportará en silencio la hipocresía de un gobierno que persigue cada día el fraude fiscal machacando a todo ciudadano que casi no puede sostenerse en pie porque sigue mareado y que no entiende lo que está pasando, mientras en su casa encontramos cada tanta basura que para soportar el hedor debemos llevarnos a la cara un trapo. Un lugar en el que se tendrá que seguir soportando como ministros del anterior partido admiten que la situación de crisis actual la vieron venir a pesar de mucho negarlo, pero que cuando todo el mundo bailaba al ritmo de la música no era fácil apagarla. Personas a las que no les importa absolutamente nada condenar un país entero a la miseria por seguir manteniendo el asiento caliente, que es lo único que de verdad les preocupa, es lo que hoy nos corresponde. Las únicas esperanzas que le quedan es seguir tragando hasta que todo acabe cayéndose ante sus cada vez más débiles cimientos, o despertar y comenzar a verlo. La salida que tiene es por fin volver a hacerse cargo de sus vidas y decisiones, sin depender de las que ellos se empeñen en vender como buenas y que en realidad solo son estrategias para seguir al mando.

Triste final que no quede más esperanza que ver el pacto entre los lobos, a los cuales el abuso no se les rompe de tanto usarlo, y que este sistema que han creado a su imagen y semejanza nunca les caiga encima, hacia su lado. El problema ha radicado siempre en esto, en que quien manda quiere mandar más, y que como ya se sabe desde hace tiempos inmemorables, el poder corrompe, y aquí se les ha dado demasiado. No se soluciona con un cambio de representante, la solución está, estará, y ha estado siempre, en el sistema creado por y para sostener una protección endogámica, en el que se supone es el verdadero representado por él no es jamás escuchado. Contradictorio que el sistema democrático que nos toca vivir no pueda derrocarse democráticamente, porque para ello deben plantearlo los que lo forman. No caerá esa breva, no se lo dejarán fácil ante unos posibles ciudadanos cansados.

Pero mientras todo esto no ocurre, lo que les queda es apandar con este jaque-mate que les han endosado, dándose cuenta de que tienen la partida perdida. Es el precio a pagar de una sociedad criada en el proteccionismo y la dependencia hacia Papá, que ha renunciado a su poder bajo la manipulación y el engaño. El rival jugó mejor, a asumirlo y seguir pastando.